Otra vez el cuento de la revolución educativa

Una revolución educativa sin consultarle a la gente, sin darle dignidad a los profesores y sin desmontar la estructura burocrática no es una revolución. ¿Por qué?

Por: César Arturo Castillo Parra
octubre 28, 2021
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Otra vez el cuento de la revolución educativa
Ilustración: César Castillo

Cada que se aproximan las elecciones vemos cómo no hay nada más seductor que escuchar las promesas de un candidato vocinglero. Para tomar un caso, solo basta recordar que en los inicios de este siglo, cierto personaje delegado de las mafias hizo campaña con el cuento de acabar con la corrupción y la politiquería hasta llegar a la presidencia. Le fue muy bien porque entre tantas promesas que hizo también incluyó una revolución educativa. Desafortunadamente, la gente nunca se pregunta qué quedó de todo eso y continúa apoyando a esos partidos porque los ingenuos ignoran que para no caer en la trampa de los embusteros hay que ser muy analíticos, estudiar el pasado y estar informados de lo que sucede en el presente. Por eso, echarle la culpa a los políticos de que Colombia es un desastre de país sirve de nada porque cada cual ha puesto su granito de arena y seguimos preparando a las nuevas generaciones para que reproduzcan el sistema actual.

Sobre la educación se ha escrito mucho porque es muy fácil especular sobre su futuro. El problema es que cada día los teóricos se han venido dejando contaminar por las teorías importadas de la administración y el gerencialismo que promueven los tecnócratas de la globalización económica. Así, por ejemplo, con la pompa de las palabras en 1996 los sabios reunidos alrededor de “Colombia al filo de la oportunidad” proponían la creación de instancias administrativas de gestión del conocimiento, como el Consejo Nacional de Productividad, Gestión y Competitividad e institutos INNOVAR de Innovación Regional, porque la idea era preparar organizaciones de todo tipo para competir internacionalmente, reestructurar todo el aparato de administración pública, dizque para el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida de todos los colombianos. También señalaron que había que “buscar la asesoría y colaboración de las empresas más destacadas de la región para la adaptación de enfoques y prácticas de gestión empresarial o de innovaciones tecnológicas que puedan ser aplicables a las organizaciones educativas”.

Años después, nos vendieron el cuento de la revolución educativa y para implementar ese embeleco pusieron como ministra de educación a la economista Cecilia María Vélez una fiel servidora de las políticas neoconservadoras, quien ante sus jefes naturales de la Andi en un discurso ilusionador, basado en gráficas estadísticas dijo el 23 de agosto de 2002. “Queremos que los colombianos se reafirmen en las posibilidades del progreso individual” para lograr la equidad y la competitividad frene al mundo. Desde su punto de vista la revolución educativa consistiría en aumentar el número de estudiantes matriculados y lograr la calidad sobre la base de imponerles indicadores de gestión al sistema. Al final de sus palabras afirmó que: “…con educación, los colombianos podemos ser los mejores”. No se trataba entonces de formar a las nuevas generaciones en la preocupación por su colectivo social o la solidaridad, sino de llegar a ser los mejores en el ámbito internacional. Pasados los ocho años de su reinado, ¿en que terminó esa revolución? ¿Acaso alguien se acuerda? No vale la pena detenerse a hacer un balance porque se trató más de una estrategia electoral que de un proyecto de mejoramiento social. Tan fue así que por dicho motivo el profesor Adolfo Atehortúa destacó que la estrategia de ese gobierno no era más que un reencauche de las viejas promesas de Pastrana*.

Inspirados en la misma carreta, la siguiente generación de sabios convocados por los mismos vendedores de sueños compusieron el documento “Misión internacional de sabios para el avance de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Pacto por la Ciencia, la Tecnología y la Innovación: Un sistema para construir el conocimiento del futuro” (2019). La novedad es que estos sabios para no desentonar, ya andaban en la onda de predicar la “sostenibilidad”, el “crecimiento verde” la “prospectiva” “desarrollo humano con equidad” y las “industrias culturales y creativas”, pero en síntesis y, como vamos viendo, el documento quedará como otro rosario de buenas intenciones porque los cambios reales no se producen en las oficinas o en la cabeza de los ilustrados sino con el concurso de la sociedad.

