"El lenguaje inclusivo es una güevonada": Gustavo Álvarez Gardeazábal

“Yo no me arrodillé ante la revista 'Mito', la revista 'Eco' y todo ese elenco de críticos que que creían que las novelas de la provincia eran baratas y malas"

Por: Albeiro Arciniégas
septiembre 10, 2021
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Foto: cortesía

Por estos días se cumplen 50 años de la publicación de Cóndores no entierran todos los días, la obra cumbre de Gustavo Álvarez Gardeazábal, novela que retrata los años terribles de la violencia en Colombia. El escritor tulueño afirma que la escribió en la ciudad de Pasto, en las heladas aulas de Torobajo, en la Universidad de Nariño. Él conserva nítidos los recuerdos de sus experiencias en el sur del país.

“En Pasto pasé los años más felices de mi vida. Hace 52 años era una ciudad completamente atrasada, de pocas calles pavimentadas, abandonada por el país, con el mismo aeropuerto portaviones que ha tenido siempre. Allí fui recibido con los brazos abiertos y tuve el patrocinio del maestro Ignacio Rodríguez Guerrero, la máxima figura cultural de la historia de Pasto, a quien los pastusos de entonces no alcanzaron a entender en toda su dimensión”.

Álvarez Gardeazábal adelantó una tesis de grado sobre la novelística de la violencia en Colombia, preludio para la escritura de su obra emblemática. Comparó la novela de la violencia en Colombia con la novela de la revolución mexicana y eso le sirvió para encontrar la clave, el método adecuado para narrar Cóndores. Además, leyó 252 novelas que hoy reposan en la biblioteca de la Universidad del Valle antes de iniciar ese proceso de escritura.

“Yo no me fui a arrodillar en Bogotá ante la revista Mito, la revista Eco, ante el señor Cobo Borda y todo ese elenco de críticos que vivían hablando mal de quienes escribíamos en la provincia, que creían que las novelas de la provincia eran baratas y malas y que las novelas de la violencia ya no deberían escribirse”, dice Gustavo.

Y agrega: “Yo me encargué –y de eso si me siento infinitamente orgulloso– de demostrarles a esos culiparados que el asunto era muy distinto y que la novela no se había escrito y que yo la iba a escribir, el resultado final una obra que hace cincuenta años se está editando, se está estudiando, se está investigando y, sobre todo, se está leyendo”.

Para Álvarez Gardeazábal la gente le cogió cariño a Cóndores no entierran todos los días, pues la novela hoy forma parte de la estructura literaria del país permitiéndole a su autor abrirse un espacio importante como verdadero ícono de la literatura nacional.

Y es en este fervor de reimpresiones (una de ellas de lujo), de renovadas lecturas y análisis de Cóndores donde el escritor tulueño expresa su concepto sobre el llamado “lenguaje inclusivo”, defendido por sectores radicales, pero de precario conocimiento lingüístico y no pocas y ridículas acciones. (Dígame compañere, yo soy su compañere, no su compañera, decían por ahí en medio de sollozos histéricos y desaforados).

Pues bien. Para Gustavo Álvarez Gardeazábal el lenguaje inclusivo “es una güevonada y para las güevonadas no hay nada. Porque el lenguaje se hizo de acuerdo a unas necesidades de la oralidad y no por medio de un pensamiento ideológico que lo obligara. Y aquí están pretendiendo que el lenguaje debe ser ideológico, lo cual es una soberana equivocación”.

Palabras claras y directas con que el escritor y exgobernador del Valle del Cauca se une a otras voces como la del premio nobel de literatura Mario Vargas Llosa, quien lo tildó de aberración, o a la de múltiples académicos que se muerden los labios y sonríen con cierta pena al escuchar la singular propuesta.

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