En tiempos difíciles, las respuestas están en el viento

Como dice la canción de Bob Dylan: "¿cuántas orejas debe tener un hombre antes de que pueda oír gritar a la gente?"

Por: Antonio Segundo Vargas Mendoza
mayo 29, 2020
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En tiempos difíciles, las respuestas están en el viento
Foto: Pixabay

No hace mucho tiempo la ciudadanía caminaba las calles de las diferentes ciudades del país con la ligereza de los tiempos modernos, época que acostumbró a la población a ir de prisa, así no tuviesen ningún compromiso o nadie los esperase: algunos cumpliendo con ciertos horarios y otros sobreviviendo el día a día... unos y otros desplazándose con lo que los seres humanos llevamos a todas partes, la imaginación y un cumulo inconformidades.

Ahora han pasado más de dos meses de cuarentena en Colombia y el presidio mental para los que por sus propias circunstancias han podido con ella ha sido épico, ello gracias a que como seres humanos imaginamos y soñamos. Por ello en todo este periodo adverso millones de seres humanos en el planeta desde sus casas han encontrado un poco de tiempo (tan anhelado para muchos antes de la pandemia) para hacer lo que realmente les gusta en la vida y otros simplemente para enfrentar o sobrellevar la rugosa y triste realidad. Así hemos notado que unas personas recitan poemas, otros ofrecen conciertos online, conversan por teléfono, realizan videollamadas, hacen charlas pedagógicas, comparten libros y películas, interpretan obras de teatro, escriben cuentos y artículos, notifican memes y tuits, hacen artesanías, practican recetas de cocina, crean pinturas o lloran en silencio. La dicha se da por momento.

Todos esos haceres humanos en confinamiento son cultura porque representan las formas del entorno actual... y pensar que en Colombia el recorte a la cultura ha sido una constante histórica, ahora más en nombre de la economía y de lo más retrogrado de las ideas políticas que nos gobiernan. Irónicamente, la gente viene sobreviviendo al encierro en parte gracias a la cultura. Sin romantizar el escenario presente, desde hace siglos cuando la vida se ensaña contra nosotros y flaqueamos, eso se ha superado conversando, cantando e imaginando. Esto recuerda ese lamento hecho canción I dreamed a dream (del compositor Frances Claude-Michel Schönberg), interpretado por Anne Hathaway en la película Los miserables (2012). La actriz estadounidense encarnó a Fantine, la hermosa y angustiada huérfana, quien tras ser despedida de su trabajo en la fábrica, arrojada a las calles parisinas y perseguida por la sombra de la maldad día y noche, vende los dientes y el pelo y se prostituye en la oscuridad para mantener su hija (mientras que piensa en los días en los que fue feliz y se pregunta por todo lo que le salió mal en su vida).

Tristemente, desde hace mucho tiempo, en Colombia el gran rival de la ficción es la realidad, misma alimentadora del inconformismo. En la reclusión estamos siendo testigos de hechos que atentan contra la vida y su dignidad: una dolorosa crisis económica, un desempleo abismal, unos trabajadores empobrecidos... sin contar con que se persiste en la nefanda idea de contratar por horas a los trabajadores. Mientras los de abajo sufren la debacle económica y los contagios siguen aumentando, la vicepresidenta trata al pueblo de “atenido”, ¿ah?

A la par, el nuevo patrimonio cultural de la nación será un carriel antioqueño (lleno de extraños bolsillos y caletas); las lanchas del ejército se maniobran solas llegando a donde quieren; Jorge Tovar Vélez, hijo del reconocido paramilitar Jorge 40, es nombrado en el cargo de coordinador de víctimas en el Ministerio del Interior; y los líderes sociales continuan siendo asesinados. Frente a este escenario no es descabellado pensar que próximamente se le haga un monumento a generales como Eduardo E. Zapateiro (ajúa, ajúa)..

Pues bien, ante a esa realidad surgen algunas preguntas: ¿cómo aguanta la ciudadanía colombiana todos estos hechos miserables que ocurren?, ¿cuántas Fantines y Cosettes más estarán ya en las calles de Colombia? De verdad, esta situación es comparable a un extenso retrete de cemento, estremecedor y hediondo a la vez, donde los ciudadanos que le apuestan a la dignidad, la integridad y los valores (principios que conforman un carácter, pero que ahora no tienen cabida) quedan solo con la pluma para seguir manifestando todas las inconformidades de esta suciedad para buscar un poco de libertad (como hacían los prisioneros de la Segunda Guerra Mundial en los campos de concentración de Auschwitz).

De hecho, quizás una de las cosas que más duele en medio de esta forma de presidio sea el silencio (sinónimo de muerte) de los que aún no quieren ver o se niegan a escuchar la realidad que ha develado la pandemia en términos de inequidad e injusticia social, corrupción y languidez gubernamental. Bob Dylan, en ese bello poema hecho canción llamado La respuesta está en el viento, dice: ¿y cuántas veces puede un hombre volver su cabeza, fingiendo simplemente que no ve? ... ¿cuántas orejas debe tener un hombre antes de que pueda oír gritar a la gente?... ¿cuántas muertes serán necesarias hasta que él comprenda que ya ha muerto demasiada gente?... La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento…”.

En conclusión, los que aún permanecen en casa deben aprovechar este tiempo de reclusión forzada, Superman no llegará a rescatarlos... por ello como ciudadanos corresponde seguir resistiendo a la pandemia y al famélico y corrupto gobierno. El país necesita enfrentar la crisis económica, además clama a gritos una reivindicación cultural amplia (como lo imploraría el poeta español Federico García Lorca en su momento: no solo de pan vive el hombre). Y aunque hay hambre, el sabor de la comida será mejor si Colombia logra liberarse de estos gobiernos pusilánimes. Para ello la ciudadanía tendrá la imaginación (que nos acompaña en gran parte de la vida) y las inconformidades acumuladas año atrás año para perder el miedo y cambiar un poco al país. Dicen que esperar es parte de la dicha, pero también puede ser una broma donde se aguarda lo que nunca llegará. Esperemos que sí.

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