En las lagunas de una mente que se apaga: Alzheimer

Este mal asalta a quemarropa el lenguaje y la memoria, privando al ser humano de su virtud más grande: poder pensar

Por: Juan Sebastián Villamil Gómez
julio 22, 2021
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
En las lagunas de una mente que se apaga: Alzheimer
Foto: Meritxell Garcia - CC BY-NC-ND 2.0

—¿Quién está ahí?

—Hola.

—¿Quién es?

—Siento interrumpir tu vivir.

—¡No le he dado permiso de entrar!

—¿No recuerdas quien soy?

—¡No! ¿Nos conocemos?

—Sí.

—¿Hace cuánto?

—Contar los días es inútil...

—¿De dónde?

—Recordar el lugar es complicado.

—¿Cuándo?

—¡Muchas veces!

—¡No lo conozco!

—Siempre dices eso...

—¿Cómo? ¡No entiendo! ¿A qué se refiere? ¿Por qué  llega hasta ahora?

—Ya estaba dentro de ti desde hace mucho tiempo.

—¿Quién es?

—Me llaman Alzheimer, bienvenido a mis lagunas.

—¿Dónde estoy?

—¿Ya no lo recuerdas?

—¡No!

—Ummm podríamos decir que en la primera fase de tu laguna.

—¿Cómo así?

—¿No has tenido momentos en los que olvidas pronunciar las palabras o miras las cosas sin acordarte cómo se llaman?

—Sí, pero luego vuelven, me cuesta ...pero vuelven, eso le pasa a todos.

—¡No! Te equivocas. Yo me encargo de recorrer cada neurona de tu cerebro y desconectarlas poco a poco. Como si jalaras el cable al que has conectado el computador.

—Pero eso no significa que seas tú.

—Créeme que sí. Qué pasó el otro día que tenías en tus manos algo metálico y era para entrar en tu carro y no sabías para qué servía ni cómo se llamaba.

—Sí… eso… se llama…

—Sí, dime cómo se llama…

—No me acuerdo…

“Me parece muy terrible ser uno olvidadizo”

Ana Beatriz Ladino Rodriguez de Barbudo es una mujer de pelo corto, baja estatura, corpulenta y con unas uñas bien arregladas sin importar su edad; ha vivido toda su vida en Bogotá, tuvo 12 hijos y en sus tiempos de juventud estudió enfermería. Se describe como una mujer que a sus 84 años ha vivido plenamente, o en sus palabras: “Sinceramente hablando, fui una niña feliz, soy una niña feliz”.

Doña Betty, como le gusta que le digan, padece de la tensión alta, diabetes y desde hace cuatro años de Alzheimer.

—¿Usted olvida muchas cosas?

—Pues sí, olvido, pero a veces recuerdo.

Vive entre semana en la localidad de San Mateo al sur de Bogotá junto a una de sus hijas, los fines de semana se queda en la casa de alguno de sus otros hijos.

"Nunca se deja sola. Una vez pasó que en la casa de ella salió a la esquina, y cuando estaba en la esquina ella no se acordaba dónde estaba la casa. Se encontró con una vecina y la vecina le preguntó: ¿Doña Betty qué hace aquí? Esa fue la primera vez y eso fue hace tres años que nosotros notamos que ella ya no podía estar sola" expone su hijo casi sin voz explicando el momento en que descubrieron que algo pasaba.

"Yo me puse a llorar en la esquina, miraba para todas partes, yo no recordaba, era que no recordaba dónde vivía y estaba cerquita de la casa", interrumpe doña Betty a su hijo, quien hablaba con un aire triste en su rostro.

Este fin de semana se encontraba en el hogar de su hijo Francisco, estaba vestida con un saco rosado, pantalón azul oscuro, zapatos negros y dos candongas doradas. Se presentó amablemente y empezó a hablar sobre su vida, sus gustos y Jehová.

—¿Esta mañana qué desayuno?

—¿Esta mañana?—dice en tono de duda —responde— Hoy me tomé un chocolate.

Esta mañana el desayuno fue jugo de naranja, huevos pericos, chocolate y un pedazo de queso, arepa y hasta calentado porque se antojó afirma doña Luz, nuera de doña Beatriz.

