El reencuentro de Santos y Timochenko en la Feria del Libro de Guadalajara

"Solo faltaron los mariachis para amenizar este romántico encuentro entre los antiguos enemigos y hoy más que amigos"

Por: Carlos de Urabá
diciembre 06, 2019
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El reencuentro de Santos y Timochenko en la Feria del Libro de Guadalajara

Santos ha sufrido una increíble transformación o metamorfosis que nos deja atónitos pues en unos cuantos años ha pasado de ser el sanguinario de ministro de la guerra de Uribe —responsable de cruentos bombardeos; la invasión en Sucumbíos (Ecuador), en la que se atacó con misiles el campamento de Raúl Reyes; los falsos positivos y las ejecuciones extrajudiciales; la instalación de ocho bases norteamericanas; y la creación de alianzas con el estado sionista de Israel, que lo asesoró en la guerra sucia y el terrorismo de Estado— a premio Nobel de la Paz. Se acostó como Goebbels y amaneció de Gandhi. Un lavado de imagen impresionante y genial que le permite erigirse en un estadista de talla mundial. ¡La palabra del premio Nobel de la Paz va a misa!

No sabemos con qué hechizos ha conseguido que se olviden todos los crímenes que cometió durante su periodo de ministro de la guerra y después como presidente de Colombia en dos ocasiones. Señoras y señores, nuestra estrella invitada es Juan Manuel Santos, ¡aplausos! Y se le sube el ego a este cachaco cuando levanta sus brazos y estrecha sus manos en un benévolo gesto de soberano. Su nombre será grabado en letras de oro en los anales de la historia, los niños colombianos estudiarán en sus libros sus hazañas, se erigirán estatuas de bronce para alabar y bendecir al apóstol de la paz. Se eternizará en la memoria la efeméride del 26 de septiembre del 2016, día en el que comandante supremo de las Farc firma los acuerdos de paz en Cartagena, que indirectamente le otorgaron el premio Nobel de la Paz a Juan Manuel Santos. Con este acto se acabaron dizque 52 años de guerra que dejaron 220.000 muertos y 6 millones de desplazados.

A partir de la entrega de las armas de esos 15.000 combatientes, las FFAA proclaman la victoria sobre los “narcoterroristas” ¡El comunismo ha sido derrotado!, ¡viva el Sagrado Corazón de Jesús! Porque inteligentemente se ha utilizado el eufemismo de “proceso de paz” para no hablar de rendición y no herir susceptibilidades de sus rivales. Es el teatro del disimulo del cual son muy expertos los colombianos. No hubo zona de despeje en Pradera (Valle) que era una de las condiciones previas exigidas por la guerrilla. Pero ante los certeros golpes que le propinaron las FF.AA tuvieron que claudicar.  Más que un acuerdo de paz suena a una capitulación.

La principal tesis de ambos líderes es que la guerra en Colombia ha finalizado. Una falacia o un espejismo deliberadamente fabricado pues la desgarradora realidad lo desmiente. ¿Pero qué es esta frivolidad? En Colombia la lucha continúa y no es en las curules del Congreso sino en los campos y las ciudades.

El conflicto social en Colombia es muy descarnado y nos da una tremenda bofetada.

Incluso Timochenko, el honorable presidente de la Fuerza Alternativa del Común, tuvo la osadía de decir que la deserción de sus antiguos camaradas no significaba nada. “No tienen ninguna importancia lo de las disidencias. Es algo que han exagerado”, “son una anécdota insignificante, ¿quién se acuerda de ellos? Ya nadie les hace caso”. Iván Márquez, Santrich, Romaña, Hernán Darío Velázquez “el Paisa” y otros distinguidos guerrilleros hoy expulsados del partido de las Farc “no representan nada porque la paz no tiene marcha atrás”. ¡Se ha olvidado de sus compañeros de lucha! ¡Que ingratitud! Timochenko y sus camaradas, ahora pacifistas como Santos, se han asimilado al establishment, cambiaron el uniforme de camuflaje por el traje de paño y zapatitos de cafiche  italiano. Ya ocupan sus curules en el Senado o en la Cámara de Representantes del Congreso de la República, donde cobran 32.000.000 de pesos mensuales (10.000 dólares) y esta navidad un jugoso aguinaldo. El sistema neoliberal los va domando y asumen su papel de burócratas aburguesados que gozan de incontables privilegios. Por ejemplo, suite presidencial en el hotel Hilton de Guadalajara, opíparos banquetes y compras en tiendas de lujo, además de tour a tequila o visita al rancho de Vicente Fernández. ¡Qué rica es la paz! Por fin ya pueden respiran tranquilos y llevar una vida normal en familia con su esposa e hijos y no estar escondiéndose por las montañas o selvas esquivando los bombazos de la fuerza aérea.

Colombia hoy sufre un estallido social sin precedentes con paros multitudinarios y barullentas caceroladas. Este gobierno y sus antecesores se han dedicado a la corrupción, el latrocinio, hacen parte de unas mafias que se reparten las prebendas mientras los más desfavorecidos tienen que enfrentar a un sistema que vampiriza, explota y empobrece. El capitalismo depredador nos ha conducido a este callejón sin salida. Nos han estafado, nos sentimos estafados y tenemos que decir basta ya a siglos y siglos de mentiras y falsedades. Y mientras los exinsurgentes de las Farc sentados en la misma mesa con la oligarquía dedicándose a deleitar los más variados platillos de la gastronomía internacional.

