Sin titubear José Manuel Restrepo soltó una incomoda pregunta : ¿está la ONU respondiendo con suficiente eficacia a los problemas para los que fue creada?

 - El mensaje con crítica incluida que envió De La Espriella con su vicepresidente a la ONU

José Manuel Restrepo llegó este jueves 24 de septiembre al estrado de Naciones Unidas con una tarea que, en realidad, tenía dos nombres: representar a Colombia ante el mundo y poner en palabras la visión de Abelardo de la Espriella. El presidente no viajó a Nueva York, en cumplimiento de su promesa de campaña de no salir del país durante sus cuatro años de gobierno. La escena convirtió al vicepresidente en el rostro del nuevo Gobierno colombiano ante la Asamblea General.

La postal ya venía con un detalle poco habitual. Restrepo había llegado a Nueva York en un vuelo comercial de Avianca, en clase económica y en el asiento del medio, una imagen que circuló ampliamente antes de su intervención. Durante el trayecto, según reportó El Colombiano, trabajó en la preparación de su participación durante las casi seis horas de vuelo.

Pero la verdadera particularidad estaba por venir. En la sala de la ONU, Restrepo no habló solamente de Colombia: puso sobre la mesa algunas de las críticas más fuertes que el nuevo Gobierno ha dirigido al sistema multilateral. Y lo hizo desde el propio escenario que cuestionaba.

El discurso comenzó mirando hacia adentro. Restrepo recordó el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto en San José del Palmar, Chocó, una emergencia que golpeó al Gobierno apenas tres días después de su posesión. El mensaje fue presentado como una prueba temprana de la capacidad de respuesta de la nueva administración: “Había que actuar y actuamos”. También hubo un agradecimiento a los países y organismos que enviaron ayuda tras la tragedia.

Después vino el tema que atraviesa buena parte del discurso: la seguridad. El Gobierno planteó como prioridad recuperar el control territorial, restablecer la autoridad del Estado y enfrentar a las estructuras que califica como terroristas. En paralelo, Restrepo presentó el narcotráfico como un problema que desborda las fronteras colombianas y pidió a la comunidad internacional asumir su parte de responsabilidad.

La economía ocupó otro de los grandes bloques. Desde el atril, Restrepo lanzó una invitación directa a los inversionistas internacionales: “Miren a Colombia”. Habló de los dos océanos, la biodiversidad, las tierras productivas, los recursos energéticos y la ubicación geográfica del país como argumentos para atraer capital. La apuesta fue presentada bajo la idea de una “Economía milagro”, conectada con la llamada “Patria milagro” que promueve el Gobierno.

La tecnología también apareció en el libreto. El Gobierno dijo que Colombia no quiere quedarse mirando desde la gradería la transformación tecnológica y planteó fortalecer la formación de jóvenes en inteligencia artificial, robótica y ciencia de datos.

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El momento más llamativo llegó cuando Restrepo habló de Naciones Unidas frente a la propia Asamblea. “He sido crítico de esta organización”, dijo, al explicar que las objeciones del presidente no nacen, según el discurso, de una animadversión sino de razones políticas, institucionales y doctrinales. La pregunta quedó flotando en el recinto: ¿está la ONU respondiendo con suficiente eficacia a los problemas para los que fue creada?

El cuestionamiento fue más allá de una frase política. Restrepo puso en duda el peso de la burocracia internacional y preguntó si se están dedicando demasiados recursos y energía a administrar procedimientos y muy poco a resolver problemas. La crítica resulta especialmente significativa porque Colombia mantiene su participación en los organismos multilaterales, mientras el Gobierno busca al mismo tiempo una reforma de su funcionamiento.  

Los derechos humanos también tuvieron espacio. El mensaje sostuvo que Colombia seguirá defendiéndolos, pero rechazó que puedan convertirse en herramientas utilizadas selectivamente contra unos actores y no contra otros. La administración habló de una defensa que pretende presentar como coherente y no sometida a cálculos políticos.

La escena tuvo, además, una lectura política evidente: por primera vez el Gobierno de De la Espriella presentó su visión internacional ante el principal foro multilateral del planeta, pero lo hizo sin el presidente. La ausencia fue explicada por su promesa de no salir de Colombia y generó críticas de sectores de oposición, que cuestionaron que la representación recayera en el vicepresidente.

Al terminar, Restrepo se comunicó con De la Espriella. Según algunos medios, el vicepresidente le dijo que sus palabras habían sido bien recibidas y que el cierre había quedado “muy lindo”. El presidente, por su parte, había delegado en él no solo la lectura del discurso, sino buena parte de la proyección internacional de su Gobierno, algo que parece opacar las tareas del propio canciller.

Así terminó la primera gran postal internacional del nuevo Gobierno: un vicepresidente sentado ante Naciones Unidas, leyendo un discurso presidencial que agradece la solidaridad internacional, pide cooperación contra el narcotráfico, busca inversionistas, habla de inteligencia artificial y, al mismo tiempo, le pregunta a la propia ONU si está haciendo suficientemente bien el trabajo para el que fue creada. Más que un discurso de ruptura fue una declaración de intenciones: Colombia quiere estar en la mesa multilateral, pero el Gobierno de De la Espriella quiere discutir las reglas de esa mesa.

Desde la barrera, la embajadora en Estados Unidos, María Consuelo Araujo, tomó nota y el embajador ante la ONU, Mauricio Gaona Bejarano graficó los hitos del discurso.

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