El soldado al que le tocó volverse celador luego de que el Ejército lo echara por pedir permisos para cuidar a su esposa

La historia de un oficial sancionado por cuidar a su esposa con enfermedad mental expone cómo en Colombia el deber institucional aún castiga el cuidado y la vida

Por: Jairo Hernán Cristiano Yate
enero 25, 2026
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El soldado al que le tocó volverse celador luego de que el Ejército lo echara por pedir permisos para cuidar a su esposa
Foto: Leonel Cordero/Las2orillas

Jairo Hernán Cristiano Yate, hoy Mayor (r) del Ejército Nacional. Esposo, padre y cuidador, que no fue sancionado por negligencia, desobediencia caprichosa o abandono moral, sino por negarse a dejar sola a su esposa cuando su vida corría peligro.


Un accidente que partió la vida en dos (2020)

En el año 2020, cuando aún ostentaba el grado de Capitán, la vida de Jairo y su familia cambió para siempre. Su esposa, con siete meses de embarazo, sufrió un grave accidente de tránsito. En ese hecho murió una sobrina. Su hijo mayor estuvo a punto de perder la vida.

El impacto emocional fue devastador. Desde entonces, ella desarrolló depresión severa, trastorno mixto ansioso-depresivo y, posteriormente, depresión posparto, diagnósticos plenamente consignados en su historia clínica psiquiátrica.

No fue una tristeza pasajera. Fue una enfermedad. Entre 2021 y 2022 intentó quitarse la vida en varias ocasiones, mediante la ingesta de medicamentos. Cada recaída obligaba a una vigilancia constante. Cada noche, Jairo dormía con un ojo abierto, temiendo que el silencio fuera una señal irreversible.

Sin manuales, sin preparación clínica y sin red de apoyo, se convirtió en cuidador permanente de la mujer que ama.


Ascender mientras el hogar se derrumba (2023)

En 2023, siendo aún Capitán, Jairo fue seleccionado para realizar el curso de ascenso de Capitán a Mayor en la Escuela de Armas Combinadas. Mientras cumplía una de las etapas más exigentes de su carrera militar, su esposa sufrió nuevas crisis emocionales, nuevos intentos de suicidio y nuevos internamientos psiquiátricos.

El Centro de Familia del CEMIL intervino y fue claro: la familia necesitaba estabilidad, presencia y acompañamiento cercano.

La institución accedió a su traslado al Batallón de Instrucción y Entrenamiento No. 16 en Yopal. Allí, con su esposo cerca y una rutina más estable, ella comenzó a mostrar mejoría. Jairo informó cada recaída. Nunca ocultó diagnósticos. Nunca pidió privilegios. Solo pidió tiempo para cuidar.


La orden que ignoró la enfermedad mental

En mayo de 2024, ya con el grado de Mayor, recibió la orden de traslado al Batallón de Infantería No. 43 en Cumaribo, Vichada. Una zona con infraestructura médica limitada, sin atención psiquiátrica especializada y sin condiciones para una paciente con antecedentes de intentos de suicidio.

Jairo solicitó reconsideración. Adjuntó soportes médicos. Explicó que no se trataba de comodidad ni de resistencia al servicio, sino de riesgo vital. La respuesta fue administrativa, distante y fría:
no cumplía los requisitos de tiempo. La salud mental volvió a quedar relegada.


Cuando el cuerpo y la mente dicen basta

En medio de esa presión, su esposa fue sometida a una cirugía renal compleja, con múltiples complicaciones posteriores, incluida una cirugía de urgencia. El dolor físico intensificó el dolor emocional. Las ideas suicidas regresaron con fuerza.

Jairo quedó atrapado entre dos imposibles: obedecer una orden o evitar que su esposa se quitara la vida, mientras cuidaba a sus dos hijos pequeños sin red de apoyo. Cuando pidió orientación al área de familia de la División, recibió una respuesta que aún hoy duele leer: “Contrate a alguien que cuide a su esposa y sus hijos mientras usted regresa a su unidad”.

Como si el amor pudiera delegarse. Como si el cuidado en salud mental fuera intercambiable. Como si cuidar no fuera también una forma de servir.


El castigo por no abandonar

Ante su imposibilidad real de presentarse en Cumaribo, el funcionario competente del Batallón de Infantería No. 43 inició procesos en su contra. Desde agosto de 2024, Jairo dejó de recibir salario.

La investigación penal iniciada en mayo de 2025 permanece sin avances hasta hoy, prolongando la incertidumbre, el desgaste emocional y la asfixia económica. La sanción sí fue inmediata. No por un delito probado. Sino por una ausencia motivada por el cuidado.

El mensaje fue devastador: cuidar a un familiar con enfermedad mental no es suficiente justificación.


El día en que todo estuvo a punto de romperse

Durante una diligencia judicial, su esposa —con diagnósticos psiquiátricos plenamente documentados— fue sometida a una fuerte presión emocional. Esa situación detonó un nuevo intento de suicidio.

Jairo, ya sin salario, sin sistema de salud y sin respaldo institucional, también tocó fondo. Pensó en rendirse. Pensó en desaparecer. Fue la Línea en Defensa de la Vida la que evitó otra tragedia.


El retiro y la herida que no se ve

Finalmente, Jairo fue retirado del Ejército con la anotación de “presunto abandono del servicio”. Una frase que pesa. Que estigmatiza. Que borra de un renglón 18 años de servicio, sacrificios familiares, formación y lealtad.

Hoy trabaja como guarda de seguridad y técnico instalador, oficios honestos y dignos, pero muy lejos de su trayectoria, su preparación y su vocación.


Un llamado desde la humanidad

Esta historia no se escribe para pedir favores ni para atacar una institución. Se escribe porque el silencio también hace daño.

Hoy, el Mayor (r) Jairo Hernán Cristiano Yate no busca recuperar honores ni rangos. Busca algo mucho más elemental y justo: que se le permita terminar los pocos años de servicio que le faltaban para acceder a su asignación de retiro, un derecho que estuvo al alcance de su vida laboral y que hoy le fue arrebatado por haber cuidado.

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