¿Está mejorando o empeorando la economía global?

Se clama un cambio que dé paso a una nueva economía de subsistencia global, basada en la capacidad del planeta, mediante el cuidado y respeto a todo lo que en él habita

Por: Ismael Suárez Córdoba.
febrero 12, 2020
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¿Está mejorando o empeorando la economía global?

En medio de incertidumbres políticas y prolongadas disputas comerciales, la economía global finalizó 2019 con una desaceleración significativa (crecimiento del 2,3 % el más bajo desde la crisis financiera de 2008). Esperando un pequeño repunte para el 2020 (2,5 a 3.0%), en la medida que el comercio y la inversión se recuperen gradualmente. Debilidad extensiva a todo el planeta, previéndose que la tercera parte de los mercados emergentes (Turquía, Arabia Saudí, India, Brasil, Argentina y México) y algunos de los países desarrollados (Alemania, Francia, Japón, Reino Unido, Canadá, Rusia) se verán limitados por el poco dinamismo de la inversión, y como consecuencia de un volumen de exportaciones menor al esperado.

Situación agravada por la profundización de la polarización, el aumento de las barreras comerciales, las nuevas tensiones financieras y el creciente escepticismo sobre los beneficios del multilateralismo, en un contexto de desigualdades generalizadas y una crisis climática creciente. Con la consiguiente apreciación del dólar estadounidense y un endurecimiento implícito de las condiciones monetarias en los países en desarrollo. Riesgos estructurales que llevan a asignar indebidamente la inversión o a desincentivarla, y que también podrían causar graves y duraderos daños a las perspectivas de progreso, en un crucial momento donde la cooperación global es primordial para vivir una prosperidad compartida*.

Condiciones y políticas monetarias que han demostrado ser insuficientes para estimular la inversión en el mundo, ya que en muchos países se frena no tanto por los costos de financiación sino por la incertidumbre y la falta de confianza. Destinando gran parte de la deuda a adquirir activos financieros, y no a aumentar la capacidad productiva**. Lo que pone de manifiesto una preocupante desconexión entre el sector financiero y la actividad económica real, e indica una visión muy pesimista del crecimiento económico en el futuro. Con tasas de interés en mínimos históricos y holgada liquidez financiera, que han contribuido a que los riesgos se subestimen, empujando al alza los precios de los activos y favoreciendo la acumulación de la deuda mundial, más rápida y más amplia desde la década de 1970. Necesaria combinación de políticas más equilibradas, que suponen dejar de fijar objetivos a corto plazo y planificar con un horizonte más amplio, con miras a un desarrollo económico inclusivo.

Planes en el que todos los países comparten iguales objetivos fundamentales, a fin de lograr objetivos comunes y trasladar la capacidad de adoptar decisiones económicas de alcance mundial. Declarando que para alcanzar los Objetivos Globales de Desarrollo Sostenible para 2030, este debe ser un decenio para avanzar rápidamente hacia el bienestar general. Bienestar que sigue estando muy por debajo de los niveles requeridos, ya que en uno de cada cinco países los ingresos per cápita*** se estancarán o disminuirán en el 2020, y que en un tercio de los países en desarrollo 870 millones de personas que dependen de los productos básicos_ los ingresos reales medios serán inferiores a los de 2014. Aumentando el número de personas que viven en la pobreza extrema, en varios países de África Subsahariana, partes de América Latina, el Caribe y de Asia Occidental. Siendo la acción climática y la firme determinación de subsanar los altos niveles de desigualdad, partes integrales de cualquier combinación de políticas internacionales. Puesto que varios de los problemas de desarrollo a que se enfrentan los países son de carácter global y las políticas estructurales nacionales por sí solas no son suficientes para resolverlos****.

Sucediéndose en todo el mundo llamamientos al cambio, que claman con urgencia una transformación estructural, que dé paso a una sociedad (orgánica no patriarcal) que haga viable una nueva economía de subsistencia global, basada no en el interés ni en la competencia, sino dentro de la capacidad de nuestro planeta y mediante el cuidado y el respeto a todo lo que en él habita.

Notas al texto.

