El CD que salvó a muchos legisladores colombianos

La peculiar iniciativa de Juan Carlos Niño, un compilador legislativo, que ayudó a más de uno a salir de apuros, llegó a su fin por las nuevas tecnologías

Por: Juan Carlos Niño Niño
octubre 12, 2018
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El CD que salvó a muchos legisladores colombianos

A principios de siglo, una llamada del entonces diputado de Casanare Luis Eduardo Castro transformaría de manera definitiva mi ejercicio profesional, al pedirme con su voz estricta y puntual que necesitaba un “paquete” sobre legislación petrolera, lo que me apresuró a conseguir toda la información impresa y en disquetes que me facilitaron en el Congreso y Ecopetrol, para finalmente poderle cobrar la “módica” suma de doscientos mil pesos (confieso que se me fue la mano cobrándole todo eso, aunque por favor nadie le cuente eso a Luis Eduardo), que posteriormente me pedirían los diputados Jorge Eliecer Morales, Tony Ávila, Carlos Julio Hernández, entre otros.

Y una llamada del entonces concejal de Yopal Manuel Silva terminaría de enfocarme en lo que ha sido en más de dieciséis años mi oficio de compilador legislativo, al reclamarme amablemente que no le interesaba solo el paquete petrolero, sino un“paquete sobre toda la legislación, lo que daría inicio a lo que llamé en ese momento Paquete Informativo del Estado colombiano, que inicialmente reuní en una versión Word y una interactiva, con 43 temas legales que incluían actos legislativos, leyes (con los expedientes del Congreso) y sentencias, que se “quemaban” en un CD-ROM, con una hermosa imagen panorámica del Capitolio Nacional como portada, y orgullosamente inscritos con el ISBN 978-958-44-5350-1 de la Cámara Colombiana del Libro, y el certificado de registro de obra literaria inédita de la Dirección Nacional de Derechos de Autor, Ministerio del interior y de Justicia.

En ese entonces, me acababa de desempeñar a honoris causa (como toca en las campañas) del candidato a la Cámara de Representantes, Oscar Leonidas Wilchez Carreño, quien una vez posesionado como congresista me comentó que le era imposible ubicarme en su Unidad de Trabajo Legislativo (aunque debo aclarar que al poco tiempo me nombró y estuve trabajando en su UTL durante casi ocho años como su asesor), lo que aligeró la estructuración de mi CD-ROM Paquete Informativo del Estado Colombiano, iniciando una aventura intelectual y comercial, que me deparó a lo largo de diciséis años un sinnúmero de ideas y vivencias, que sin duda me terminaron de “madurar” a nivel personal y profesional.

Con inteligencia y disciplina, pero ante todo con mucha fe, inicié el mercadeo de mi CD con los senadores y representantes a la Cámara, lo que me permitió conocer, uno a uno, los diferentes legisladores de las cinco regiones de nuestro país, en donde conocí diversas idiosincrasias, temperamentos, escépticos y apasionados por mi compilación normativa, como fue el entonces representante a la Cámara de Bogotá y exministro de las TIC David Luna, quien revisaba con lupa los expedientes legislativos que le incluía a cada acto legislativo y a cada ley (único en el país con esta información), o como el emblemático sindicalista del sombrero y representante de Bogotá, Wilson Borja, me compraba sin dudar el CD, pero con un rostro inexpresivo, sin pestañear un segundo y sin pronunciar una sola palabra, hasta tal punto que lo único que recuerdo fue una vez que como un niño “peleón” me tocó varias veces con su bastón, reclamándome que no le había enviado al correo de su secretaria una norma que día antes me solicitó, a lo que me apresuré a decirle que acaba de confirmar con ella el satisfactorio recibo del mismo.

La inesperada aceptación del CD en el Congreso fue el aliciente para comercializarlo en el Concejo de Bogotá, en donde la jefe de Oficina Jurídica de esa entidad me autorizó el ingreso, no sin antes advertirme que no auguraba mucho éxito porque recientemente a cada oficina se les había instalado un “intranet” jurídico, pero contrario a eso el CD tuvo un total éxito en la duma distrital, logrando venderlo a la mayoría de los concejales, quienes hasta el día de hoy siguen “fieles y firmes” a mi novedosa idea de compilar los expedientes del Congreso.

Alguna vez le pregunté de manera rutinaria y al azar a la secretaria de una oficina “si podía hablar con el concejal”, quien curiosa pero sonriente me autorizó entrar extendiendo el brazo al despacho del cabildante, lo que me sorprendió muchísimo porque no es fácil acceder a los concejales, intrigándome aún más por saber quién era ese concejal que estaba sentado en su escritorio, leyendo sumamente concentrado Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez, quien tardó varios minutos en percatarse que estaba sentado al frente suyo, alzando ligeramente sus ojos claros y bondadosos, que estaban antecedidos por unos lentes delgados y transparentes, que hacían juego con una nariz chata y afilada, abundantes cabellos blancos a los lados (que no disimulaban su marcada calvicie) y una clásica barba de Papá Noel.

