Se formó en el colegio La Salle de Montería, un colegio fundado hace 70años donde hizo grandes amigos que viajaron hasta Cali para acompañarlo en la posesión

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El 24 de julio, en medio de una agenda apretada de reuniones con alcaldes y gobernadores de Córdoba, Abelardo de la Espriella pidió que lo llevaran al colegio La Salle de Montería. No había ceremonia oficial prevista ni protocolo que lo obligara. Entró al patio donde había pasado media adolescencia, luego pasó al salón que lo vio convertirse en bachiller y allí se encontró con un grupo de compañeros de su promoción y entre todos cantaron a todo pulmón el himno de la institución.

El video se regó por WhatsApp y por X en cuestión de horas, y por un rato compitió en las noticias con los anuncios que había hecho esa misma mañana sobre seguridad, empleo e infraestructura para el departamento.

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Treinta y dos años antes, en 1994, De la Espriella se había graduado de bachiller en ese mismo colegio, antes de cumplir los dieciséis. Hoy, 7 de agosto, se posesiona como presidente de Colombia en la Arena USC de Cali, y reemplaza a Gustavo Petro, el primer mandatario de izquierda que tuvo el país, quien gobernó desde el 7 de agosto de 2022. Entre esas dos fechas, la del bachillerato y la de la investidura, hay una vida entera de despacho de abogado, programas de televisión y un ascenso político que tardó menos de un año en consolidarse.

El colegio que lo formó llegó a Montería en 1958, cuando hermanos de la orden lasallista, llegaron a Montería invitados por Monseñor Eugenio Biffi, con la misión de fundar un colegio inspirado en los valores de San Juan Bautista de La Salle, institución que arrancó con 130 estudiantes en una sede cerca del centro de la ciudad, en la carrera séptima con calle 22.

Seis años después empezaron las obras del terreno donde funciona hoy, en el barrio Pasatiempo, en predios donados en buena parte por las familias Dereix. La primera promoción de bachilleres salió en 1965, apenas veinticuatro estudiantes. Hoy el colegio tiene más de 1600 alumnos entre preescolar, primaria y bachillerato, y sigue funcionando bajo el mismo carisma lasallista con el que nació.

De la Espriella llegó a esas aulas siendo un niño bogotano que en realidad siempre fue costeño, criado entre Sahagún y Montería. Su padre, también llamado Abelardo, era abogado y notario, con una carrera judicial y política en Córdoba que incluyó una candidatura al Senado y un paso como magistrado del Tribunal Contencioso Administrativo. Su madre, María Eugenia Otero, también ejercía el derecho. En esa casa el derecho y la política regional se hablaban en la mesa, y el hijo mayor de los tres hermanos terminó absorbiendo ambas cosas casi por ósmosis.

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Pero lo que De la Espriella ha contado de sus años escolares no tiene mucho de estudioso ejemplar. En entrevistas ha recordado que se le daba mejor escaparse de clase que quedarse en ella, y que entre sus hazañas de infancia estaba experimentar con los gatos de los hermanos lasallistas para comprobar, según él, si de verdad siempre caían parados. El experimento le costó la vida a tres animales y hoy lo cuenta como una anécdota incómoda que le quitó algunos votos de animalistas.

A los cuatro años ya lo subían a un taburete en reuniones familiares para que recitara fragmentos de discursos de Luis Carlos Galán. Su padre le consiguió después un espacio en una emisora local, Las Voces de Montería, y un miniperiódico casero llamado Inquietudes Juveniles, donde el niño hacía de presentador y reunía noticias del barrio, comentarios de canciones de moda y reseñas de libros del colegio. Con unos amigos llegó a ganar setenta y cinco mil pesos mensuales en publicidad para ese proyecto, y poco después lo contrataron para algo parecido en Telecaribe. También ha contado que de niño alquilaba por horas el Nintendo que le regalaron sus padres, después de descubrir en media hora de juego que prefería el negocio a la diversión, y que antes de los quince años ya tenía una tienda de barrio propia.

Terminado el bachillerato, De la Espriella volvió a Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Sergio Arboleda, de donde se graduó en el año 2000. Ahí empezó la carrera que lo hizo conocido mucho antes de la política: la de abogado litigante mediático, presente en juicios de alto perfil y en pantallas de televisión durante años. La política, en cambio, llegó tarde y rápido. Fundó el movimiento Defensores de la Patria en 2024 y en julio de 2025 inscribió su candidatura presidencial. Menos de un año después ganó la segunda vuelta del 21 de junio de 2026, con algo más de doce millones novecientos mil votos, equivalentes al 49,66 por ciento, frente a Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico que buscaba darle continuidad al proyecto de Petro.

La posesión de este 7 de agosto rompe con una tradición que llevaba más de un siglo: por primera vez el cambio de mando no ocurre en el Capitolio Nacional de Bogotá. La ceremonia se trasladó a la Arena USC, el auditorio de la Universidad Santiago de Cali, después de que De la Espriella pidiera al Congreso mover el acto que originalmente iba a hacerse en Popayán, complicado por la actividad del volcán Puracé y el cierre del aeropuerto de esa ciudad. El escenario elegido, inaugurado a finales de 2024, tiene capacidad para más de dos mil personas y ya había sido sede de conciertos y ferias antes de convertirse, este viernes, en el lugar donde un abogado de Montería recibe la banda presidencial.

En los días previos al 7 de agosto, mientras Cali se llenaba de delegaciones internacionales y de un despliegue de seguridad sin precedentes en la ciudad, el nombre del colegio La Salle volvió a circular: la institución publicó en sus redes la foto de la promoción de 1994, con un De la Espriella adolescente rodeado de los mismos compañeros que dos semanas atrás lo habían visto regresar a cantar el himno. Entre la gente que sigue de cerca su historia en Córdoba no sorprendió cuando varios de sus compañeros aparecieron en la Arena USC entre los invitados que lo acompañan hoy en Cali.

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Por Las Dos Orillas

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