—¿La han llevado con un neurólogo o un especialista que le haya dicho: usted puede llegar a padecer Alzheimer o tiene Alzheimer?

-No.

Doña Beatriz va constantemente a controles, desde que se le descubrió este padecimiento que produce la pérdida de memoria, la familia ha consultado a diferentes especialistas para poder entender cómo tratar esta enfermedad. Actualmente doña Beatriz se encuentra en la etapa número 2 de este mal.

—Mi esposo, él era médico.

—¿Murió?

—Sí, señor— contesta con su mirada hacia el piso.

—¿Hace cuánto? 

—Jaime murió ya qué, cómo decirte, como unos qué… No me acuerdo, no me acuerdo realmente qué tiempo hace que murió.

"De la muerte de mi papá acá, que va a hacer 4 años; ella, pienso yo, que psicológicamente como que renunció a seguir viviendo... el 90% de la vida de mi mamá era mi papá; mi papá la conoció a ella de 17 años, el único hombre en la vida de ella hasta hace 4 años. Ellos eran una dependencia mutua", manifiesta su hijo Francisco.

“Eso me causó un poco de malestar, pues mi vida cambió, yo ya no era la persona tranquila, feliz; con él me sentía muy bien, murió él y me sentí sola, entonces pues cambiaron las cosas”, expone doña Beatriz frente a su pérdida; y es que esta enfermedad se genera por diferentes circunstancias, muchas veces ya se es propenso a sufrirla y con una simple afectación física o, como en este caso, psicológica se genera un ambiente idóneo para su desarrollo, en este caso fue la muerte del esposo de doña Beatriz, con quien compartió toda su vida.

Siempre está con alguien, sus hijos tienen claro que ella no puede estar sola. Su aseo personal es de fundamental importancia en el cuidado, según su hijo Francisco: "Si ella viviera sola no desayunaría; ni almorzaría; ni comería; ni se bañaría la boca; y seguramente no se cambiaría de ropa pues porque toca estar pendientes también de todo eso, por su misma condición de olvido. Un ejemplo de esto es que yo le pregunto: Mami, ¿ya se cambió la ropa? Y ella responde: Sí, sí yo ya me la cambié. Voy y le miró el bolso y ella no se ha cambiado. Ella puede ponerse la misma ropa y no es consciente".

—¿Cuántas veces ora al día?

—Al día.. Como testigo de Jehová rezamos varias veces al día, depende de la necesidad que uno tenga, pidiéndole a dios que lo ampare, que lo proteja, que lo ayude, que tenga uno una memoria donde uno no olvide las cosas. Porque a mi realmente me parece muy terrible ser uno olvidadizo.

Doña Beatriz, ¿se acuerda de qué hizo ayer?

El Alzheimer se caracteriza por atacar la memoria a corto plazo, los recuerdos de la infancia son rememorados con claridad al principio de la enfermedad, estos son los últimos que normalmente se ven afectados; es común que las personas con este problema al no tener una respuesta se basen de su rutina cotidiana de tiempo atrás, dentro de sí se niegan a la posibilidad a no poder responder y lo hacen con total naturalidad por que es lo que creen que sucedió.

Francisco entabla conversación con su madre preguntándole sobre qué hizo en el día anterior:

—¿Ayer qué hicimos mami?

—Ayer— dice Doña Beatriz en voz baja tratando de recordar, mientras hace un gesto de duda, niega con la cabeza y mira a su hijo.

—Piense, haga el esfuerzo.

—¡Ay dios!— gesticula, hace un sonido con su boca y desvía el tema respondiendo a cuál es su rutina normal.

—Pensemos, ayer que estuvo aquí con nosotros.

—Sí, ayer estuve con ustedes acá.

—Por eso, ¿y cuando salimos?, ¿sí se acuerda que salimos?, ¿sí?

—No, no me acuerdo mijo, ¿salimos a alguna parte o qué?

—Ayer fuimos... ¿Se acuerda mami? Al restaurante ese de, Sopas de mamá y postres de la abuela— Doña Beatriz repite al tiempo que su hijo el nombre del restaurante.

—Que mi mami quería una sopa y luego pedimos la bandeja y fue mucha comida ...y quedamos muy llenos. Luego fuimos, ¿y?

