El montaje contra Lula empieza a desmoronarse

Mensajes filtrados entre agentes judiciales y policiales de Brasil levantaron cuestionamientos sobre la investigación que involucra al expresidente

Por: Manuel Guillermo Jaimes Roa
Junio 12, 2019
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El montaje contra Lula empieza a desmoronarse
Foto: Flickr Cancillería del Ecuador - CC BY-SA 2.0

En 1945 en el pueblo de Caetés, Estado de Pernambuco, en una familia humilde nació un niño que años después se volvería obrero metalúrgico, sindicalista y posteriormente presidente de la república de Brasil: Luiz Inácio Lula da Silva. En la década del 80, su activismo político lo llevó a ocupar la presidencia del sindicato de trabajadores metalúrgicos y desde allí fue uno de los principales dirigentes políticos que enfrentó la dictadura militar, siendo uno de los factores que aceleraron la caída de aquel régimen.

En 1989, 1994 y 1999 fue candidato a la presidencia del país. Cualquiera después de perder tres veces seguramente abandonaría, pero Lula no. Motivado por su amor al pueblo brasileño, a la justicia y convencido de poder ayudar a transformar Brasil en un país mejor, no dejó de insistir y luchar. Fue así que en el 2002, en su cuarto intento, aquel pernambucano llegó al Palácio do Planalto. Con él llegaba también ese pueblo olvidado, explotado y maltratado por las élites herederas del dominio colonial.

Recuerdo que tenía 17 años, era un activista estudiantil y vivía en el municipio de Floridablanca (Santander, Colombia) cuando escuché hablar por primera vez de aquel dirigente político nordestino. Entonces, no sé cómo uno de los compañeros del movimiento estudiantil consiguió un pin del PT y me lo regaló. Entendíamos nada de portugués pero aun así queríamos escuchar lo que aquel personaje tenía por decir no solo a Brasil sino a América Latina y al mundo entero. Recuerdo ver unas pocas imágenes de los grandes medios que reseñaban la victoria y mostraban la celebración del pueblo brasilero y nosotros, allí, cerca y distante al mismo tiempo de Brasil, celebramos en nuestros corazones.

Lo que significó la llegada del PT al gobierno se conoce muy bien. El PIB per cápita se triplicó y la cobertura en educación, salud y saneamiento básico aumentó significativamente. Cerca de 30 millones de personas salieron de la pobreza en menos de una década, lo que sin ninguna duda es una hazaña magnífica. Brasil creció y mejoró en muchos aspectos, tanto que, se convirtió en un gran actor relevante a nivel mundial.

Lula dejó la presidencia del país dejando una marca inconfundible de que era posible acabar con la desigualdad y la pobreza. Solo hace falta voluntad política, determinación y valor para llevar progreso y bienestar a la población. La política debe estar al servicio de la gente y no para el beneficio económico de unos pocos. Así, cuando acabó su mandato lo hizo gozando de una popularidad cercana al 80% y un prestigio a nivel internacional indiscutible.

Terminado su mandato quien lo vino a suceder fue Dilma Rousseff, quien fuera una de sus ministros estrella. Pero con la continuación del PT en el poder muchos sentían que su poder e intereses se verían afectados. Brasil se había convertido en la sexta economía mundial, y lo había hecho repartiendo la renta, disminuyendo la desigualdad y eso parece que molestó a una élite acostumbrada a privilegios extravagantes. Que dentro del PT y junto a él hubo corrupción es algo innegable, pero que Lula fuera un corrupto no es cierto.

Cuando vimos que lo acusaban de corrupción, diciendo que había recibido un apartamento que dicho sea de paso nunca fue terminado de construir, sino que está a medio hacer, cayéndose a pedazos, y que no hay ninguna prueba que fuera para Lula, nadie creyó que dicha acusación fuera a dar ningún resultado, pues no había razón. Sin embargo, para sorpresa del mundo entero, vimos cómo un tal Sergio Moro lo condenaba y después como fueron negando todos sus recursos.

¿Qué ocurría? Sencillamente tenían mucho miedo. Sabían que si Lula se presentaba a las elecciones ganaría y con eso se le acabaría la juerga a esa élite parásita. Decretaron su encierro, prohibieron que fuera entrevistado, lo demonizaron. Todo fue una estrategia para que ganara la extrema derecha, radical y bruta que encarna Bolsonaro. El responsable de esa persecución política contra Lula fue Sergio Moro a quien recompensaron con nombrarlo ministro. Pero ahora todo ese montaje contra Lula se empieza a caer.

En un reportaje este domingo 9 de junio, The Intercept Brasil reveló conversaciones por mensajería celular entre el tal juez Sergio Moro, el fiscal Deltan Dallagnol y otros personajes encargados de la operación Lava Jato. En los mensajes se lee con claridad que lo que ha dicho Lula es cierto. Todo es un montaje. Una persecución política en su contra.

Ahora Moro, Dallagnol, Bolsonaro y demás están con miedo pues saben que poco a poco se va descubriendo la verdad. Aún quedan muchos mensajes por revelar y saben que una vez estos se publiquen el pueblo les hará pagar la ofensa y que aquel líder político de origen pernambucano regresará.

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