Por alguna razón que ni el astrólogo Puerta puede dilucidarnos, Colombia resolvió desordenarse en todos sus vericuetos. Económicamente el asunto es casi tenebroso para los adivinadores, pero muy estratégico para quienes nos gobiernan. En jugadas más de empresarios a punto de quiebra que de hacendistas previsivos, resolvieron endeudar al estado por la puerta de atrás para garantizar un flujo de caja en año electoral y nos treparon los montos debidos y los intereses a niveles nunca antes vistos.
Los ancianos batalladores del ELN y los precoces del Clan, aterrorizan por lo menos 11 departamentos
La propuesta paz total se nos está volviendo una guerra total. Como existen 300.000 hectáreas de coca y no sé cuántas explotaciones auríferas sin el control del estado, los chorros de plata siguen entrando por fuera del cerco bancario prohibitivo y el desequilibrio solo lo compensan las ventas del comercio o los múltiples lavaderos de dólares mal llamados negocios prósperos. Los 18 ejércitos de traquetos torpe y tercamente llamados disidencias de las Farc se enfrentan más entre ellos que con la fuerza pública. Los ancianos batalladores del ELN y los precoces del Clan, aterrorizan por lo menos 11 departamentos. El Cauca, Norte de Santander , Chocó y Arauca se ahogan entre balaceras, oro y coca. No pasa un día sin que dejen de reportarnos enfrentamientos, matanzas, asaltos o batallas. Las carreteras como por arte de magia resultan bloqueadas por ciudadanos energúmenos o por indios emberracados.
El sistema de salud sigue abortando fastidios y agonizando de pie. Las hidroeléctricas tienen que producir megavatios para llenar la falta de gas de las termos. Y, como si fuera poco, medio país se inunda en febrero, mes de las sequías, y el presidente, en una permanente crisis paranoica no mide cuanto puede desprestigiar la fuerza pública por creerle a los chismes mamertos que le pasan sus detectives. Es el desorden, solo desorden.
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