Escarbando en la herida fresca de Latinoamérica

El escritor Leo Castillo denuncia una situación que lo tiene molesto con la a Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Acá los hechos

Por: Leo Castillo
junio 13, 2019
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Escarbando en la herida fresca de Latinoamérica
Foto: Facebook - Leo Castillo

Tal parece que 526 años después del arribo de Cristóbal Colón a nuestro continente, los latinoamericanos seguimos siendo vistos por españoles y los llamados criollos (hijos, descendientes directos de españoles) como gente de segunda, indios patirrajados, negros y negroides que no merecemos la más elemental manifestación de respeto. Eso es lo que se puede inferir ante la humillante acción de que he sido objeto por parte de la Embajada de España en Colombia, representada en la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y su Centro de Formación en Cartagena de Indias. Los hechos:

Pedro Blas, el poeta negro representativo de Cartagena, la costa caribe y de Colombia, relevo de nuestros mayores Candelario Obeso, Jorge Artel y Manuel Zapata Olivella, movido por su nobleza y alto sentido de la amistad y la justicia social y étnica, me sugirió inocente que presentara mi novela en las instalaciones de la mentada AECID, sin la más remota idea, estoy seguro de que con esto yo me expondría a la humillación virreinal denunciada por Joe Arroyo en su canción No le pegue a la negra.

Pedro Blas me dio el correo electrónico de la señora Giraldo Berrocal, al frente de esta oficina. Con todo el comedimiento que debe caracterizar a quien, a pesar de dirigirse a un espacio presuntamente abierto sin distingo de raza a las manifestaciones intelectuales y culturales de la ciudad y la costa caribe (nací en un palenque ubicado en la margen oriental del Canal del Dique, obra de ingeniería colonial construida a costa de la muerte de decenas de centenares de muertes de esclavos africanos, aniquilados por la insolación, el látigo del capataz, el trabajo forzado , el hambre y las plagas perniciosas de las marismas del trópico), manifesté mi osada pretensión de negro de presentar, en un acto de memoria histórica y de justicia social, mi novela tratando de los asesinatos seriales de indigentes que escandalizaron al país en pleno carnaval de Barranquilla el año 1992.

Hasta aquí, todo parecía cordial y corriente, salvo el silencio. Largos días después de enviar mi amable solicitud, decidí reescribirle a la AECID. Cándidamente extrañado, pedí a Pedro un número para llamar. Me “atendió” la señora Berrocal, diciendo que por lo menos en junio no me daría espacio. Siete largos días después, el 29 de mayo, recibí firmado por la susodicha esta lacónica respuesta: “Una vez nos reunamos con dirección para despachar temas del mes de julio, estaremos dando una respuesta”. Luego, gracias a la insistencia conmovedora del poeta Pedro Blas y por su intermedio recibí un complejo formulario que me demandó Dios y ayuda para diligenciarlo.

Se me pidió, además, que enviara un ejemplar de mi novela. Aunque el mensaje con el formulario no me había sido enviado directamente a mí, como correspondería por elemental formalidad, escribí a la AECID manifestando mi profunda gratitud. Volvieron a caerse largas hojas del calendario. Pues bien, el martes 11 de junio recibí el nuevo latigazo o la estocada al lomo de negro, en estos ásperos y amargos términos: “no podremos acoger su propuesta, pues tenemos ya todos los espacios ocupados”. Dicho de otra manera, me mandó al diablo, por no decir que a otra pestilente cosa.

Mi novela es una acción pública de justicia social movida por un afán de memoria histórica, de no olvido para no repetición de uno de las masacres más infames cometidas en este país.

Razones dirigidas a la señora sobredicha, la AECID me llamó resentido social (¿cómo no ser un “resentido” ante semejante humillación?), y que mis palabras “solo me reafirman que Cartagena sigue con rencores”.

Me pregunto, pues: ¿qué estamos haciendo para curar las profundas heridas del alma de la comunidad afroamericana en una agencia que se supone está para reconstruir un tejido cultural y acaso hasta intelectual entre dos pueblos, mejor, tres, de los cuales dos fueron masacrados durante centurias y que todavía gimen bajo el látigo y el escupitajo de la humillación y la exclusión más brutal?

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