(*) Cambio en el orden económico global, que comenzó en el siglo XVIII y tuvo su esplendor en el siglo XIX y buena parte del XX, que dio el paso de una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio, a una economía industrializada y mecanizada. Que se puede entender como el proceso por el cual el mundo occidental creció (Países europeos, como imperios coloniales durante la edad media y posteriormente Estados Unidos) y se convirtió en potencia dominante _técnica, económica y militar_ . Eclipsando a la China, gobierno de los Ming (1368-1644), una de las mayores eras de estabilidad social de la historia de la humanidad y la India mogol (1526 - 1858), durante la edad dorada de la arquitectura sarracénica (cuyo mejor ejemplo es el Taj Mahal). Donde hacia el año 1500, China, India y Oriente Medio, concentraban el 60% de la producción mundial, y antes del año 1800, alcanzaron a tener un 80% del total. Crecimiento económico de Occidente, que algunos años después, Estados Unidos logró estar en lo más alto del ranking económico mundial, junto a los países centrales _Europa Occidental, Australia, Canadá, Corea del Sur y Japón_ llegando a sumar el 70% de la producción mundial, el 80% del comercio mundial, el 90% de las operaciones financieras y el 80% de los conocimientos científicos.

(**) Desaceleración del aumento de la productividad, que es fuente fundamental del incremento de los ingresos y motor de la reducción de la pobreza, producida desde la crisis financiera mundial y que ha sido la más generalizada de los últimos 40 años. Y que en los mercados emergentes y las economías en desarrollo, ha reflejado la debilidad de las inversiones y la merma en los aumentos de la eficiencia, así como una menor reasignación de recursos entre los distintos sectores. Ritmo de las mejoras en relación con numerosos factores clave de la productividad laboral (incluidas la educación y las instituciones), que se ha estancado desde la última crisis financiera mundial 2008 - 2009.

(***) La desigualdad parecía un fenómeno característico de países en desarrollo, con rentas medias o bajas. Pero ahora también está afectando de modo alarmante a las naciones emergentes, a las nuevas potencias económicas, e incluso a países ricos con estructuras democráticas y una cohesión social amplia. Son muy significativos los datos sobre los Estados Unidos, donde el 1% de los ciudadanos ha acumulado el 95% del crecimiento económico total posterior a la crisis del 2009. No menos importante es el caso de la Unión Europea, que ha sido paradigma de sociedades equitativas y del estado del bienestar, y ahora se encuentra en un momento muy preocupante con 122 millones de pobres. En China e India, la situación no resulta menos inquietante, porque caminan hacia una concentración de riqueza realmente escandalosa, con el 10% más rico de la población acaparando casi el 65% de los ingresos nacionales.

(****) En América Latina y el Caribe, se proyecta para 2020 un 2.5% de crecimiento. Frente al 1.7 % de 2019, reflejo de las difíciles condiciones económicas en varias de las principales economías de la región. En Brasil 2.0%, dado el aumento de la confianza inversionista y la flexibilización gradual de las condiciones del financiamiento. En México, el crecimiento será del 1,2 % debido a la incertidumbre normativa. En Argentina se contraerá a un ritmo del 1,3 %. En Colombia, los avances en los proyectos de infraestructura permitirán respaldar un aumento en el crecimiento de un 3,6 %. Asimismo, se espera que el crecimiento de América Central se consolide en un 3.0%, gracias a la flexibilización de las condiciones crediticias en Costa Rica. En el Caribe, se acelerará hasta llegar al 5,6 %, debido a la producción de petróleo en altamar de Guyana.

Por otro lado, las proyecciones estiman que para el 2020, el crecimiento de Estados Unidos será de 1,8 % ; en la zona de influencia del euro _en un contexto de actividad industrial débil_ se ha establecido en un 1 %; en Asia oriental y el Pacífico disminuirá al 5,9 %, incluyendo a China, sobre la base de una desaceleración del comercio mundial; en Eurasia central se estabilizará en 2.7%; en Oriente Medio y Norte de África llegará al 3,2 % impulsado por el repunte del crecimiento de los países exportadores de petróleo; en Asia meridional es favorable, con un 7.0 %; en África al sur del Sahara el crecimiento regional llegará al 3,3 %.

Referencias.

ONU - Department of Economic Analysis. OMC - Organización Mundial del Comercio. The World Bank - Global Economic Prospects. GATT - General Agreement on Tariffs and Trade. <vaventura.com> - divulgación y contenidos económicos.

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