*Doña beatriz no responde

—Fuimos a recorrer el centro comercial.

—¡Ahh sí, abajo!

—¿Y qué compramos?

—¡No me acuerdo Francisco!— responde doña Betty con un tono casi imperceptible de amargura.

—Los dos sacos mami que le compré.

—¡Ahhh! Me compró dos sacos uno rosadito y el azul.

—Mire, ahí lo tiene puesto.

Y aunque en el futuro la progresiva pérdida de su memoria siga aumentando, tiene clara la convicción de que dios no saldrá de su vida, podrá olvidar el transcurso de sus días desde hace un tiempo, pero Dios siempre encontrará un camino en su vida, en su mente, en su memoria.

—...ante la pérdida de memoria, ¿cree que algún día olvidará a dios?

—Yo no olvido a dios por que yo se que todos lo seres humanos somos hijos de dios.

—¿Cree en algún momento que él la va a olvidar a usted?

—Dios no olvida a nadie su merced, porque somos su creación.

***

—¿En dónde están mis llaves?

—No se acuerda que anoche estuvimos de rumba? 

—No, no me acuerdo, me dio Alzheimer, jajaja

En innumerables ocasiones personas del común hacen bromas relacionadas a una enfermedad que en el mundo la padecen alrededor de 50 millones de personas según la Organización Mundial de la Salud (OMS) e inclusive ante tan estrepitoso número en la actualidad es desconocida para muchos. El neurólogo alemán, Alois Alzheimer descubrió esta patología y aunque sean nublados los síntomas de un momento sublime donde el olvido ganó la batalla al tratar de recordar la comida de la mañana, las llaves que están en las manos o la ubicación de la casa no hace pensar a simple vista que pueda ser esta enfermedad, pero la OMS calcula que para el 2030 habrá 75 millones de personas que padecerán esta enfermedad, y para el 2050 la cifra aumentará a 135 millones. 

Los días pasan sin adversidad, la vida transcurre con sus altas y sus bajas, y los momentos más significativos de ésta se van guardando en los ganglios nasales, por otra parte la memoria semántica, la memoria a corto y largo plazo se acumulan en la corteza prefrontal, el hipocampo y el lóbulo temporal, pero dentro de su mente una enfermedad se va desarrollando tan lenta como la germinación de una semilla de bambú o tan rápida como un parpadeo.

“Es un tipo de demencia” dicen los doctores, aunque hay muchas clases algo común entre todos sus géneros es la pérdida de la memoria. Entre los síntomas no solo se encuentra el último mencionado, sino que también una persona que padezca este mal puede llegar a desorientarse del mundo, el espacio, tiempo y lugar son cosas “ajenas” a lo que recuerda, perjudicando su día a día cotidiano, no ser capaz de realizar una tarea habitual, falta del buen juicio, no poder comprender imágenes visuales, incluso, experimentar cambios de humor y personalidad.

El Alzheimer asalta a quemarropa el lenguaje y la memoria, dejando al desnudo la dignidad de cualquier ser humano, privando de su virtud más grande, que a su vez, muchas veces ha demostrado ser su peor enemigo: el poder pensar. Este tipo de demencia aproximadamente empieza a afectar la mente de las personas después de los 60 años, teniendo su mayor repercusión llegando a los 80 años de edad.

Para la psicóloga Luz Eneida Mesa, voluntaria en la Fundación Acción Familiar Alzheimer, “el Alzheimer es una enfermedad catastrófica, incurable, que no respeta sexo, edad, situación económica, les da a las personas cada vez con mayor frecuencia y es inicialmente pérdida de la memoria, pero con el Alzheimer se pierden todas las funciones: la atención, la concentración, solución a problemas, la crítica, el juicio. La persona, en términos modernos, su disco duro deja de funcionar”. 

“El Alzheimer es una enfermedad lenta y progresiva” afirmó la psicóloga, y agregó que “la enfermedad tiene siete etapas”, en las primeras se pueden experimentar las preguntas repetitivas, pero a medida que la enfermedad va avanzando, el organismo se ve afectado en su parte cognitiva. “Se complican las funciones básicas, se les dificulta comer, controlar esfínteres, ya les toca usar pañal” y en las etapas más avanzadas se pueden experimentar cambios de humor y el paciente se puede tornar agresivo, aseguró la psicóloga  .

