El lunes 28 de septiembre, en el puerto de Santa Marta debía repetirse una escena que la ciudad quería convertir en costumbre: un crucero entrando a la bahía, cientos de pasajeros bajando para conocer la ciudad y comerciantes, guías, restaurantes y operadores turísticos preparándose para recibirlos.
El barco se llamaba Freewinds y tenía previsto inaugurar la temporada de cruceros 2026-2027. Pero nunca llegó.
La embarcación, que venía desde Cartagena, modificó su itinerario y no atracó en Santa Marta después de los hechos de seguridad registrados durante los días anteriores en la ciudad y otros municipios del Magdalena. La decisión había sido tomada desde la semana anterior, según explicó Jacqueline Vives, vicepresidenta de Anato Caribe, quien aseguró que el sector turístico ya estaba nuevamente operando y preparado para recibir visitantes.
El episodio dejó algo más que un muelle esperando un barco. Para Santa Marta, la cancelación llegó justo cuando la ciudad intentaba consolidar uno de los negocios turísticos que más había crecido en los últimos años: el de los cruceros y la temporada que viene no es pequeña.
Una temporada que venía creciendo
El turismo de cruceros se había convertido en una de las apuestas de Santa Marta para ganar espacio dentro de las rutas internacionales del Caribe. Las cifras muestran por qué. En 2023 la ciudad recibió 8.870 cruceristas. Para 2025, la cifra llegó a 14.464 pasajeros distribuidos en 18 cruceros, según datos divulgados por el Instituto Distrital de Turismo. La entidad también reportó un crecimiento superior al 300 % frente a 2023.

En marzo de 2026, Indetur señalaba que Santa Marta esperaba superar los 18.000 visitantes de cruceros al cierre de ese año y destacaba la llegada de embarcaciones como AIDABlu, Norwegian Jade y Le Dumont-d’Urville.
La nueva temporada apuntaba incluso más alto.
Entre septiembre de 2026 y abril de 2027 estaban previstos 20.980 pasajeros. El calendario incluía embarcaciones de diferentes tamaños y compañías internacionales, con varias de ellas superando ampliamente la capacidad del Freewinds.
En noviembre, por ejemplo, están programados el AIDAd Diva, con 1.743 cruceristas, y el Explora I, con 784. Para diciembre aparece el AIDAd Diva nuevamente, mientras que en enero de 2027 están previstos el Marina, de Oceania Cruises, con 1.063 pasajeros, y el Ambience, con 1.190.
Y el calendario continúa hasta abril, cuando está programada incluso la llegada del Carnival Legend, con 1.805 pasajeros, además del Explora III y otros barcos. Por eso la ausencia del Freewinds adquiere otra dimensión.
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No se trata de un barco cualquiera que simplemente cambió una parada. Era el primero de una temporada que Santa Marta esperaba utilizar para consolidarse como destino de cruceros.
El problema no es solo el barco que se fue
Una naviera puede modificar un itinerario por diferentes razones, pero en este caso el sector turístico confirmó que la decisión estuvo relacionada con la situación de seguridad que atravesó Santa Marta.
La vicepresidenta de Anato Caribe explicó que la decisión fue tomada antes de la llegada prevista y que las alertas generadas por la situación afectaron la percepción sobre la ciudad. Al mismo tiempo, aseguró que las actividades turísticas y comerciales habían retomado su funcionamiento normal y que Santa Marta estaba lista para recibir nuevamente a los cruceristas.

Ahí está el verdadero reto. El crucero que no llegó ya ocurrió. Lo que ahora interesa es qué sucederá con los siguientes.
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Porque para una ciudad turística no basta con que las calles vuelvan a funcionar después de una crisis. También hay que conseguir que esa normalidad sea percibida desde fuera, especialmente por empresas internacionales que programan con meses de anticipación sus rutas y deben decidir dónde desembarcan miles de pasajeros y Santa Marta no parte de cero.
En 2026 Colombia, en general, venía mostrando un comportamiento positivo en el turismo de cruceros. Durante el primer trimestre del año llegaron al país 174.371 cruceristas y se registraron 103 recaladas, cifras que representaron aumentos de 4,8 % y 8,4 %, respectivamente, frente al mismo periodo de 2025. Cartagena concentró la mayor parte de esas recaladas, seguida por Santa Marta, San Andrés, Leticia y Providencia.
Santa Marta quiere precisamente quedarse con una porción mayor de ese mercado y para eso ha buscado aparecer en el mapa internacional de las navieras, participar en ferias especializadas como Seatrade Cruise Global y promocionar una ciudad que tiene algo difícil de encontrar en otros puertos del Caribe: la posibilidad de pasar del mar a la Sierra Nevada, de la historia colonial a las playas y de la ciudad a ecosistemas naturales en pocos kilómetros.
Ahora la seguridad se convirtió en una variable adicional de esa competencia.
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