El espíritu de la época

Dentro del espíritu de esta época centrada en la economía de mercado, los que teorizan sobre la educación se pueden clasificar en tres grupos, los que creen que el mejoramiento vendrá por los lados del fetiche tecnológico, los que quieren que los profesores se dediquen a la formación de peones entre los pobres o al emprendimiento y el liderazgo para los hijos de los ricos, y un tanto aparte están los clásicos que se preocupan por cambiar los métodos buscando algo de la formación humanística integral.

  1. Los aportes de la tecnología a nuestra vida son innegables, pero eso de irla endiosando o creer que sin ella no podemos vivir es una tontería. Los recursos informáticos facilitan ciertos procesos; no obstante, solo son herramientas porque lo esencial en la educación es lo que le transmiten los profesores o la sociedad a las nuevas generaciones en las interacciones reales. Esto último lo digo porque ahí están embolatados los que tanto reclamaban más virtualidad tratando de salir adelante con las consecuencias de la pandemia.
  2. Hoy la educación para el trabajo o el emprendimiento son elementos claves del sistema de vida que nos han impuesto porque el capitalismo necesita hacer que todas las personas se conviertan en activos participantes del mercado con sus necesidades ficticias siempre renovadas e insatisfechas. Además recuerden que la idea es apostarle a la reactivación y al crecimiento económico ilimitado. De ahí que en esta época de avaricia, lo que más abundan son las instituciones que enseñan administración de negocios o márquetin y por ello ya es muy común escuchar a los estudiantes decir que no alcanzan a hacer las tareas porque primero tienen que trabajar para poder pagar la moto y el celular.
  3. En el tercer grupo están los que se preocupan por encontrar métodos de enseñanza nuevos, con la ilusión de hacer un aporte en el camino hacia la transformación social positiva. Unos han sido más aceptados que otros, pero como vamos viendo, una cosa es lo que se logra en clase y otra bien distinta lo que sucede cuando salen a la concreta realidad de un mundo centrado en la consecución del bienestar individual, el éxito, la fama y el dinero.

Educando para…

La educación informal y la que se basa en instituciones tienen como función preparar a las nuevas generaciones en los medianos estándares de comportamiento o de saberes para que se integren a la sociedad a la que pertenecen. Por esto creo que es tan difícil lograr una revolución, lo más que podemos esperar es que, en una situación de revolución social, algunas cosas cambien, pero el propósito de la educación seguirá siendo el mismo. Veamos el siguiente contraste: si la comunidad piensa que lo valioso está en dedicarles tiempo a los hijos, entonces lo importante no será trabajar para acumular más, y si la sociedad piensa que su objetivo es el aumento indefinido de la riqueza, lo sagrado serán el trabajo y la expansión territorial. En el África los cazadores del Kalahari, los Ju/'Hoansi antes llamados Bosquimanos **, no tienen escuelas y viven de recolectar los bienes que necesitan en el corto plazo porque para ellos lo más importante son sus hijos y gozar del tiempo libre. Por su parte, los norteamericanos desde sus schools o colleges les rinden culto al trabajo, al consumo ostentoso y a los veteranos que han ido por el mundo llevando la guerra para asegurarle al imperio los mercados y la acumulación de materias primas. No estoy predicando una vuelta al pasado, solo insinuando que en el plan de una vida austera tenemos que ver las cosas de otra manera, porque por ejemplo ya todo lo queremos encontrar en el supermercado, olvidando que es posible recolectar de las calles el mango o la guayaba para sacar la pulpa.

Colombia ha sido una sociedad que no ha contado con un plan propio en materia de educación, simplemente ha seguido las pautas que otros han inventado, ya sea desde la corona española, los ingleses, los franceses o la Ocde, es igual, porque siempre vamos esperando el reconocimiento de los demás con la ilusión de integrarnos al “progreso”. Mucho se habla de educar para propiciar la creatividad, el pensamiento crítico, la ciencia, la tecnología y ahora de la sostenibilidad, pero siempre de dientes para afuera. ¿Acaso podemos creer que se va a desarrollar el pensamiento crítico y la ciencia en medio de una sociedad que se dice democrática, pero donde no se respeta la vida del otro, ninguna ley ni una “cebra”? No nos digamos mentiras, la educación está en crisis porque no hay manera de escapar de las redes de las formas burocráticas que le dicta el un ministerio donde anida la politiquería más “Pulgar” ***. De suerte que las instituciones como los individuos se amoldan al sistema, obedecen y siguen las pautas o están condenados a la perdida de la acreditación, a la marginalidad o a ser silenciados en la eutanasia sicarial. Pero las cosas seguirán igual por un rato más, porque los ingenuos no se cuestionan nada, tragan entero, actúan sin conciencia real de las situaciones y no se suelen enterar de la dimensión de las consecuencias de lo que dicen o de lo que hacen. Y para rematar, tienden siempre a justificar o excusar el comportamiento inadecuado de los demás.