Para eso, la fundación presenta un programa básico para cuidadores y Eneida Mesa es quien está a cargo del grupo todos los miércoles. Ella explicó que “si se tiene un pariente con Alzheimer pues hay que aprender sobre la enfermedad y los cuidados necesarios, las personas deben prepararse porque si una persona no conoce de la enfermedad, ¿cómo puede llegar a ser cuidador?” y agregó que, “una persona con esta enfermedad no se puede dejar sola”.

Ahí se les explica por ejemplo, en lo que se basan los “centros día”, son espacios que consisten en que los cuidadores tengan su propio momento a solas y que sus parientes que padecen la enfermedad puedan estimular la parte cognitiva.

Por otro lado, la única actividad que está disponible para los pacientes es la musicoterapia con el fin de potencializar y restaurar funciones de memoria en el individuo, afirmó que “está demostrado que la musicoterapia es una herramienta importante, porque la música evoca emociones, ellos nunca olvidan las letras de las canciones o si no las tararean”.

Pero el enfoque de la fundación está en el cuidador y una de sus responsabilidades es asumir el costo de esta enfermedad, la voluntaria explica más o menos cuanto es el valor del tratamiento, “es una enfermedad dentro del POS (Plan Obligatorio de Salud) ya hay medicamentos que los dan, lo costoso vienen siendo las terapias, el centro día, las enfermeras”, agregó que “en mi época que no había POS el tratamiento costaba alrededor de 5 millones mensuales, ha bajado porque el POS cubre algunas cosas”. Se habla entonces que si son al menos cinco millones de pesos mensuales, en un año se estaría pagando alrededor de 60 millones de pesos.

No todos pueden pagar un tratamiento así, lo difícil está en las personas de bajos recursos, por eso Eneida Mesa no critica el sistema de salud colombiano, pero sí le deja muchas dudas, aseguró que “no es el malo, pero le falta mucho, tiene bastantes falencias” .

“Yo le agradezco al Alzheimer” (transcripción de la entrevista)

Luz Eneida Mesa, psicóloga y voluntaria en la Fundación Acción Familiar Alzheimer, tuvo una madre que padeció esta demencia. Relató por qué se le generó y los cuidados que tuvo que realizarle, y contó desde la psicología cómo puede afectar un suceso en la memoria de una persona.

“Mi madre tuvo Alzheimer durante 12 años, fue diagnosticada a los 72 años y murió a los 84, ella tuvo una vida muy normal, era una persona activa muy dinámica, pero todo cambió. Tuvimos un accidente de tránsito en febrero del año 2001, ella sufrió un golpe en el lóbulo frontal. En diciembre del mismo año empezó a tener síntomas que indicaba que tenía pérdida de memoria, empezó con desubicación temporal y espacial. Hacía preguntas como: ¿estamos en la 13 o en las caracas? ¿Yo iba o venía? ¿Yo ya almorcé? Uno cree que es producto de la edad”.

“Hubo un evento que nos traumatizó, fue en un viaje a Costa Rica, ella se fue a la playa y se perdió, no supo regresar al hotel donde estábamos, eso fue como un detonante, cuando regresamos del viaje le hicimos un estudio en el Hospital San Ignacio en la clínica de la memoria”.

Eneida Mesa se daba una pausa a sí misma, recordar momentos difíciles es complejo para cualquier persona y más si se trata de un ser querido que padeció de esta enfermedad, al cabo de un pequeño momento retoma, “creo que el momento más difícil de uno de hijo es que le digan que un ser querido padece de una demencia tipo Alzheimer, la enfermedad tiene muchos momentos difíciles, pero es ahí donde uno dice: me tocó y se pregunta uno “¿por qué a mi mamá?”.

Al término de un largo rato de haber conversado acerca de la enfermedad y la fundación, Luz Eneida continuó su historia: “Mi madre al final no nos reconocía, no sabía mi nombre, pero sabía que éramos alguien especial y nos abrazaba. Ellos pierden el reconocimiento a si mismo, ella no se reconocía, le mostramos fotos de ella en los álbumes y le preguntamos que quién era ella y no sabía. 