Tanto Santos como Timochenko se entregaron sus respectivas arras o "regalos nupciales". El del expresidente colombiano fue un libro titulado En un mismo barco, mientras el “jubilado” comandante guerrillero le brindó una rosa de plata símbolo del partido político de las Farc. La charla moderada por la periodista mexicana Carmen Aristegui fue distendida y muy amistosa, parecía que estuvieran tomando el té de las cinco de la tarde. La audiencia se deleitaba con las anécdotas y recuerdos del largo proceso de paz y especialmente de cómo pudieron sobrellevar tantos obstáculos. Santos confesó que quizás lo que más le había dolido fue dar la orden de ejecutar al jefe de las Farc Alfonso Cano —abatido en el 2011 por las FFAA en Suárez (Cauca) cuando ya se había entregado—. Una noticia que anunció en televisión con una sádica sonrisa el propio Nobel de la Paz. Las Farc no se retiraron de la mesa de negociación a pesar de este artero homicidio a sangre fría porque “son los daños colaterales que suceden en todas guerras”.

En el patio de butacas se distinguían el excomandante Julián Gallo, alias Carlos Antonio Lozada, y el senador Iván Cepeda del Polo Democrático; mientras que Santos estaba acompañado por su esposa, la prestante primera dama María Clemencia Rodríguez, y otros distinguidos miembros de la realeza colombiana.

¿Cómo convertir a Santos en un santo? Esta es una operación alucinante de la que hemos sido testigos y a fe que ha salido muy exitosa. El delfín de Uribe quien se peleó con su preceptor y guía espiritual para dedicarse a la Batalla por la paz —que es el título de su libro y el cual promociona junto con Timochenko (¡quien también los firma!)—. No olvidemos que tanto la guerrilla como el gobierno santista perdieron el plebiscito que ganó el uribismo más radical contrario a los acuerdos de paz porque —según ellos— era entregarle el país a la “narcoguerrilla chavista”.

Los dos líderes reconocieron que Hugo Chávez jugó un papel clave en estas negociaciones de paz. Hasta el punto que a pesar de los brutales ataques del comandante de la revolución bolivariana contra la oligarquía cachaca santanderista, Santos por obra y gracia del espíritu santo se volvió su “nuevo mejor amigo”.

En las últimas semanas Colombia vivió un estallido social sin precedentes. Desde luego que el pueblo por encima de partidos políticos es el que más ordena. El presidente ultraderechista y uribista Duque se encuentra entre la espada y la pared. Ya está bien de tantas mentiras e injusticias que se ha venido sembrando desde la conquista, colonización, la independencia y en los regímenes oligárquicos republicanos. Colombia carece de una democracia efectiva y creíble. Por eso se reclama una constituyente. Que se acabe de una vez por todas la impunidad, la corruptela y el latrocinio institucionalizado, la narcopolítica institucionalizada, el imperialismo norteamericano institucionalizado, el expolio de los recursos naturales institucionalizado que condena a Colombia a la absoluta dependencia y la ruina.  Además, que se terminen los privilegios de clase al estilo de los señores feudales, que de una vez se termine la violencia que ejerce el ejército, la policía, los agentes secretos, CIA, DEA, los paramilitares y parapolíticos. Como lo demuestra la infinidad de asesinatos de líderes sociales, de dirigentes de las comunidades indígenas, de exguerrilleros de las Farc o cualquiera que se atreva a defender los derechos humanos. Por lo tanto, sigue capeando a sus anchas el terror y el sicariato.

Santos dijo que era legitimo el paro porque el pueblo tiene todo el derecho a reclamar salud, vivienda, educación y que se extinga la corrupción. Pero acaso durante el gobierno de este hipócrita no aumentó la corruptela, el clientelismo, las comisiones y más desfalcos y latrocinio ¿Santos que hizo para neutralizar la corrupción? Si es que él mismo está acusado de financiar su campaña con dineros sucios de Odebrecht. Y ahora vienen a poner cara de tierno abuelito que se conmueve con su nietecita. Timochenko lo secunda confesando que el también se desvela por su hijito recién nacido. "¡Hay que entregarle un país en paz a las futuras generaciones!", sentenciaron ambos líderes. ¡Estamos comprometidos en la batalla por la paz!

¡Pero si caminamos sobre un camposanto plagado de fosas comunes! Que lo resuelvan los Tribunales de la JEP.

Timochenko afirmó que las protestas que se desarrollan en Colombia no hacen más que cumplir los anhelos por los que habían combatido durante décadas las Farc. Ahora no pueden acusar a la sociedad civil de terroristas porque ya las Farc han desaparecido como movimiento guerrillero. De repente, Carmen Aristegui lanzó una pregunta envenenada sobre si el narcotráfico financió a la guerrilla a lo que Timochenko respondió indignado que ellos jamás han sido narcotraficantes, que tan solo cobraban impuestos a los carteles. Pero el caso Santrich lo contradice. Sus camaradas fueron infiltrados por agentes de la DEA y la CIA que haciéndose pasar por intermediarios del cartel de Sinaloa les tendieron una trampa. Lo que demuestra que tenían relaciones, conocimiento de las rutas y los suministradores del alcaloide.

Resulta que Santos, que junto a Uribe que implementó el Plan Colombia, el Plan Patriota, en el combate del narcotráfico y la guerrilla, el patrocinador de las fumigaciones de glifosato para erradicar los cultivos ilícitos de coca o marihuana, ahora se muestra favorable a la legalización de las drogas. “Se acabaría tanta delincuencia organizada y carteles. “El estado tienen que entrarle al negocio que deja millonarias regalías”, remarcó impávido. Esta es una de las múltiples citas que ha sacado de la revista Selecciones de Readers Digest que es su principal fuente de estudio y formación ideológica.

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