La génesis del drama que hoy rodea al alcalde de Medellín

"No es EPM y sus finanzas. No son las aseguradoras o las juntas directivas representando intereses privados. No son los contratos tan auditados en esta pandemia"

Por: JULIAN ESTEBAN PUERTA BOLIVAR
septiembre 03, 2020
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La génesis del drama que hoy rodea al alcalde de Medellín
Foto: Twitter @QuinteroCalle

La génesis de todo esto que hoy le pasa a Quintero Calle es el día 27 del mes 10 del año 19, aunque gustándome más 27:10-19, emulando un pasaje de la biblia; después de todo lo que ese día pasaba en Medellín era casi bíblico, la batalla de David contra Goliat, aunque para ser más precisos David contra el primogénito de Goliat.

Aquel día las pasiones caldeaban. Era un domingo de elecciones que evocaba las historias de nuestros abuelos, donde políticos prohombres, símbolos de esperanza, sin más ninguna otra arma que sus propuestas e ideas lanzadas al aire en discursos pasionales, luchaban contra las mafias atrincheradas en el poder.

En otrora quedaron estos paisas casi federales que lideraron nuestra ciudad buscando el bienestar social y no personal o de privados. Estábamos ahora en manos de unas cuantas cuestionables familias, rotándose el poder entre ellas en una simulación bien orquestada de democracia.

Pero aquel domingo la cadena se rompió, el electorado respondió a favor de un cambio llamado Daniel Quintero; definir por qué gano es largo y tendido, que no es el fin de esta columna, ni tampoco relevante para explicar por qué su triunfo tiene hoy tan peculiarmente unida a la clase política y politiquera más tradicional de estas tierras antioqueñas.

La razón de esta unidad es fácil: el miedo. El miedo los hace abrazarse, difamar juntos al unisono y en consenso; pero no los culpo, el pánico ante lo desconocido, inesperado y tan fuera de su control es un instinto natural y primitivo. Y no era para menos, pues un muchachito del tricentenario se les coló por el centro a los dos favoritos y marcó un gol histórico en votación. Las apuestas seguras fallaron. El trono no sería heredado como lo dictaba la tradición a voces; el piso doce tendría a su cabeza un ocupante sin pedigrí.

La administración se instauró y a la par se iban dando ataques esporádicos y nada coordinados, mas pasionales que racionales. Magistral ejecución de contratos con sentido social ponía a Quintero número uno en el país como el alcalde con mejor imagen, reconocimiento que a este lo recargaba pero que a los huérfanos del poder asustaba; y no por ser Quintero el alcalde, sino por el cambio que este simbolizaba y el mensaje que podía dar para futuros comicios.

Con esta premisa entonces la tarea era clara, la plaga debía controlarse; un cuatrienio sin participación burocrática era impensable después de años de amamantarse de la teta del estado. Ya fijada la meta, el siguiente paso era hallar el momento crucial para empezar el ataque sistemático contra la administración de Quintero, el paria usurpador.

Lo que siguió ya todos lo conocemos. Las fuerzas de lo oscuro tuvieron su florero de Llorente y ahora utilizan la figura de la veeduría para mimetizarse entre la ciudadanía del común; pero su movimiento más político que veedor no puede librarse de ese hedor a venganza por el domingo de los caídos, aquel 27:10-19.

Vendrán más ataques, buscarán enlodar la imagen del alcalde, igualarlo a ellos y su prontuario. Necesitan que para los ojos de la gente ese abismo moral que los separa desaparezca y lo vean como un político más, no como el símbolo de esperanza que en verdad es.

Señor alcalde, adueñándome de las palabras de Cervantes, "si los perros ladran es porque vamos avanzando". Continúe así, que usted es el primero de muchos Danieles y a eso le temen.

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