Un día después de la ida al médico, entramos a un ascensor y se vio al espejo y dijo: “Señora, buenas tardes, ¿cómo le ha ido?”. Era ella misma, su reflejo. Hay algunos pacientes que llegan a asustarse con su imagen que toca quitar los espejos de la casa. La última memoria que pierden ellos es la memoria remota. Pueden hablar de su infancia, de su mamá, de dónde nacieron y no recordar qué almorzaron el día de hoy, se pierde la inmediata, la del día a día. Se les olvida el nombre de las cosas, mi mamá decía: este..el..el..el reloj. Y era el celular.

***

Yo no fui la cuidadora principal de mi mamá porque yo trabajo, ella iba a los centros día y otros días estaba con enfermera que prácticamente se encontraba desde que se levantaba hasta que se acostaba. Mi cuidado consistía en que, como yo la conocía bien, en colocarle la ropa que le gustaba, pintarle las uñas de rojo, tintura color chocolate. La enfermera siempre le brindaba los cuidados necesarios, porque uno de hijo puede amarla, pero hay cosas que físicamente tienen un límite.

Las personas debemos rodear a esta persona con amor y paciencia, es una enfermedad donde nos toca pensar por ellos, decidir por ellos y llevarlos de la mano como si fueran niños.

Siempre estuve con mi mamá, durante sus doce años que padeció la enfermedad y también en la clínica cuando le dio el infarto. Tuve la oportunidad de entregársela a Dios, para mí fue una experiencia de amor impresionante.

Yo le agradezco al Alzheimer porque nos volvió una familia más unida. El día que se fue, la sensación que tuvimos fue que cumplimos como hijos.

Yo por eso continuó acá (en la fundación) porque quiero que a las familias que les hayan dicho que su pariente padece de esta enfermedad encuentren en mis palabras un consuelo, un parte de tranquilidad, yo dirijo grupos de apoyo los días miércoles mi madre fue voluntaria en grupos de diabetes, por eso hago esto, es devolverle a la vida lo que te dio.

***

Desde la psicología hay una teoría que dice que a las personas les da Alzheimer porque quieren olvidar episodios de su vida, es decir, situaciones emocionales muy fuertes, como la pérdida de un ser querido puede llegar a desencadenar la enfermedad.

Para mi papá fue muy duro aceptar el hecho de que su mujer con la que estuvo casado durante 64 años padeciera Alzheimer.”

Así concluyó su historia Luz Eneida, con el hecho de que aceptar una situación tan compleja es muy duro para una familia, pero que a pesar de todo llegaron a ser más unidos y sintieron que cumplieron como hijos al brindarle amor y apoyo a su pariente.

¿Esta enfermedad solo ataca a los humanos?

Al parecer no, también en los animales, sobre todo en los perros, existe un trastorno llamado síndrome de disfunción cognitiva, el cual es una degeneración del cerebro muy parecido al Alzheimer.

Las mascotas por general se usan como un recurso terapéutico para tratar diferentes enfermedades en los seres humanos, como en el caso del Alzheimer, al generar un vínculo afectivo con el paciente como terapia asistida motivacional, pero dado el caso que la situación sea viceversa donde la mascota es la que padezca la enfermedad y necesite de su dueño para realizar diversas acciones, la cuestión pasa un plano distinto.

En estos casos ya no se escuchará decir “no recuerdo lo que comí esta mañana”, o “ni idea de cuál es tu nombre”, simplemente la enfermedad ataca y degenera, el animal no puede expresarse, no habla, es incapaz de decir lo que piensa, nada más deambula sin rumbo alguno, es casi como si no estuviese.

Nany es el nombre de una perra de raza Golden, que a sus 13 años de edad ya no parece tener vida, contó Consuelo, su dueña: “es como un fantasma que solo come y duerme, no se siente en la casa”. Vive en un hogar humilde, una casa de dos plantas y una familia que la habita: Consuelo, Jorge, Francy, Camila y Laura, en ese orden los padres y sus tres hijas, a su lado la última, pero no menos importante integrante, Nany, la mascota que desde su primer día con esta familia ha traído felicidad y el amor más sincero que puede haber en el mundo.

