El fracaso de las políticas educativas en Colombia

'Estas siguen la ruta trazada desde el inicio de la década de los noventa'

Por: Camilo Rincón López
junio 14, 2016
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El fracaso de las políticas educativas en Colombia

Nunca antes la educación en Colombia había suscitado tanto interés. La gestión de Gina Parody en el Ministerio de Educación Nacional, a veces más mediática que efectiva, ha despertado la atención de múltiples sectores. Podríamos, entonces, mencionar las publicaciones e intervenciones del Partido Verde y del Polo Democrático Alternativo, así como el rechazo de Fecode frente a estrategias como El Día E (Día de la Excelencia Académica). No es para menos, las políticas educativas implementadas hoy en el país siguen la ruta trazada desde el inicio de la década de los noventa: La declaración mundial sobre educación para todos (Jomtien 1990), luego de reunir a representantes de todo el mundo, redujo las preocupaciones educativas a la preocupación por el desarrollo económico; desde entonces, las políticas en educación de los países de América Latina no han escapado a dicha orientación, por lo que resulta cada vez más fácil desvelar intereses privados en la agenda educativa. Ejemplos de esto los encontramos en documentos como el Informe Nacional de Competitividad o Educar para transformar del Banco Interamericano de Desarrollo, entre muchos otros. Sin embargo, no es la estrecha relación entre educación y economía el único obstáculo de las políticas implementadas en torno a la calidad, sino que podríamos mencionar, asimismo, otros factores que, al no ser considerados, nos conducen inevitablemente al fracaso como sociedad.

Carlos Cantú, de la Universidad de Cuyo, en la investigación presentada bajo el título La calidad educativa en Argentina desde una perspectiva económica (2012), expone una postura más que inquietante; el documento, que apenas alcanza las cincuenta páginas, se sustenta en la idea de que alrededor de la calidad educativa existen variables dependientes e independientes: las primeras, susceptibles de ser manipuladas por la política y,  de manera opuesta, las segundas, que se resisten, por su naturaleza, al control de las políticas vigentes. Nos interesa, en este sentido, señalar cuáles son estas variables independientes y por qué determinan la calidad educativa, sin embargo, es necesario aclarar antes que el estudio en mención parte de los resultados de los estudiantes en los exámenes PISA; así, la variable dependiente, en el marco de la investigación, es el resultado de las pruebas en el área de lenguaje para el año 2009, y las variables independientes son dos: características del estudiante y contexto de la escuela (la investigación expone una variable más).

¿Cómo entender cada variable independiente?, ¿qué implicaciones tiene que tanto las características del estudiante como el contexto de la escuela queden por fuera del control de la autoridad educativa? Pues bien, dentro de las características del estudiante, y basados en investigaciones anteriores, es posible encontrar que el género es un determinante de los resultados: las niñas han mostrado un mejor desempeño en este tipo de pruebas. Asimismo, el nivel educativo de los padres y los refuerzos que reciben los niños fuera del colegio tienen un impacto importante. Por otro lado, el contexto de la escuela, si es privada o pública y su tamaño, también determina la eficacia de la política educativa.

La gestión del Ministerio de Educación se ha centrado en consolidar la fórmula internacional, que establece que a la educación no se accede por derecho sino por mérito. Del mismo modo, la preocupación exacerbada por estandarizar los procesos educativos nos ha impuesto, a los profesores y a toda la comunidad educativa, un lenguaje cada vez más financiero y menos educativo. Eficiencia, eficacia, rendimiento, incentivo, productividad, son los conceptos que se hacen cotidianos en nuestras escuelas y, en consecuencia, nos alejan de la calidad tan pretendida por el Ministerio en representación del gobierno. Las políticas educativas de calidad, entre tanto no reconozcan la educación como un proceso que compromete a la totalidad de la sociedad, no obtendrán los resultados que, por lo menos en el discurso, persiguen. No es posible, de acuerdo con lo expuesto, implementar una política que desconoce el origen familiar del estudiante; no es viable una política que asume la educación como un proceso masivo que nada tiene que ver con el contexto. A este respecto, quizás conviene señalar una de las conclusiones del autor de la investigación que se ha venido mencionando: políticas orientadas a mejorar los ambientes familiares, tendrían, acaso, una mayor repercusión en la calidad educativa.

 

 

 

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