Modelo educativo de Nietzsche
Si la educación siguiera el ideal de Schopenhauer como educador, de Nietzsche, formaría personas libres y críticas, no seguidores de ideologías o caudillos. Solo así los ciudadanos podrían juzgar a los políticos con autonomía y votar con mayor criterio.
Tal vez media Colombia no sería petristas y otra media, abelarditas, si se hubiese educado siguiendo el texto Schopenhauer como educador, escrito por Nietzsche. Los colombianos tendrían más libertad para ver la belleza del mundo y votar con mayor criterio en cualquier elección política. Serían hijo de esa bella percepción pedagógica que invita constantemente a liberarse de tantas convenciones, tarea sin la cual, es imposible encontrar la propia identidad vital.
Educación para romper capas de condicionamientos creadas por los poderosos con el fin de conservar y aumentar sus privilegios. Para ver con lucidez cómo las cadenas transmitidas en las culturas atentan contra el desarrollo vital de cada ser humano. Para comprender la razón por la cual una gran cantidad de colombianos está obligada a blandir permanentemente la máscara olvidándose de su pasajero rostro.
Con este proyecto educativo, el colombiano comprendería una desagradable verdad: cómo los ciudadanos son formateados con los parámetros del poder desde la niñez hasta le vejez. La familia pone las primeras piedras en la consciencia del niño; la universidad lo convierte en experto de una especialidad y obtuso en seres humanos; la opinión pública lo moldea con mucho ruido para que encaje correctamente en la aglomeración.
Por su parte, el Estado le predica honestidad mientras sus dirigentes aplican la corrupción sin ninguna vergüenza sobre la cosa pública; la economía lo impulsa a competir y codiciar para tener más, para creerse más, sin importar los medios: los mismo un banquero que un narcotraficante, la diferencia entre legal e ilegal no borra la esencia humana del exitoso. Finalmente, cada individuo no es más que una fabricación del poder de cada época, de cada lugar.
Contrario al modelo educativo del poder, cualquiera que sea, cuyo objetivo consiste en poner cadenas en la consciencia del educando, Nietzsche formula un maestro que, en vez de construir, destruya los las cadenas alienantes que impiden al estudiante ser él. Un forjador de seres humanos, una especie de escultor cuyo trabajo consistiría en quitar lo sobrante de una piedra ideologizada para que surja la obra maestra y divina de su interior.
En su juventud, puso como ejemplo a Schopenhauer quien había hecho filosofía al margen de las academias dominantes. Sin embargo, nunca aconsejó ser como Schopenhauer porque solo Schopenhauer tenía el deber de ser Schopenhauer. Los otros, cada persona en sí tenía el deber de develarse su propio ser vital, construirse a sí mismo como ser humano, como sujeto; no como una célula petrista o abelarditas o cualquier otro engendro histórico. Asumir la responsabilidad de romper los condicionamientos religiosos o políticos para superar la moral de rebaño.
Tal vez así, no existiría media Colombia abelardista y otra media petrista sumida en la estupidez de la polarización. Los ciudadanos aprenderían a ver su ser humano y el ser humano de los políticos, especialmente —escribía Nietzsche en el siglo XIX—: “Ahora cuando casi todo es determinado sobre la tierra tan sólo por las fuerzas más groseras y malignas, por el egoísmo de los que tienen mucho y por los caudillos militares”. Y votarían, diría yo, en favor del menos cosificado por la cultura del poder.
Jorge Elías Guebely
Egresado de la Escuela Normal de Barranquilla, de la Universidad libre de Bogotá, del Instituto Caro y Cuervo, doctor en Literatura Hispanoamericana de La Sorbona en París, profesor de Literatura durante 30 años en la Universidad Surcolombiana de Neiva.
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