Pero no todo es color de rosa, 13 años para un perro es ya una edad avanzada y las repercusiones se empiezan a notar, no logra subir al segundo piso de la casa y duerme bajo el frio techo en compañía de un vehículo y la oscuridad. “Ella ya no se levanta” contaba la hija menor Laura, y agregó que “he visto miles de veces cómo ella intenta e intenta, pero es un esfuerzo inútil, sus músculos ya no responden”, pero no solo eso, su cerebro y otros sistemas del organismo ya no funcionan de la mejor manera. Consuelo afirmó que “ella ya no nos reconoce, es como si no existiéramos para ella”, Nany se la pasa deambulando la mayor parte de su tiempo por el primer piso de la casa, exactamente donde se encuentra el garaje y la cocina, sin rumbo fijo, sola en su andar lento ni siquiera el olor de su comida logra motivar un movimiento repentino de ella.

Según Carlos Neil González, médico veterinario de la Clínica Veterinaria Kennel Doctor's, los perros sufren de algo que se conoce como Síndrome de Disfunción Cognitiva, más conocida como el Alzheimer de los perros, se presenta generalmente en los perros de edad avanzada y se manifiesta en cambios de comportamientos, de alegre a más sutiles, se puede tornar a veces agresivo o ansioso, González explica que ,“puede presentar una desorientación, como si estuviera perdido así esté presente en la casa, comportamientos como deambular u dormir en exceso, son sintomas de que el animal ya puede empezar a padecer este síndrome”.

Un estudio realizado por el Departamento de Ciencias Clínicas Veterinarias de la Universidad de Santiago de Compostela concluyó que en el envejecimiento de los animales, sobretodo en los perros, pueden llegar a padecer de Síndrome de Disfunción Cognitiva (SDC), es un trastorno neurodegenerativo que inhibe acciones cognitivas y trae cambios conductuales. 

Los cambios en el comportamiento por lo general se evidencian en la interacción social, la mascota puede llegar a ser esquiva frente al contacto sea de sus dueños o de personas ajenas, así como ya no están en la capacidad de aprender órdenes, por otro lado se ven alteraciones en su ciclo de sueño llegando a descansar gran parte del día y estar activos en la noche, así mismo sucede con el apetito, puede generar una disminución considerable. Por otro lado, pierden el sentido de orientación, las mascotas por lo general están en constante movimiento en su recinto, pero al padecer el SDC se les hace extraño y ajeno el lugar donde convivieron durante varios años, así como la exploración y los estímulos se van deteriorando. 

“Verla de esa manera nos parte el alma”. El perro es catalogado como el mejor amigo del hombre, y en este caso Nany para la familia no es una simple mascota, es una integrante más, aseguró Laura “ella es como una hija para mí, odiaría que no me reconociera”. 

La vida de Nany se ha convertido en algo pasivo, divaga de un lado a otro, como si estuviese perdida, pero no demuestra temor y se acostumbra, según la familia se le dice que vaya a comer su almuerzo a tomar agua y ella atiende al llamado, se le dificulta levantarse, y a paso lento va en busca de su comida y agua, pasa por la cocina, da tres vueltas al comedor, vuelve a su cama y repite la misma secuencia, olvida su comida y su agua, “toca volverle a decir por lo menos tres veces para que se acuerde”, después de alimentarse empieza a dar miles de vueltas alrededor de la mesa, se le dan sus suplementos y sigue con su “actividad favorita” deambular por toda la cocina.

La familia en muchas ocasiones han discutido sobre el tema, se pregunta si Nany ha llevado una vida suficientemente digna, si ya es hora de tomar una decisión difícil, detestan ver a su integrante familiar de esa manera, pese a que ella los reconoce muy poco aun menea la cola en señal de felicidad cuando la acarician, pero es duro para cada uno pensar que su “hijita” ya no sabe ni quienes son. 

La edad promedio de un perro está entre los 13 y 14 años. Para la familia no es un secreto que Nany ya no está en las mejores condiciones, pero a pesar de esta situación cada uno es optimista y no agachan la cabeza, tratan día tras día de brindarle los mejores cuidados, hacerla sentir bien en su casa, que su cola jamás deje de menear, y pese a que sigue deambulando y olvidando que le sirvieron su comida, ellos no se les olvida que ella es parte de su familia y la amarán hasta donde se les sea posible, para ellos el amor puede más que una enfermedad. 

