Un análisis sobre el panorama político actual en Colombia, entre discursos de excepción, memoria histórica y la respuesta estatal a la reciente tragedia sismológica

 - El peligroso camino hacia el Estado de excepción por el que nos lleva Abelardo de la Espriella
Texto escrito por: Omar Antonio Diaz Botiva

El evento sísmico del 10 de agosto marca un momento en la historia del país al ser, el movimiento telúrico más fuerte en lo corrido del siglo, pero no es el único momento histórico de los últimos días, la posesión de Abelardo de la Espriella como presidente del país en Cali, y el pronunciamiento de su discurso de posesión frente a un cantón militar (con más arengas y promoción de la fé, que propuestas de gobierno) marca un camino hacia lo que se denomina como Estado de excepción.

Pero vamos paso a paso, definamos punto por punto y hagámoslo desde lo que ha pasado primero hasta los hechos más recientes.

La posesión del nuevo presidente de la República representa en su misma esencia una excepcionalidad dado que llega al poder con el discurso de la ultraderecha global que ha venido copando los espacios políticos y de discusión global, acusando de una “guerra cultural” para mantener los “valores e instituciones tradicionales” desde la defensa de la familia. En ese sentido ADLE que en su vida personal no representa estos valores (por varios escándalos y hechos sobre su vida privada divulgados en redes y confirmados por el mismo que lo alejan de este marco de personalidad), con el favor del movimiento religioso-cultural protestante (traído a América durante la década de los 60 por la CIA) que se ha encargado de perdonar y lavar ante la sociedad la imagen de diversos criminales desde el muchacho ex adicto y ex ladrón que canta rap en Transmilenio hasta Luis Alfredo Garavito.

La excepcionalidad radica en la ruptura del Estado de derecho constitucionalmente laico, para dar paso a declaraciones confesionales que resuenan más fuerte que las propuestas gubernamentales; de igual forma está misma se establece como pilar de la “guerra cultural” que promueve el establecimiento (lo cual es en sí mismo paradójico ya que la guerra cultural es un concepto que se desprende del planteamiento de hegemonía cultural de Antonio Gramci que se manifiesta en “el sentido común” (creer en lo que considera natural, correcto o verdad sin pensar si es justo), “la guerra de posiciones” (es decir la guerra constante por el relato y la narrativa tanto en colegios (como la propuesta de Vivían Morales), la prensa (sobretodo la hegemónica que no es crítica sino que aplaude y minimiza desde el manejo del discurso acciones terroristas en el país en los primeros días de la posesión -como el periodista de caracol calificando de “más leve” las acciones contra la población-) y por último la iglesia (pese a que Colombia es un país marcadamente católico la influencia del protestantismo americano es profunda, tienen hasta partidos políticos).

Continuemos con la segunda parte de esto. La tradición política nacional de posesionarse frente al congreso a lo largo de nuestra historia republicana, sólo se ha visto interrumpida por motivos de Excepción; como en la Guerra de los Artesanos de 1854 con José María Melo en el que Tomas Herrera mandó desde Ibagué, gobierno que continuó dos años más José de Obaldia como presidente interino, o cómo con Juan José Nieto que en la guerra de las soberanías gobernó desde Cartagena y Barranquilla; no olvidemos que esta guerra llevó a la formación de los Estados Unidos de Colombia a través de la constitución de 1863, lo que nos llevó a la regeneración con Rafael Nuñez que despachó desde Cartagena y al establecimiento de la constitución de 1886 siendo la más longeva durando hasta 1991, el último caso es el de Manual Antonio Sanclemente que por problemas de salud despacho desde 3 municipios de Cundinamarca; si sabemos leer entre líneas las “excepcionalidades” fueron en medio de algunas de las guerras civiles que atravesó el país en el siglo XIX que es el periodo de construcción de nuestra identidad republicana.

Y también como parte de nuestra identidad está una constante y de nuestra psique como sociedad está el concepto de Estado de Sitio dado ya que si hacemos memoria este fue una constante durante el siglo XIX-XX, tal vez el hecho más destacable es el recordado estatuto de seguridad de Julio Cesar Turbay Ayala en el 78, con las consecuencias que ya conocemos y aún nos alcanzan hasta nuestro tiempo.

Y por último, pero absolutamente necesario ¿que es eso de Estado de excepción? Para dar una definición ligera podríamos decir que es el momento en dónde el poder ejecutivo asume poderes especiales para “proteger la sociedad”; en ese orden de ideas La excepción puede darse en nuestro país por 3 causales, Guerra exterior, Conmoción interior y emergencia económica, social y ecológica y es ahí donde en mi concepto nos encontramos en una situación compleja.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Ustedes se preguntarán qué tiene que ver toda esta carreta con la situación atravesada por el país a partir del 7 de agosto y es precisamente está última, la posibilidad de declaración de emergencia económica, social y ecológica la que debería preocuparnos en este momento ya que frente al desarrollo y paso tranquilo de gobierno a gobierno, el actual decidió no desarrollar un empalme complicando la continuidad y transición pacífica y estable que debe haber entre gobiernos.

La terrible tragedia que enfrentan varias regiones del país por el terremoto y la inoperancia gubernamental actual reflejada en varios factores, partiendo desde la llegada del presidente 3 horas tarde a la instalación del Punto de Mando Unificado en la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, pasando por no tener un gerente en ésta, así como la no solicitud de ayuda a las Naciones Unidas y la no aceptación del apoyo y ayuda extranjeras (que como es sabido las primeras 72 horas son vitales para encontrar sobrevivientes) evidencian un enorme desfase entre lo que necesita la población y lo que vaticina será el próximo cuatrienio en el país.

Lo más complejo es que dentro del poco alcance de mi interpretación, ante está situación terrible que afrontamos como país, la declaración de un Estado de excepción por la situación actual sumado a la no aceptación de ayuda internacional, la minimización de las acciones terroristas por parte de los medios y el claro enfoque en diversas carteras que apuntan en contra de lo construido en 1991, avizore el uso de cualquier recurso (sea político o natural) para excusar y establecer un Estado de excepción (o volver al estado de sitio) que facilite la imposición de políticas en contra de la misma soberanía; vuelve con pasos de gigante la necro política.

También le puede interesar:

Anuncios.

Por Nota Ciudadana

sección de periodismo ciudadano y colaborativo donde cualquier persona puede publicar sus propias historias, denuncias, noticias o relatos de primera mano. Es un espacio abierto para dar voz a miradas regionales y alternativas a los medios tradicionales en este portal independiente colombiano.