El otro hombre que murió el 2 de noviembre de 1995

Hace 23 años fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado. Con él murió un hombre cuya historia se conoce hasta ahora

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noviembre 02, 2018
El otro hombre que murió el 2 de noviembre de 1995
Álvaro Gómez y su esposa Margarita, con sus escoltas. Atrás de Margarita, José del Cristo

«¡Arranque, Luis, arranque!», le dijo José del Cristo al conductor. «¿Qué dice Josesito?», alcanzó a preguntar Luis antes de que empezara la balacera. Apenas vio los vidrios rotos arrancó para la clínica, pero ya era muy tarde.

Uno de los titulares de El Espectador en el que se menciona a José del Cristo Huertas Hastamorir

Con el grito de José del Cristo, Álvaro Gómez supo que lo iban a matar. Subió sus manos para protegerse de la ráfaga de balas y le entró un tiro en cada brazo. Recibió otro tiro en el muslo derecho y uno más, el proyectil mortal, le comprometió el corazón y el pulmón izquierdo. José del Cristo recibió más de diez impactos de bala, la mayoría por la espalda. Quizás porque ese día iba sentado en el puesto que el doctor Gómez usualmente ocupaba y los sicarios dirigieron los disparos hacia su lado. Quizás porque los asesinos pensaron que era escolta y quisieron asegurarse de neutralizarlo para que no reaccionara. Quizás porque se abalanzó sobre Álvaro Gómez para protegerlo, aunque ya no era su escolta, y recibió la mayoría de los impactos. Quizás simplemente cayó sobre el cuerpo de su jefe y recibió la mayoría de los disparos que iban dirigidos hacia él. Lo único cierto es que murió de anemia aguda.

José del Cristo con su familia

Al día siguiente la muerte de Álvaro Gómez era noticia de primera plana. De los treinta y dos artículos publicados en El Espectador sobre el atentado, solo tres mencionaban a José del Cristo. De las cuarenta y cinco condolencias regadas entre las páginas del periódico, cuarenta lamentaban la muerte de Álvaro Gómez y ni una sola estaba dedicada a José Huertas. Asimismo, en la nota en la que se informan los fallecidos del día anterior se mencionaba a Gómez de primeras y en ningún momento aparecía el nombre de su asistente.

José del Cristo Huertas Hastamorir con su arma del escolta

Resulta comprensible que la muerte de José del Cristo no tuviera el mismo impacto que la de Álvaro Gómez, pues este último tenía mayor efecto en la sociedad colombiana por su condición de político y periodista. Lo que sí resulta inaceptable es que la poca información que existe sobre José del Cristo está en muchos casos, incompleta o tergiversada. Por ejemplo, en el artículo de El Tiempo "La última cátedra del profesor Gómez", del 3 de noviembre de 1995, el periodista escribió “Astamorir” sin hache, describió a José Huertas como asistente, escolta y amigo de Gómez, y mencionó que los alumnos de sexto semestre de derecho le decían cariñosamente “el escolta más culto de Colombia”, a pesar de que para ese entonces José del Cristo ya no era escolta. María Isabel Rueda cae en el mismo error cuando habla de Huertas Hastamorir en el capítulo dedicado a Álvaro Gómez de su libro Casi toda la verdad. Dice: “gracias a las notas que tomaba rigurosamente su escolta, la universidad logró reconstruir en tres tomos aquellas clases de humanidades” (Rueda, 2010, p.154). Sin embargo, ni José del Cristo era escolta, ni tomaba notas, ni fue la universidad la que reconstruyó las clases en tres tomos. A pesar de que en el artículo "El abogado que cumplió con su misión de escolta" publicado el 3 de noviembre de 1995 por El Tiempo hay información más completa sobre la vida de Huertas que los casos anteriores, el nombre de la mamá de José del Cristo está mal escrito. Se llama Rita y le pusieron Pita Samoré (El Tiempo, 1995). Los errores de imprecisión sobre José del Cristo, demuestran la falta de cuidado que hubo para narrar, así fuera de manera breve, aspectos de su vida y su muerte. Estos descuidos refuerzan la idea de que se le da más valor a unas vidas que a otras.

En los recuerdos de familiares, amigos y compañeros de trabajo de José del Cristo Huertas Hastamorir vive la historia de hombre sumamente inteligente y disciplinado. La historia de un hombre que se convirtió en abogado mientras era escolta de Álvaro Gómez Hurtado. Un hombre que estudiaba economía, su segunda carrera, en el momento de su muerte. Un hombre que grababa las clases que dictaba Álvaro Gómez en la Sergio Arboleda con el fin de hacer un libro sobre la cátedra de su maestro. Un hombre que dejó un hijastro de 7 y una hija de 2. Un hombre que había cumplido su sueño de entrar a trabajar en el Banco de la República, aunque nunca se enteró de ello.

José del Cristo con sus papás y sus hermanas

Como José del Cristo hay más de ocho millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado y el narcotráfico en Colombia con historias que quizás nunca conozcamos. Entre ellas hay un sin número de escoltas que nadie considera víctimas, como si, al momento de aceptar ser el escudo protector de alguien más, quedaran despojados de su humanidad y perdieran el derecho a que su muerte causara dolor.

*Agradecimiento especial a la familia Huertas Hastamorir y a Socorro Bohórquez por las fotos

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