Independientemente de quien resulte electo presidente de Colombia en las próximas elecciones, a estas alturas ya hay un hecho irrefutable: el gran fenómeno de esta campaña es Abelardo De La Espriella.
Hace seis meses muy pocos colombianos tomaban en serio al abogado monteriano. Unos lo veían como una mala imitación de Bukele que no implicaba mayor peligro y otros como un “corroncho” folclórico y locuaz al que no había que pararle muchas bolas
Pero ahora todo el mundo se lo toma en serio. Y es apenas natural: las encuestas demuestran que tiene serias opciones no solo de llegar a la segunda vuelta sino de ser el próximo presidente de Colombia.
De acuerdo con la más reciente medición de Yarumo, divulgada por El Tiempo la semana anterior, Iván Cepeda apenas le saca diez puntos de ventaja en la primera vuelta (37,1% frente a 27,5%) y en la segunda ‘el Tigre’ doblegaría al candidato oficialista.
En la de Invamer, contratada por el canal Caracol, no le va tan bien a Abelardo pero muestra un crecimiento de diez puntos frente a la medición anterior.
Esta situación tiene muy nervioso al petrismo, que hasta hace poco estaba haciendo fuerza para que Abelardo fuera el oponente de Cepeda en una eventual segunda vuelta presidencial, porque consideraba que este era un rival más fácil de vencer que Paloma Valencia.
Los petristas creían que Paloma y su fórmula Juan Daniel Oviedo podían conquistar muchos votos de centro mientras que a Abelardo le costaría mucho seducir a esos votantes.
Pero ahora se han dado cuenta de que, como dice el periodista Mauricio Ríos, Abelardo podría ser presidente, incluso sin contar con el apoyo de los electores del centro.
Y no se equivocan.
De hecho, Javier Milei y Donald Trump llegaron a la presidencia de sus países sin hacer el menor esfuerzo por congraciarse con la gente del centro. Al contrario, radicalizaron su discurso y eso le gustó al electorado.
Abelardo está aplicando la misma estrategia. No ha movido un dedo para seducir a los centristas y no se ha movido un milímetro en su discurso antiizquierda y en favor de la seguridad y orden.
No se ha movido un milímetro en su discurso antiizquierda y en favor de la seguridad y orden.
Lo que está aconteciendo con De la Espriella se parece a lo que ocurrió en el 2002 con Álvaro Uribe. En ese entonces Colombia vivía un verdadero caos, tras el intento de paz de Andrés Pastrana, tan bien intencionado como ingenuo.
La gente prácticamente no podía salir de las ciudades porque se arriesgaba a caer en una de las “pescas milagrosas” que se inventó alias Romaña.
Las Farc estaban envalentonadas y ejercían la autoridad en buena parte del territorio nacional. Incluso se dieron el lujo de tomarse una capital de departamento, Mitú, y de permanecer allí varios días. El Estado estaba arrinconado y la población, muerta del miedo.
Entonces apareció Uribe enarbolando la bandera de la Seguridad Democrática y asumiendo el compromiso de devolverle la tranquilidad al país. Que era justo lo que la gente quería. Esa promesa le bastó a Uribe para ganar la Presidencia en primera vuelta.
Me da la impresión de que con De La Espriella está ocurriendo algo similar.
Colombia está sumida en el caos por cuenta de la fracasada paz total de Petro.
Los grupos armados ilegales, que ahora son varios, aprovecharon la generosidad que Petro les ofreció para fortalecerse. Tal como hicieron las Farc con Pastrana. Y la gente está mamada de que todas las semanas haya un atentado, un ataque o una masacre.
Como en el 2002, la situación ahora se tornó propicia para alguien que ofreciera poner orden en semejante despelote. Y apareció el Tigre De Las Espriella con su propuesta de “darle duro a los terroristas”. Mejor dicho, sintonizando con el sentir popular.
“Los voy a cazar como las alimañas que son”; “Petro todo esto es tu culpa, entregaste el país y el suroccidente a los bandidos”; “ordenaré bombardear todos los campamentos antiterroristas”; “Vamos a imponer la mano de hierro del Estado del estado contra los narcoterroristas”, son algunas de las frases que De La Espriella repite a donde va.
Con esas frases y con esa actitud firme contra los terroristas, ha logrado conquistar a millones de colombianos. Y con cada atentado que perpetran los terroristas, Abelardo gana miles de simpatizantes.
Al creciente contingente de abelardistas le importa un pito que su caudillo no tenga experiencia en lo público ni haya desempeñado ningún cargo en el Estado.
Al contrario, ven esa inexperiencia como un “plus” porque consideran que De la Espriella no está contaminado con la peste de la politiquería.
Independientemente de lo que ocurra este domingo, la estrategia de Abelardo ha sido muy afortunada para él porque el éxito en política no consiste en estar muy preparado, ni en tener mucha experiencia, ni siquiera en tener mucha plata, sino en decir lo que el electorado quiere ir. Y decirlo de una forma “firrrrme”
Del mismo autor: La mala noticia que tiene desvelados a Cepeda y a Petro
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