Por primera vez un recinto cultural de Suramérica logra el sello internacional de sostenibilidad B Greenly. El reconocimiento quedó en Bogotá y marca un punto de referencia para la industria del entretenimiento en vivo en la región. El Vive Claro Distrito Cultural se convirtió en el primer lugar de eventos de Colombia y del continente en obtener esta certificación, después de atravesar un proceso de auditoría independiente y una validación técnica especializada que examinó cada aspecto de su funcionamiento.
La certificación no fue un trámite simbólico. El proceso implicó una revisión técnica integral que puso bajo la lupa la manera en que el recinto opera en el día a día. Se evaluaron sus procesos operativos, la infraestructura física, los esquemas de gobernanza, el control de impactos ambientales y sociales, la trazabilidad documental y los mecanismos implementados para garantizar mejoras continuas. No se trató únicamente de revisar protocolos escritos, sino de comprobar que existan sistemas medibles, verificables y sostenibles en el tiempo.
La evaluación se estructuró en cuatro grandes dimensiones. La primera, Infraestructura y Operaciones, analizó cómo el espacio gestiona recursos, energía, residuos y logística en eventos de gran formato. La segunda, Gestión y Gobernanza, revisó la estructura organizacional, la toma de decisiones y los mecanismos de control interno. La tercera, Entorno y Sociedad, examinó la relación con comunidades, aliados y cadena de valor. Finalmente, la dimensión de Evaluación y Mejora Continua midió la capacidad del recinto para documentar procesos, monitorear resultados y corregir desviaciones con criterios técnicos.
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Superar ese examen posiciona a Colombia en una conversación que ya forma parte de la agenda de las grandes capitales del entretenimiento. En mercados como Europa y Norteamérica, la sostenibilidad dejó de ser un discurso y se convirtió en un estándar exigible para arenas, estadios y centros culturales. Con este paso, Bogotá entra en esa lógica global donde los espectáculos masivos no solo se miden por su taquilla o su cartel, sino también por la manera en que gestionan su impacto.
B Greenly, el estándar que otorgó el reconocimiento, es operado por una organización privada con sede en Barcelona y presencia en más de treinta países. Su metodología está especializada en eventos y venues, y se basa en auditorías independientes que concluyen con la emisión de un informe técnico oficial. El sello no se entrega por declaración de intención, sino por evidencia documentada y verificada.
El Vive Claro Distrito Cultural, operado por OCESA Colombia en Bogotá, fue concebido como un espacio para experiencias masivas con altos estándares operativos. Su modelo combina producción de gran formato con procesos estructurados y trazables. Detrás de cada concierto o evento hay una red de logística, planificación técnica y coordinación con proveedores que ahora cuenta con un marco certificado de sostenibilidad.
El reconocimiento también refleja una transformación interna. Integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza implica ajustar rutinas, capacitar equipos, documentar procedimientos y establecer indicadores. La certificación confirma que esas prácticas no son aisladas ni coyunturales, sino parte de un sistema de gestión permanente.
En una industria que moviliza miles de personas por evento y activa cadenas económicas amplias, contar con un estándar internacional introduce nuevas exigencias y también nuevas oportunidades. Para Bogotá, significa proyectarse como un epicentro cultural que adopta reglas globales. Para el sector en Colombia, abre una referencia concreta de cómo operar bajo parámetros medibles y auditables. La llegada de B Greenly a Suramérica no solo distingue a un recinto. Marca un precedente para otros escenarios culturales que quieran alinearse con estándares internacionales y demuestra que la sostenibilidad, en el entretenimiento en vivo, ya no es un valor agregado opcional sino una condición que empieza a definir el futuro de la industria.
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