Opinión

El samurái, la rabia y la transformación política

Las mejores transformaciones políticas se han construido cuando movimientos de personas entienden su indignación y la llevan al poder rompiendo con esquemas tradicionales

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junio 21, 2020
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El samurái, la rabia y la transformación política
La indignación es antídoto importante contra la inercia, que suele favorecer a muy pocos

En tiempos que parecen únicos e inusuales vale la pena ampliar la mente, buscando qué podemos aprender de épocas pasadas, de mitos que han trascendido culturas y generaciones, de historias milenarias. Hay un inmenso riesgo en quedarse atrapados en la pequeñez de la tendencia del día, de la nota más estridente del noticiero del medio día, en el chisme del whatsapp. El riesgo va desde dejar de vivir una vida más interesante que la que nos marcan afanes e intereses ajenos hasta no entender cómo avanza la historia y qué papel puede jugar uno ahí. Más fácil escribirlo que hacerlo, al fin y al cabo, la tendencia del día, el noticiero del medio día, el whatsapp están hechos para que sea difícil escapar de ellos. Toca seguir intentando.

Llegué entonces a revisar el trabajo de Joseph Campbell, un experto del siglo pasado en el estudio de las religiones, los mitos y la construcción de los héroes en diversas culturas. Fue una búsqueda fascinante porque, quizás mejor que nadie, Campbell logra contar cuáles son los arquetipos, las formas recurrentes con las que individuos, agrupaciones y sociedades han enfrentado los retos más complejos. Un método, una narración, la forma de un mito que aparece una y otra vez, en diversas geografías y tiempos, algo tiene que tener de útil.

A través de Campbell, llegué a la historia de un samurái que debía vengar la muerte de su amo, que había sido asesinado. La relación entre el samurái y el amo era de entrega total, vengar ese asesinato era la tarea más importante imaginable. Después de buscar mucho tiempo, el samurái encontró al asesino de su amo. Desenvainó entonces la espada y, en ese momento, el asesino le escupió en la cara. El samurái, guardó la espada y se fue. ¿Por qué? Porque si lo hubiese matado en ese momento, el samurái habría actuado con rabia, por una venganza personal y no habría honrado a su amo, que era lo que iba a hacer. El fin del samurái no era matar, menos por una ofensa personal, era mucho más que eso.

Pensé entonces en el papel de la rabia en nuestras acciones. Es importante porque, salvo para las personas que han logrado avanzar en auténticas búsquedas espirituales, es muy fácil sentir rabia. ¿Qué valor evolutivo tendrá? Debe estar ligada, de alguna manera, a la supervivencia del individuo. Ofendido, por alguna razón, el individuo siente rabia, actúa y se protege. Útil pero primario. La rabia y la venganza van de la mano. Hay algo de satisfactorio en la venganza, sin duda. El problema es que la rabia, como la venganza, suelen hacer más daño al que los siente que a cualquier otro. Pensando en el ejemplo del samurái, concluí que, en la vida personal casi nunca vale la pena actuar justamente después de recibir el escupitajo en la cara.

Sin embargo, me parece más difícil valorar el papel de la rabia en la política, en las discusiones sociales. No estoy hablando de la rabia de las peleítas personales de todos los días entre “líderes”, esas son repetitivas y aburridas, casi nunca tienen algún contenido de fondo. Hablo de la rabia como motor para el movimiento social de muchas personas, que se sintonizan por un momento alrededor de una indignación compartida. La indignación es antídoto importante contra la inercia, que suele favorecer a muy pocos. Hemos visto mucha rabia en las últimas semanas en Estados Unidos, a raíz del asesinato de George Floyd a manos de -mejor, en la rodilla de- un policía.

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Una fina línea separa la rabia de la esperanza. De la actuación simultánea, decidida, convencida de tantas personas es que puede venir algún tipo de cambio social

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 Y, aunque hay violencia ocasionalmente, no deja de ser conmovedor ver a millones movilizados por la búsqueda de justicia, de la igualdad entre negros y blancos. El crimen más horrendo de la humanidad ha sido la esclavitud. Se tumban estatuas con rabia. Salvo en la actuación del crimen organizado, que no es la esencia del movimiento, hay una fina línea que separa la rabia de la esperanza. De esa actuación simultánea, decidida, convencida de tantas personas es que puede venir algún tipo de cambio social. Y, que no quepa duda, la motivación inicial es la rabia de escuchar a Floyd decir, “No puedo respirar”. El escupitajo en la cara que derramó el vaso.

Vendrán discusiones sobre cómo avanza un movimiento de esos, la rabia no tiene larga vida, por definición, es muy intensa. Sospecho que son las rabias largas, cultivadas por años en el corazón, las que se suelen volver dañinas la actuación política. La rabia debe evolucionar. La pregunta, por supuesto, es cuál es la relación entre esa rabia y la actuación en la política electoral. Parece, en principio, poca cosa votar por alguien cuando se trata de reivindicar el racismo de cientos de años. Otros sugieren que es inútil salvo se vote finalmente.

Es relativamente fácil usar la rabia en la política, especialmente en estos países nuestros, porque hay muchas razones para sentirla. El político que entiende la rabia y describe las causas de quién la siente, se conecta genuinamente porque está diciendo la verdad. Las mejores transformaciones políticas se han construido justamente cuando movimientos de personas entienden su indignación y la llevan al poder rompiendo con esquemas tradicionales. También, los mayores desastres, para no ir muy lejos, Chávez, con inmensa habilidad, cabalgó sobre la rabia justificada contra la élite decadente que gobernaba a Venezuela. Una paradoja: ya el chavismo es la élite decadente que gobierna a Venezuela.

Campbell anota que la tarea es participar en el juego, así sea difícil, participar en la batalla que nos interese, que consideremos justa. Cualquiera puede participar, pero “el héroe es el que participa decentemente, alineado con la naturaleza no con el del rencor personal, ni con el deseo venganza, ni nada por el estilo”. Así tenga rabia, especialmente si tiene rabia, agrego yo.

@afajardoa

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