El espejismo voluntarista de los supuestos del plan nacional de desarrollo

Parece que el gobierno le apuesta a un mayor crecimiento con estabilidad de precios y las rentas petroleras de antaño, ignorando el lastre de la reforma tributaria

Por: Edilberto Rodríguez Araújo
febrero 19, 2019
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El espejismo voluntarista de los supuestos del plan nacional de desarrollo
Foto: Twitter @IvanDuque

 

El gobierno de Duque ha radicado en el Congreso Nacional el articulado del proyecto del plan nacional de desarrollo, documento que recorrerá la ruta dispuesta en la Ley 152 de 1994 hasta ser aprobado en mayo de este año. El voluminoso documento de las bases del plan que supera las 900 páginas sigue los cánones de la planificación convencional: diagnóstico, objetivos, estrategias, programas, metas acumulativas, sustentándose en indicadores de producto y resultado, acompañado del plan de inversión cuatrienal, calculado en $1.096 millones. De otro lado, el denso documento se desdobla en 107 artículos del proyecto de ley Pacto por Colombia, pacto por la equidad, cuyos pilares son la legalidad, emprendimiento y equidad.

Como era previsible, este articulado es una verdadera caja de Pandora y ha provocado controversia y crispación. Uno de los temas más polémicos que, al parecer ha sido promovido por varios exministros de Hacienda, es la pretendida unificación de la programación, elaboración, presentación y modificación del presupuesto general de funcionamiento e inversión (artículo 35) en el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), lo que ha sido denominado por el excodirector del Banco de la República, Adolfo Meisel como una “aplanadora tecnocrática”, despojando al Departamento Nacional de Planeación (DNP) de sus funciones técnicas y convirtiéndolo en un apéndice de la ortodoxia fiscalista del MHCP, pues sólo se dedicará a evaluar el amplio espectro de las políticas públicas

De otra parte, el gobierno actual, cuya popularidad se ha ido prematuramente en picada, está exhibiendo cierto espejismo voluntarista al prever un comportamiento de la economía que desborda cualquier escenario realista. En efecto, recientemente el presidente Duque anunció que el año 2018 había cerrado con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 3,4% en el cuarto trimestre, no obstante que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) advirtió en su portal de internet, que se había demorado la divulgación de las cuentas económicas definitivas hasta finales de febrero.

Como se sabe, a raíz de la destorcida del precio internacional del petróleo en 2014, el ritmo de crecimiento económico se ha ralentizado, al pasar de 4,7% en ese año a 1,8% en 2017. Durante ese periodo la economía creció en promedio en 2,9%. Las expectativas gubernamentales es que la difusa y errática economía naranja sea el sector jalonador (denominado en las cuentas nacionales como “Actividades artísticas, de entretenimiento y recreación), cuando en el tercer trimestre de 2018 sólo creció en 1,6%. Así las cosas, vaticinar un aumento sostenido en los próximos cuatro años es creer en las cuentas de la lechera. Paralelamente, no obstante que la meta de inflación se ha fijado en 3%, la evidencia muestra que los precios de la canasta familiar han escalado, situándose por encima de este nivel, fluctuando, por ejemplo, entre 2015 y 2018, de 6,7 a 3,2 %.

Supuestos macroeconómicos del plan nacional de desarrollo:

A juzgar por los pronósticos sobre la trayectoria del dólar estadounidense, que bordeará el umbral de los $3.000, estos se apartan de las tendencias del mercado cambiario que muestran no una devaluación suave sino una depreciación acelerada del peso colombiano, comoquiera que al finalizar 2019 el tipo de cambio fue de $3.249. El promedio anual de la tasa de cambio fue de $2.956. Estos guarismos no se alinean con las predicciones del principal centro de investigación del país, Fedesarrollo, que prevé en este año un crecimiento de 3,3% y una cotización del dólar de $3.150.

De otra parte, las expectativas del precio internacional del petróleo, ante una producción de hidrocarburo declinante, están en un rango entre 60 y 63 dólares, a pesar que al cierre de 2019 promedio 75 dólares (cifra distante a la incluida en el documento del DNP) y se han mantenido en ese nivel, atribuido, en gran parte, a la disminución de la presión sobre la oferta mundial.

En fin, todo parece indicar que el gobierno nacional le está apostando a un mayor crecimiento con estabilidad de precios y las rentas petroleras de antaño, ignorando el pesado lastre de la reforma tributaria sobre el consumo interno, fuente determinante de la menguada expansión de la economía colombiana. El rebrote del desempleo en 2018 (9,7%), que contrasta con la caída esperada de este indicador al finalizar el cuatrienio en curso (8%), puede echar al traste el dogma gubernamental de una próspera clase media (40% en 2017), que, en realidad, reincidió en la pobreza.

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