Plan Decenal de Educación (2017-2026): ¿crónica de un incumplimiento anunciado?
Opinión

Plan Decenal de Educación (2017-2026): ¿crónica de un incumplimiento anunciado?

El nuevo Plan, presentado el 11 de octubre, ha pasado sin pena de gloria, no ha suscitado entusiasmo alguno, a nadie pareciera interesarle, hoy es noticia olvidada, periódico de ayer

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octubre 25, 2017
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Colombia ha tenido en los últimos 20 años dos planes decenales de educación y no ha pasado nada. La crisis permanente y la insatisfacción generalizada con nuestro sistema educativo siguen ahí sin resolverse. Hace quince días tenemos un nuevo Plan Decenal.

El nuevo Plan, presentado el 11 de octubre, ha pasado sin pena de gloria, no ha suscitado entusiasmo alguno, a nadie pareciera interesarle, los formadores de opinión no dicen nada sobre él, hoy es noticia olvidada, periódico de ayer. Desafortunadamente para el país y la educación, los planes decenales no han pasado de ser una quimera: “sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice”.

Nuestros gobiernos no  le creen ni a los sabios en materia de educación, prefieren la improvisación y la mediocridad de un ministro o una ministra ignorante de los temas educativos.

Hace 23 años, en 1994, los científicos Rodolfo Llinás y Manuel Elkin Pararrayo, nuestro nobel Gabriel García Márquez y siete intelectuales de reconocido prestigio y solvencia, la llamada Misión de los Sabios, entregaron al país el más  completo informe que se haya producido sobre la realidad y el futuro de la educación en Colombia, desde la primaria hasta la universidad. Un plan para 25 años, según sus autores. Colombia al Filo de la oportunidad era su nombre. El informe pasó a los anaqueles de la historia de la educación. Sus acertadas y esperanzadoras recomendaciones  no fueron acogidas por ninguno de los gobiernos posteriores. Se despilfarró una gran oportunidad.

Las premonitorias palabras de García Márquez quedaron en el olvido: “Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación, desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Una educación que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia, y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños”.

Tras abandonar en el olvido y la indiferencia el Informe y las recomendaciones de los Sabios, dos años después nos embarcamos en el primer Plan Decenal de Educación (1996-2005), el cual contenía valiosas políticas para orientar y transformar la educación. Desafortunadamente quedó en letra muerta.

Diligentemente se volvió a sacar un nuevo plan en el 2006, y se le bautizó con el rimbombante nombre de Plan Decenal de Educación Pacto Social por la Educación (2006-2016).

Para cumplir con el ritual que ordena la ley, la actual ministra de  Educación ha presentado  un nuevo Plan con el sugestivo título de  El camino hacia la calidad y la equidad (2017-2026). Como los anteriores será la crónica de un incumplimiento anunciado.

La razón del fracaso de los dos planes decenales anteriores y del Informe de los Sabios es elemental: son documentos que no obligan al presidente de turno y sus ministros de Educación, simplemente es un documento indicativo, sin fuerza de ley y obligatorio cumplimiento por parte del Estado y el gobierno. Una suma, bien intencionada, de recomendaciones, que se pueden tener en cuenta y aplicar  o dejar de lado. A lo cual se suma del desdén y desinterés de siempre de las elites por la educación

Cada gobierno se orienta por su particular política educativa, por el capricho y parecer del ministro o la ministra de turno, cada cual “mata sus pulgas a su manera”. En no pocos casos los gobiernos de los últimos 20 años han implementado políticas y acciones contrarias a lo que recomendaban los planes decenales.

 

 El nuevo plan contiene, como los anteriores,
un completo análisis de los problemas actuales de la educación
y un conjunto de valiosas recomendaciones, que se resumen en 10 puntos

 

El nuevo Plan Decenal (2017-2026) contiene, como los anteriores, un completo análisis de los problemas actuales de la  educación y un conjunto de valiosas y pertinentes recomendaciones, que se resumen en los siguientes 10 puntos:

  1. Regular y precisar el alcance del derecho a la educación. 2. La construcción de un sistema educativo articulado, participativo, descentralizado y con mecanismos eficaces de concertación. 3. El establecimiento de lineamientos curriculares generales, pertinentes y flexibles. 4. La construcción de una política pública para la formación de educadores. 5. Impulsar una educación que transforme el paradigma que ha dominado la educación hasta el momento. 6. Impulsar el uso pertinente, pedagógico y generalizado de las nuevas y diversas tecnologías para apoyar la enseñanza, la construcción de conocimiento, el aprendizaje, la investigación y la innovación, fortaleciendo el desarrollo para la vida. 7. Construir una sociedad en paz sobre una base de equidad, inclusión, respeto a la ética y equidad de género. 8. Dar prioridad al desarrollo de la población rural a partir de la educación. 9. La importancia otorgada por el Estado a la educación se medirá por la participación del gasto educativo en el PIB y en el gasto del Gobierno, en todos sus niveles administrativos. 10. Fomentar la investigación que lleve a la generación de conocimiento en todos los niveles de la educación.

Diez loables propósitos, entre otros muchos, que suscribiría desde Pambelé hasta el científico Rodolfo Llinás, pasando por el secretario de Educación del municipio más pobre y olvidado del país. Todos queremos mayor y mejor de educación para todos.

 

 Santos prometió esta vida y la otra para ganarse a los maestros, en 2014.
Les prometió invertir el 7,5 del PIB para educación
y al culminar su gobierno la cifra no llega al 3,7

 

La expedición del nuevo plan decenal coincide con la campaña presidencial en curso. Todos los treinta y pico candidatos, a izquierda y derecha, saben que la educación cautiva votos, todos dirán en coro que la educación es la clave de las grandes transformaciones, todos se declararán candidatos de la educación, prometerán el oro y el moro, los maestros serán nuevamente seducidos  con frases manidas y promesas a granel para atraer su voto y la influencia que ejercen. Por ejemplo, el presidente Santos prometió esta vida y la otra  para ganarse a los maestros, necesitado de sus votos para asegurar su relección en calzas prietas en 2014. Les prometió invertir el 7,5 del PIB para educación y al culminar su gobierno la cifra no llega al 3,7. Los maestros que votaron por él, al sentiré engañados tuvieron que hacer dos largos y poderosos paros de maestros para conquistar lo  que les habían prometido.

Más que un nuevo plan decenal de educación, que corra la misma suerte de los dos anteriores, lo que se requiere es convertir la educación en la gran prioridad de los próximos 4 años, que contribuya a consolidar la paz, que materialice y haga realidad algunos de los sueños educativos que se han propuestos los anteriores y el nuevo Plan Decenal de educación.

Para que el último plan decenal no se convierta en un nuevo fracaso,  bastaría que los candidatos presidenciales acogieran sus recomendaciones y el presidente electo las convirtieran en su programa de gobierno. Nos ahorraríamos  10 años de inútil espera para acometer aquí y ahora la inaplazable tarea de convertir la educación en el gran instrumento para consolidar la paz. Ganaríamos todos.

 

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