Difícil saber qué es peor: si la incoherencia del sapo que brinca y se ensarta o la impudicia de la estaca donde el sapo se clava. Si la incoherencia de los políticos colombianos en su inservible lucha contra el narcotráfico o la obscenidad de los países del primer mundo que usufructúan el lucrativo negocio. Obscenidad todavía mayor en los Estados Unidos que, ineptos o complacientes para combatir el tráfico de droga en su territorio, mantienen la prohibición, elevando el precio de la ilícita mercancía.
Grande la torpeza, o ¿sumisión?, o ¿complacencia?, o ¿astucia?, de los políticos colombianos. Persisten en la incoherencia del sapo: saltan permanentemente para vivir permanentemente ensartados.
Obtusamente insisten en combatir el tráfico de drogas ilícitas en territorios colombianos y no en los mercados del primer mundo. Buscan absurdamente el ahogado en el nacimiento del río y no en la desembocadura, donde concluye el recorrido y se concentra la podredumbre, después de haber dejado en Colombia una gran mancha de sangre y de pobreza social.
Combaten inútilmente el problema, algunas veces a “balazos” y otras, con “abrazos”. Fracasó Virgilio Barco: su política de balas y abrazos al mismo tiempo consiguió la reinserción del M19, pero perdió la guerra contra el narcotráfico. También la perdió César Gaviria mientras negociaba con la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en la ciudad de Caracas.
La perdió Ernesto Samper; no le sirvieron los abrazos con el ELN ni las balas contra los poderosos narcotraficantes. Nada distinto sucedió con Andrés Pastrana. En su incoherencia, cedió a las FARC, sin ningún resultado favorable, el inmenso territorio del Caguán y tampoco pudo nada con los narcotraficantes, a pesar del apoyo gringo del Plan Colombia.
Más allá de la parafernalia mediática, Álvaro Uribe, con su política de Seguridad Democrática, debilitó a las FARC las que ya se encontraban en las goteras de Bogotá. Diferente su trato con los capos de la droga, los extraditó como posible plan de favorecimiento mientras se llenaba el territorio nacional con nuevos grupos de narcotraficantes.
Debilitadas las FARC, Juan Manuel Santos firmó los acuerdos de paz en La Habana con el grupo guerrillero, pero los barones de la droga continuaron sus negocios ilícitos en las calles de Washington y Nueva York. Similar la historia del joven Iván Duque, fiel a las políticas de su mentor Uribe, optó por los inservibles “balazos”, con los previsibles resultados de siempre.
El locuaz Gustavo Petro repartió “balazos”, pero multiplicó los “abrazos” en su política de Paz Total, con resultados semejantes a los de Pastrana en el Caguán. Y, en el ardor de su prepotencia, el inflamado presidente De La Espriella inicia su mandato echando “balazos” en las regiones de Colombia. Vuelve la incoherencia del sapo, terminará nuevamente ensartado por buscar el ahogado en la cabecera del río y no en los territorios de su mentor, el voraz Donald Trump. Caro hemos pagado y seguimos pagando la condición de colonia bananera.
Solo fracasos hemos conocido porque, en los 200 años de vida republicana, nunca hemos tenido un proyecto de país digno. Uno capaz de afrontar el narcotráfico con mayoría de edad ante los mercados del primer mundo. Siempre con la mala suerte de tener solo políticos con alma de sapo, buscando la estaca del mejor postor.
Ellos han hecho de la Historia colombiana una ensordecedora y sangrienta cacofonía de dimes y diretes, sin superar jamás el círculo vicioso. Y, según Marx: “La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa.” La colombiana, diría yo, se perpetúa como mojiganga de mal gusto, deplorable para los colombianos, excepto para los traficantes de corbatas finas.
Jorge Elías Guebely Ortega
Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva. Autor de varias novelas, libros de cuentos y ensayos literarios.
También le puede interesar:
Anuncios.


