¿Es el posible cierre de Almacenes La 14 un síntoma de desindustrialización del Valle?

La lamentable solicitud de liquidación de esta cadena tradicional es una excusa para analizar la situación económica del departamento. ¿En qué estado se encuentra?

Por: Alejandro Silva Osorio
agosto 11, 2021
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¿Es el posible cierre de Almacenes La 14 un síntoma de desindustrialización del Valle?

Con la solicitud hecha el 22 de julio ante la Superintendencia de Sociedades por parte de Almacenes La 14 S. A. y su empresa hermana Calima Desarrollos Inmobiliarios S. A. para iniciar el proceso de liquidación judicial, se inició un nuevo capítulo en la terrorífica saga de la desindustrialización del Valle del Cauca y la leyenda oscura de la crisis que azota a la región desde hace ya tres décadas.

La petición de Almacenes La 14 de iniciar el proceso de liquidación se ha percibido en medios como una “señal divina” de que el Valle del Cauca está en una profunda crisis estructural que demuestra su inhabilidad para crecer de manera estable junto a su empresariado y su clase trabajadora.

No se puede negar que hubo un parte de cierto en todos estos rumores, que el Valle del Cauca pasó de aportar el 14,0 % del PIB nacional en 1980 a tan solo 9,3 % en 2013, y que la región creció a niveles inferiores que el promedio nacional durante muchos años. Entre 1980 y 2013, esta zona creció a un ritmo promedio anual de 2,8 %; es decir, 0,7 puntos porcentuales por debajo del promedio nacional (3,5 %) liderado por Bogotá y Antioquia.

Esta situación, por supuesto, fue mucho más escandalosa cuando comenzaron los cierres de grandes plantas manufactureras de las multinacionales presentes en la región a partir de los noventa. La salida de empresas industriales como Eveready Battery Company (1995), Schneider Electric (2000), Haarmann-Reimer (2001), Gillete (2001), Laboratorios Wyeth (2005), Quaker Oats Company (2007), BASF (2011), Michellin (2013), Bayer (2013), Mondelez -Chiclets Adams- (2015) y Apex Tool Group -Andina de Herramientas- (2015) solo incrementaron el pánico generalizado de que el Valle del Cauca estaba siendo desindustrializado y que eso era, al mismo tiempo, causa y efecto de su comportamiento económico a “capa caída”.

Es cierto, el proceso industrializador del Valle del Cauca sufrió una estagnación casi endémica durante aproximadamente tres décadas. Desde 1965, el número de multinacionales manufactureras se congeló en alrededor de 35 hasta llegar a duras penas a 40 en 1995. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad suponer que esto manifestaba un proceso desindustrializador, puesto que por cada empresa que cerraba, dos, tres o cuatro llegaban. De hecho, a hoy, la región* cuenta con la presencia de al menos 105 plantas productivas pertenecientes a multinacionales foráneas de toda índole y origen.

Innegablemente, Cali ha visto reducida su importancia como nodo industrial nacional a raíz de estos cierres. Pero el proceso de industrialización que comenzó en la década de los 2000 simplemente ha traído un proceso de descentralización a favor de otros municipios del área metropolitana, como lo son Yumbo, Palmira o incluso Caloto, en el Norte del Cauca.

La llegada de multinacionales como Kimberly Clark (1998), Bimbo (1999), Cartonera Nacional (2003), Lafarge-Holcim (2004), Amcor (2005), Confiteca (2005), Quimpac (2005), Molpack (2010), MM Packaging (2012), Aptar (2013), Johnson Controls (2013), Furukawa (2013), Hero (2014), Abbott (2014), Rodriguez Lopez Auto (2017), Virutex Ilko (2017), Alpla (2019) y Fareva (2019), entre otras, dan muestra de que el Valle del Cauca sigue siendo un territorio con un inmenso potencial industrial en Colombia.

De hecho, esto ha ayudado a que el aporte de la industria local al total nacional pasara de 14,5 % en 2013 a 17,7 % en 2019, y que ahora el Valle del Cauca supere incluso a Antioquia (16,8 %) en este rubro, según datos de la encuesta manufacturera del Dane.

 

Multinacionales manufactureras con plantas productivas en el Valle del Cauca

Esto también se ha visto reflejado en que, desde 2014, la participación del Valle del Cauca en la economía nacional vuelva a coger vuelo, logrando elevar su aporte del 9,3 % al 10,0 % en 2020. El Valle del Cauca creció a un promedio de 3,8 % entre 2014 y 2019, un punto porcentual por encima del promedio nacional (2,8 %). Además, fue menos afectado en términos macroeconómicos en 2020 por la pandemia (una reducción de 5,3 % del PIB doméstico contra 6,8 % en el ámbito nacional).

Se espera que esta tendencia continúe igual, al menos en el corto y mediano plazo, y que fortalezca definitivamente los grandes proyectos de infraestructura, como el dragado del puerto de Buenaventura. Esto habilitaría la tan anhelada salida costoeficiente de los productos colombianos por el Pacífico hacia los principales mercados de exportación nacional.

Por supuesto, esto no implica que se deban desconocer los grandes retos sociales y económicos que la región enfrenta: una tasa de pobreza de 36,3 % al cierre de 2020: una tasa de desempleo de 21,4 % para el segundo trimestre de 2021 y las graves afectaciones materiales y de convivencia ciudadana que dejaron los desórdenes ocurridos durante el paro nacional son muestra de ello. Pero no por eso la vallecaucanidad debe caer en una espiral de pánico autodestructivo que nos haga pensar que la ruina de un grande de la región es una señal del fin de la relevancia e importancia del Valle del Cauca dentro del panorama nacional.

Lo que le ha ocurrido a Almacenes La 14 es tan solo la crónica de una muerte anunciada. Una cadena de supermercados que claramente se comenzó a desplomar desde 2018, cuando sufrió una reducción en sus ventas de 25 % en tan solo un año y que, a pesar de ello, se mantuvo impávida con una reacción letárgica y tardía ante la nueva competencia que asomaba cabeza. Supermercados lowcost como Tiendas D1, Justo y Bueno, Mercados Ara, y otros de orden local, como La Gran Colombia y MercaMío, fueron destronando a La 14 de su cómoda posición de liderazgo en el mercado regional a paso lento, pero seguro.

El Valle del Cauca puede seguir creciendo y está llamado a hacerlo como una región líder en Colombia y no como una región seguidora (rezagada), por detrás de Bogotá y Antioquia. Los grandes esfuerzos institucionales, y los compromisos de reactivación económica y social que su empresariado y su clase política han emprendido a raíz del clamor social manifestado en el paro nacional, podrían ser la llave para robustecer el sendero de desarrollo que se había logrado hasta 2019.

Quién sabe, tal vez la nueva cruzada de salvación liderada por el mismísimo presidente Duque permita que Almacenes La 14 siga estando con nosotros por mucho más tiempo.

*Las estadísticas regionales de multinacionales incluyen el nodo industrial nortecaucano.

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