Una vida que no muere porque sigue siendo recordada

Luis González es un hombre delgado, de  manos gruesas, cuerpo atlético. Está vestido como si fuera a salir a trotar, tiene un gorro de lana para resguardarse del frío capitalino que al llegar la noche penetra en su cabeza sin mucho cabello. Es de piel blanca pero difuminada por un bronceado que la rodea porque todos los días madruga a caminar por el parque. Con su mirada poco perdida, como en busca de un punto de fuga empieza a contar un suceso que a pesar de los años seguirá vigente en su vida.

Doña María de Jesús fue su madre, tuvo 6 hijos, nacida en Saboyá y casada con uno de los trabajadores de la finca de sus padres donde se crió, siempre fue una persona muy activa del campo, una cualidad característica de estos seres que no se cansan, que tienen energía de sobra, pero que a pesar de ser de roble su cuerpo no se escapa de las dificultades que consigo trae la vejez.

En 1990 muere Luis González, esposo de María de Jesús, debido a un cáncer de páncreas y con él muere para esta mujer su vivir rural ya que sus hijos toman la decisión de trasladarla a Bogotá  donde se encontraban todas las personas que podían cuidar de ella. En un control médico, 14 años después de este cambio en su vida, un doctor detecta lo que serían los inicios del fin de doña María de Jesús.

“Ella venía precedida de demencia senil, se lo habían detectado 4 años antes del suceso,  pero el asunto fue siendo progresivo, cada vez se acentuaba más, ella comentaba muchas cosas de su vivencia de joven, se acordaba de sus andanzas; lo relataba ya al final ya más con imaginación de lo que se acordaba. Se acordaba de lo antiguo, de lo nuevo no”, afirmó González al exponer los primeros años en los que su madre había transcurrido con esta enfermedad.

Es común no entender la diferencia entre el Alzheimer y la demencia senil, en español al término de demencia se le conoce como “demencia senil”, es por esto que la gente no entiende si son enfermedades distintas o cuáles son sus diferencias. 

La demencia es un conjunto de trastornos que interfieren en la memoria o en la vida social, también hay muchas clases de demencia y una de estas, que es la más común, es el mal de Alzheimer que ataca directamente la memoria de quienes la padecen.

Con el dinero conseguido al vender las pertenencias que tenían en el campo se compraron en Bogotá una casa en el barrio Boyacá Real, más tarde vendieron esta casa para comprar otra en San Marcos. En los primeros años la madre de Luis González se acomodó al trajín de la metrópolis, adaptándose al cambio de vida. Los fines de semana hacían salidas en familia, los hijos se la llevaban a las afueras de la ciudad; en una de esas ocasiones Gonzáles se había llevado a su madre para Villa de Leyva, estaba en compañía de sus hijos, toda la salida había transcurrido con normalidad, pero hacía las cinco de la tarde cuando las nubes se agrupaban en el cielo dando aviso de lluvia fue que se percataron que doña María de Jesús no estaba.

Todos como un grupo de búsqueda especializado se dispersaron por el pueblo colonial en su auxilio, fueron varios kilómetros recorridos por el camino que había tomado Luis González que la encontró, ya las gotas caían del cielo “cuando la encontré ella decía que necesitaba llegar a la casa, que estaba sola, y yo le decía que para dónde si la casa estaba lejos, entonces ella no contestaba más y hacía un gesto de disgusto” declara Gonzalez haciendo ademanes con sus brazos a medio alzar sobre lo que habría sido una primera advertencia del destino. 

Corría el año 2008 cuando Hugo, Esmeralda y doña María de Jesús iban de regreso a la capital después de haber descansado en Toca, un pueblo a 30 km de Paipa que era el siguiente destino, debido a que antes de partir habían tomado la decisión de parar un momento. Montados en una Toyota azul de platón modelo 97 se dirigían a una finca a saludar a los familiares de Esmeralda, este sería el último lugar donde fue vista  María de Jesús.

