Expedición Avina -

El Edén del Quindío

Un oasis boscoso en medio del café con osos perezosos y 110 especies de pájaros.

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septiembre 25, 2014
El Edén del Quindío

AvinaQueda en el municipio de Calarcá.    Es un pequeño oasis boscoso, en medio del de café y otros cultivos.  Por eso, ahí llegan todos los osos perezosos de la zona que ya están acostumbrados a que los miren los visitantes.  No les da miedo y tampoco pena. Tampoco a los colibríes de todos los colores que revolotean por los pasillos abiertos de la casa paisa a la entrada.

Un poquito más esquivos son los tucanes y algunas de las más de 110 especies que vuelan libremente por ahí.  Para verlas con discreción hay un lugar muy especial. Queda más allá del bosque de guaduas gigantes. Bryan Avendaño, un joven a punto de graduarse de ecología, me contó que estos bambús son pastos gigantes, por la forma como crecen y se reproducen.  Con la sensación de haberme vuelto diminuta y  andar por una pradera,  llegamos a una pequeña casita de madera.

Paula Andrea Téllez, la coordinadora de investigaciones del jardín botánico, nos indicó que hiciéramos silencio. Salió un grupo y entramos nosotros.  Era un pequeño salón. Como en un cine, todos se sentaron mirando para el mismo lado y en vez de una  pantalla al frente, había un gran vidrio de lado a lado.  Por esta ventana, un pequeño escenario natural: una fuente, un tronco con ramas sin hojas y varios comederos para pájaros con forma de casa.  En segundo plano, el bosque.

 

jardin-botanico

Poco a poco,  fueron llegando los pajaritos de los colores más vivos y diversos, entre ellos los azulejos, un mielero verde,  una mirla embarradora y un torito cabecirrojo. Todos en su salsa. En realidad, en su plátano: al día les ponen al menos  tres racimos a su disposición.  Como si fuera poco, aparecieron de los árboles primero una ardilla y luego dos agutis a los que también llaman ñeques o guatines.

Los alaridos de un grupo de niños de una visita escolar ahuyentaron en menos de un segundo a todas las aves. Fue como si se bajara el telón.  Se acabó un momento intenso de silencio y asombro.  Entonces,  seguimos la caminata por el jardín y nos topamos con otros dos grupos de niños. Todos con sus cachuchas y bolsos con carpeta para tomar notas.

El jardín tiene varias especialidades.  Una de ellas es  la colección de palmas. Andrea nos llevó al “detrás de cámaras”, un sitio privado del jardín, donde las aclimatan, luego de traerlas de los rincones más recónditos del país en expediciones que ocurren una o dos veces al año. Crecen en una carpa con clima muy húmedo y cuando les salen hojas, las pasan a un patio mientras cogen fuerza. Luego, son sembradas en el jardín.

El propósito es guardar toda la diversidad genética de las palmas de Colombia, que es el segundo país con más especies en el mundo.   Así, en caso de que se extingan en sus terrenos nativos, pueden volverse a introducir. Hasta ahora, Paula estima que ya tienen más del 70% de palmas representadas en 181 especies.

 

Las palmas son muy importantes para nosotros los humanos, por los miles de usos que hacemos de ellas. Entre otros alimentos,  nos dan el plátano, el chontaduro, el banano,  el coco y aceites.  Y hay muchísimas artesanías que dependen de ella,  como canastos, sombreros y los techos de las malocas indígenas.

Las palmas también han inspirado canciones, como la que dice “Ay si si, yo no soy de por aquí, ay si sí yo vengo de Casanare, ay si sí, como la palma de coco, como la palma de coco, como la palma´e Cumare”.  Hay objetos que se hacen solamente con palma, como el “mapire” que es un cesto.

 

Además, el jardín se especializa en helechos  y en heliconias.  Así,  tiene una zona que parece prehístorica y donde no es difícil imaginarse dinosaurios.  Y otra, en donde aparecen los pincelazos incendiados de estas flores selváticas.

Andrea nos llevó al mirador de seis pisos. El miedo a las alturas queda vencido al ver el panorama y sobre todo, la forma del mariposario que es una mariposa.  Al menos treinta especies de la región viven ahí, entre las flores que les dan néctar y las hojas en donde ponen huevos.  En algunos casos, una especie de mariposa depende de una sola planta para anidar. Si no la encuentra, no hay descendencia. Y esto es una muestra de que en la naturaleza toda está conectado y que la extinción de una  especie de plantas, puede ser también la de una mariposa.

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El jardín fue fundado en 1979 por Alberto Gómez Mejía. Luego de  un trabajo perseverante y muchos apoyos,  abrió sus puertas al público en el año 2000. Hoy es un lugar imprescindible para deleitare con la riqueza natural colombiana y motivarse a su cuidado y protección.

 

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