Era Guillermo, "La Chiva Cortés", el insigne periodista que dirigió hasta principios de siglo su noticiero de televisión Hora Cero, socio de la extinta y poderosa programadora RTI y miembro de la junta directiva de su amado equipo Santa Fe, que también fue víctima de uno de los tantos secuestros inmisericordes de las Farc, quien me escuchó con una mirada distraída y sin decir una sola palabra, pero que no dudó un solo instante en sacar rápidamente de su bolsilllo los cuarenta mil pesos para pagar el CD, con una frase de cierre bastante elocuente y generosa: ¡Lo felicito, mijo!

A la suscripción del CD también se unió un hombre delgado y de avanzada edad, que caminaba de manera lenta y con mucha dificultad (lo aquejaba una penosa enfermedad), a quien “atajé” en los pasillos cuando alguien me dijo que era concejal, quien me escuchó con su rostro parco y sus diminutos ojos tranquilos, sacando en silencio de su elegante cartera dos billetes de veinte mil pesos para comprarme el CD, ignorando que era ni más ni menos que el exmagistrado de la Corte Constitucional y entonces concejal de Bogotá, Alejandro Martínez, a quien se le atribuye la brillantez y el conocimiento para poner a andar en sus inicios a la Corte que salvaguarda la integridad de la Constitución.

Lo confieso: nunca supe a ciencia cierta por qué tan connotado constitucionalista aceptó comprar mi compendio legislativo, cuando no puedo negar que era un material demasiado básico para un hombre tan avanzado como él, hasta que un día la clasista y elegante tía Lucy me dio la respuesta: “Se lo compró por cultura”, que entonces se sumó a la curiosidad intelectual y sentido del deber informativo de los concejales Jorge Durán (con casi cuatro décadas en la duma distrital) y Álvaro Argote (defensor de los derechos del Magisterio), como también el diputado de Cundinamarca Héctor Ulloa, más conocido como Don Chinche, quienes durante muchos años renovaron la suscripción del CD, y que ahora se convierten en personajes centrales de mi constante evocación y nostalgia.

El paquete informativo fue toda una sensación en Casanare (mi departamento), un fenómeno de ventas en donde logré vender hasta veinte CD en un día, en donde gobernadores, alcaldes, diputados, concejales, empresarios, abogados, profesores, estudiantes, entre otros, se convirtieron en fieles seguidores de mi novedosa idea, sin dejar de mencionar la enorme fascinación que le producía la compilación al entonces alcalde de Yopal Braulio Castelblanco, quien tomaba sonriente y sin decirme nada hasta diez CD y se iba encantado revisándolos uno por uno, con la particularidad que nunca me decía cuando me los iba a pagar, y se convertía en un verdadero “viacrucis” porque debido a su apretada agenda no era fácil encontrarlo, aunque debo aclarar que siempre me pagó hasta el último CD.

Con el paso de los años, el CD dejó de ser una novedad, pasó de moda, la cobertura total del internet y posteriormente los celulares “inteligentes” hacían muy fácil acceder a cualquier ley (incluido el expediente legislativo), pero sin duda lo que más afectó a mi “noble y leal” CD fue la odiosa innovación de no incluir la entrada a este dispositivo en los nuevos portátiles, y debo confesar que nunca me atrajo transferir la compilación a una memoria USB, porque semejante cosa tan diminuta no permitía exhibir la hermosa carátula con una imagen panorámica del Capitolio Nacional, y las dos contracarátulas que exhibían el listado temático y las sencillas instrucciones de manejo, y que sin duda eran un atractivo adicional para vender el CD.

Aunque no fue fácil, entendí que era necesario darle con honores militares una cristiana sepultura al CD de normas, no sin antes reconocerle mi infinita gratitud a mi viejo compañero de lucha, que me permitió terminar de pagar mi apartamento en Bogotá, pagar la cuota inicial del “Azulejo”, un hermoso Chevrolet Aveo tres puertas, y aún más importante, fue mi más valiente guerrero cuando tuve que enfrentar varias crisis económicas en distintos momentos de mi vida.

Coletilla: Eso no quiere decir que he dejado mi oficio de compilador legislativo. Al contrario. Lo he consolidado aún más con una nueva y novedosa actualización que envío desde el WhatsApp a mis antiguos clientes del CD, pero indudablemente es un tema que queda para una próxima columna. Por ahora me espera impaciente la imponente “mujer león”, para que redacte y publique el cuarto capítulo de la tercera parte de mi novela El milagro del amor.

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