No fue una cumbre más. Fue, más bien, una advertencia con forma de documento. En medio de un país que ya empieza a calentar motores para las elecciones de 2026, los gobernadores decidieron dejar de pedir y empezar a escribir. Literalmente.
En la reciente Cumbre de Gobernadores convocada por la Federación Nacional de Departamentos (FND), el mensaje fue claro: las regiones no quieren volver a ser un capítulo secundario del próximo gobierno. Por eso, en lugar de discursos sueltos, construyeron un “libro blanco”, un documento que recogerá las principales exigencias del territorio y que será entregado tanto al próximo presidente como al nuevo Congreso.

La escena no fue menor. En un mismo espacio coincidieron mandatarios regionales, candidatos presidenciales y actores clave del país político, en un momento que dejó ver no solo propuestas, sino tensiones. Porque detrás del evento hay algo más profundo: un reclamo que lleva años acumulándose frente al centralismo.
El libro que busca cambiar la relación con Bogotá
El llamado “libro blanco” no nació de un día para otro. Es el resultado de varios encuentros regionales que la FND ha venido realizando en distintas zonas del país, en los que participaron gobernadores, alcaldes, congresistas, academia y empresarios. La idea: construir una hoja de ruta que obligue al próximo gobierno a mirar hacia las regiones. No como discurso, sino como política pública.
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El documento se organiza alrededor de tres grandes ejes: descentralización y autonomía territorial, fortalecimiento de las finanzas locales y cohesión para el desarrollo regional.
No son temas nuevos, pero sí insistentes. Los gobernadores vienen reclamando desde hace años mayor capacidad de decisión, más recursos y menos dependencia del nivel central. En palabras de la presidenta de la FND, Rafaela Cortés, la intención es que “las regiones dejen de ser un discurso y se conviertan en prioridad real del gobierno”.
En el marco del encuentro #LasRegionesProponen #RegiónPacífico, la gobernadora del Valle del Cauca @GobValle, @DilianFrancisca, destacó que “el Libro Blanco #LasRegionesProponen es fundamental para que los candidatos a la Presidencia conozcan de primera mano las problemáticas de… pic.twitter.com/Gm2D08QFXe
— FND - Federación Nacional de Departamentos (@FNDCol) April 20, 2026
Y ahí está el punto clave: el libro blanco no es solo un diagnóstico, es una especie de contrato anticipado. Un documento que los candidatos presidenciales deberán leer, responder y, eventualmente, incorporar en su plan de desarrollo.
Una cumbre que también mostró las tensiones políticas
Pero la cumbre no fue solo técnica. También tuvo momentos que dejaron ver cómo se está moviendo el tablero político.
Al encuentro asistieron varios aspirantes presidenciales como Claudia López, Sergio Fajardo, Roy Barreras, Paloma Valencia y Luis Gilberto Murillo, quienes tuvieron que escuchar de primera mano las exigencias de los territorios.

No todos estuvieron. La ausencia de Iván Cepeda generó ruido y críticas desde algunos sectores, evidenciando que la relación entre las regiones y ciertos sectores políticos sigue siendo distante.
Más allá de nombres, lo que quedó claro es que los gobernadores quieren interlocución directa. Ya no basta con promesas de campaña. Buscan compromisos concretos.
Durante las discusiones se pusieron sobre la mesa temas sensibles: autonomía fiscal, salud, seguridad, turismo e infraestructura. Incluso se habló de cifras que dejan ver la magnitud del debate: avanzar hacia una mayor descentralización podría implicar ajustes de hasta $11 billones en el nivel central, pero permitiría a las regiones gestionar hasta $32 billones adicionales para inversión. Es, en el fondo, una discusión sobre poder.
Las regiones quieren dejar de esperar
La cumbre también dejó una sensación que va más allá del evento: las regiones están cansadas de esperar. El discurso ya no es solo técnico, es político. Los gobernadores sienten que, sin importar el gobierno de turno, el país sigue funcionando desde Bogotá, mientras los territorios cargan con problemas estructurales sin herramientas suficientes para resolverlos. Por eso, el libro blanco aparece como una jugada estratégica.
No solo organiza las demandas, sino que las pone en el centro del debate electoral. Obliga a los candidatos a pronunciarse, a fijar postura y a comprometerse. En un año preelectoral, ese movimiento no es menor. Porque si algo dejó claro la cumbre es que las regiones ya no quieren ser invitadas de piedra en la discusión nacional. Quieren ser protagonistas. Y esta vez, decidieron escribir su propio libreto.
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