Como dijo Saramago: “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan”

Colombia ha recibido a los migrantes venezolanos, pero no con los brazos abiertos, sino con los puños cerrados

Por: Dago Miguel Banda Montes
Noviembre 08, 2018
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Como dijo Saramago: “El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan”
Foto: @NoticiasONU

Un día que no amaneció nada en la despensa de los alimentos que más se necesitaban, José Pérez y su familia salieron con el corazón partido y la esperanza rota del departamento de Sucre. Llegaron a Venezuela a principios de los años 70, donde se anclaron y sacaron a su familia adelante.

Sin embargo, la bonanza no duró para siempre, se tuvo que devolver a Colombia, aunque sus hijos lo esperan en Venzuela. “El colombiano es preferido por los empresarios venezolanos” decía José en una conversación, mientras pelaba un mango en una de las esquinas del centro de Bogotá, donde se “rebusca” para el sostenimiento de él y su señora esposa.

“No es fácil esta situación. La mayor parte de los venezolanos son discriminados por los patrones en Colombia. No les pagan lo real, los roban y tampoco les pagan liquidación. Total, les pagan cuando les da la gana, es un abuso e irrespeto a los derechos de las personas. Se valen de la ocasión y la situación que padecen para poderlos robar”.

Cuando uno escucha estos relatos de desespero de personas que han dejado todo atrás y han decidido tirarse al océano de aguas frías y turbulentas, que es un país desconocido y nuevo, se siente conmovido, sobre todo cuando muchos de ellos antes lo tenían todo, venían de un lugar donde la vida era más placentera, había estabilidad laboral, vivienda, salud, educación y una economía próspera que había reclutado en su agenda la mayor parte de mano de obra colombiana.

Muchos colombianos establecidos en Venezuela alcanzaron, con lo que se ganaban, a comprar pequeñas parcelas para criar sus cabezas de ganado, y todavía le dan gracias al vecino país por haberle cambiado la vida. Sin embargo, todo eso se lo llevó la brisa maligna de un sistema incapaz de darle salida a su economía, estancada en el atraso y la perversidad de una lucha política confrontada de manera humillante, agrediendo todos los principios de libertades a las que tiene derecho un ser humano.

Colombia los ha recibido, pero no ha sido de brazos abiertos. Ha sido una pelea de cuerpo a cuerpo porque detrás de todos los colombianos que estaban radicados en el vecino país, salió también un grueso número de venezolanos en busca de un mejor vivir, cosa que no han conseguido. Aquí, donde el trabajo para el propio colombiano también es una odisea, tienes que estar matriculado a un grupo político o ser familiar de uno de esos burócratas camaleones para salir adelante.

“El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan” José Saramago.

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