Lo que viene

Frente al futuro no hay motivos para ser muy optimistas por lo que se acaba de indicar y también porque los embusteros no se quedan quietos, van renovando, adornando y ampliando sus discursos hasta llevarlos a las altas esferas burocráticas del gobierno global. Desde la Unesco, por ejemplo, nos cuentan que andan en la construcción de un nuevo paradigma focalizado en una revolución educativa para el desarrollo sostenible (EDS). “El fin último es construir una sociedad más justa y pacífica, donde las actuales y futuras generaciones se empoderen, respetando y valorizando, al mismo tiempo, la diversidad cultural en la que se desenvuelve la vida”, “Reorientar la educación y el aprendizaje para que todas las personas tengan la oportunidad de adquirir conocimientos, competencias, valores y actitudes con los que puedan contribuir al desarrollo sostenible” y agregan la idea de hacer de los jóvenes agentes de cambio, para que implementen ideas y soluciones innovadoras, sostenibles e inclusivas que mejoren el entorno de sus comunidades.****

Cualquier loro puede repetir ese tipo de discursos y espero que el lector sepa perdonar mi incredulidad, pues esas cosas hay que contrastarlas con las realidades que se dan en cada comunidad en particular, porque una cosa es lo que se escribe para Suecia y otra lo que se vive en los pueblos más apartados de planeta. Una revolución educativa sin consultarle a la gente, sin darle dignidad a los profesores y sin desmontar la estructura burocrática actual no deja de ser más que puro cuento. Ya lo vivimos, y al contrario, de todo lo predicado lo que quedó fue la profundización de la educación como negocio y la pauperización de las condiciones laborales de las personas que ofician como docentes. Eso sin contar con el irrespeto que aún sufren por parte de ciertos senadores de la República, las amenazas y la acusación de ser adoctrinadores de las ideologías subversivas. Por supuesto que hay profesores que se portan como ovejas negras, también preocupados solo por su bienestar personal, pero en medio de este ambiente de descomposición social, no podemos esperar muchas excepciones a la regla.

Comentarios finales

Ya están aquí las elecciones y viene de nuevo la lluvia de ideas y promesas, la mayoría orientadas a seducir a ciertos grupos de jóvenes que están hastiados del país que tenemos. Les seguirán segregando por estratos socioeconómicos, les prometerán bilingüismo, computadores, formación para el trabajo y el emprendimiento, apoyos a sus proyectos en industrias culturales y circo, etcétera. Pero desde mi punto de vista, diría que un candidato que no involucre a la ciudadanía en la idea de modificar la Ley 30 y la estructura del poder centralista no es serio porque la educación debe estar ajustada a los contextos y como están las cosas hoy, no hay manera de garantizarle a todo el que así lo desee el derecho a culminar una carrera universitaria de calidad.

Tampoco me hago ilusiones con el cuento de lograr el fomento el pensamiento crítico o la innovación, por lo que he dicho antes y porque en las universidades los docentes están atrapados en; las formas “académicas”, en su culto por la cita, en el respeto irrestricto hacia los feudos disciplinares y en las mentiras que anidan en los grupos de investigación. Que lo digan si no los ministros de “Sciencia” expertos en plagio. Si queremos que exista pensamiento crítico o la creación de perspectivas novedosas primero hay que entrenar a las nuevas generaciones a no ser serviles ante las ideas ya establecidas y luego si enseñarle las formas. Hacerlo al revés es simplemente lo que tenemos por educación: la reproducción de una sociedad de ingenuos, con sujetos tímidos y acomplejados, solo buenos para obedecer y para votar por los mismos de siempre.

*https://www.youtube.com/watch?v=43Dbi6veuhw y véanse los relatos del antropólogo sudafricano James Suzman y su libro: “Trabajo. Una historia de cómo empleamos el tiempo”

**La “revolución educativa”:momentos y perspectivas en http://mapeal.cippec.org/wp-content/uploads/2014/05/ATEHORT%C3%9AA-CRUZ-La-revoluci%C3%B3n-educativa.pdf

*** https://losdanieles.com/author/daniel-coronell/

****https://es.unesco.org/news/eds-revolucion-educativa

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