Al llegar, Hugo y Esmeralda se bajaron pero doña María no quería hacerlo por alguna razón, prefirió esperar y les dijo a ambos que ella se quedaba en el carro mientras saludaban. Desde esas últimas palabras habían pasado 15 minutos cuando volvieron, pero ella ya no estaba, solo quedaba la ventana del carro abierta por donde probablemente se habría salido. 

Tal vez doña María de Jesús volvió a sentir esa necesidad, esa angustia, ese temor, esa aflicción que tuvo la vez que su hijo Luis Gonzales la encontró en Villa de Leyva; todo esto no deja de ser más que especulaciones, lo único que se sabe con seguridad es esta vez nadie pudo encontrarla jamás.

“Ella siempre imaginaba que los hijos estaban solos y se iba, ese era su afán, los deberes de una madre. Esa situación a nosotros ya nos había pasado varias veces, pero nosotros la ubicamos” manifiesta Luis Gonzales. Doña María desaparece a la edad de 84, llevaba puesto un pantalón de sudadera azul con un suéter de hilo y una cobija de niños y en sus pies unos tenis. Al percatarse de su ausencia todos salen a buscarla camino abajo cuando al parecer ella había ido en el camino contrario. El único testimonio creíble de alguien que la hubiera visto fue a 2 km del lugar donde se pierde doña María de Jesús, esta contó que observó cómo ella iba a mucha prisa, dando pasos largos y fuertes.

Después de su desaparición vinieron búsquedas sin respuesta en los hospitales de todos los pueblos cercanos y nunca un testimonio creíble sobre su posible avistamiento 

"En el sitio donde ella desapareció duramos un mes y nosotros periódicamente íbamos todos los domingos, arrancamos a las 4 de la mañana buscando en pueblos, hospitales, ancianatos, había mucha la inquietud" afirmó Luis González. Cada fin de semana hacían parte de la rutina una búsqueda a veces en conjunto por Sogamoso o por Belén, otro fin de semana se separaban pasando así 4 meses de sin ningún reparo. 

"Ya en todo en lado le dicen que no, nosotros tenemos su teléfono, si llegamos a saber algo los llamamos" manifestó González ante una asomó de resignación para ese entonces. Ya después de un tiempo visitaban medicina legal al ser el lugar donde sus esperanzas más recaían por eso su rumbo cambió para Tunja cada fin de semana pero siempre terminaban en el mismo lugar donde comenzaban por un desorden interno en las organizaciones, les daban una información en la capital boyacense y otra en Bogotá.

Para el 2012 un día como los otros en que iban a averiguar les dijeron que no tendrían que seguir yendo ya que la misma información que recibían en Tunja la podían recibir en la ciudad capitalina, entonces aquellos viajes constantes empezaron a cesar. Los lugares donde más recibieron solidaridad fueron los ancianatos, donde colocaban carteles que ellos mismos habían elaborado y de los mismos lugares los llamaban queriendo saber una respuesta positiva ante la búsqueda.

Así termina esta historia un hijo que en sus ojos se empañan imperceptiblemente al tocar un tema tan profundo o en palabras del propio González, “algo que siempre va a estar latente, le deja una marca, le deja las secuelas constantes, es algo con lo que ya se tiene que convivir, es una realidad y lógicamente la vida tiene que seguir evolucionando en otros ámbitos pero esa situación va a ser latente, eso no cesará”.

Últimas palabras de la entrevista

"Es una cuestión muy de cuidado, es una situación donde hay una patología, ya una deficiencia, la persona hace las cosas involuntariamente, no se puede culpara a la persona. Mucha gente opta por llevarlos a un hogar geriátrico... es una buena opción por los cuidados que le pueden brindar, una atención más especializada. Uno dice, ¿por qué me toca a mi? a los que estábamos cercanos a ella nos cuestionaban y no es fácil, a veces la gente hace conjeturas, se debe tener mucho equilibrio. Al paso del tiempo uno va a notar que la mayoría de la gente se olvidó de la situación y no, eso está ahí. En el mismo dramatismo que uno maneja en ese momento uno desearía que apareciera en la circunstancia que fuera, saber que pasó darle cristiana sepultura; nosotros hubiéramos quedado con la conciencia más sosegada pero llegar a la citación de no saber nada de ella es cruel".

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