El capricho bogotano

'Mejor pensemos a futuro la ciudad en un contexto de integración regional'

Por: Fabián Leonardo Muñoz Guerrero
octubre 21, 2015
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El capricho bogotano
Foto: tomada de internet

Bogotá es una ciudad que vive, fundamentalmente, de dos cosas: del recuerdo y de las ilusiones. Del recuerdo vive porque constantemente se escucha rememorar a algunos bogotanos por la atenas de suramérica y los brillantes intelectuales que ejercieron en esta ciudad en esos bellos años del imperio de las letras y, por otro lado, se escucha a otro tanto de esos mismos ciudadanos, recordar con nostalgia la época en la que Bogotá tuvo una explosión de cultura ciudadana, en la época en donde no todo valía, cuando se construyeron colegios, bibliotecas y se limpió el espacio público. Además, recuerdan también, como la movilidad empezó a funcionar y Transmilenio era un orgullo de la ciudad y no el desastre que es hoy. La frase común a estos dos tipo de recuerdos, y que se puede extender a otros recuerdos, es que ‘Antes, Bogotá, iba por mejor camino’.

Por otro lado, y es el tema que más me interesa relatar, es la Bogotá que vive de ilusiones. Esa Bogotá es mucho más común que la anterior, es más directa, está presente constantemente. La Bogotá que vive de ilusiones, vive, principalmente, de una que se le ha convertido en un capricho, el ‘Metro de Bogotá’.

El metro es la promesa que viene escuchando el bogotano promedio desde hace 70 años, que se va a construir y va a ser la salvación del caos de la movilidad en que está inmersa la ciudad, es la esperanza de entrar al mundo moderno, pero atrasados, como siempre; y convertir a Bogotá en una verdadera ciudad moderna y cosmopolita. Esa promesa mesiánica, pues es finca de cualquier tipo de populismos, se convirtió en un verdadero capricho, en una verdadera cuestión de ego, de competencia con el otro (Medellín), de simple testarudez.

Bogotá tiene elementos con los cuales trabajar y debe planearse pensando en el futuro y no pensando en el pasado, como se ha hecho hasta hoy. Peñalosa es víctima de improperios de toda clase por construir Transmilenio y no el metro en su alcaldía, y ahora, cuando el vuelve a ser candidato, se ha subido al mismo bus, o mejor decir metro, que los otros candidatos, solo que con algunos cambios. Todos los candidatos aceptan el Metro, lo ‘Van a construir’, al igual que lo dijo Samuel Moreno o Gustavo Petro, para sólo hablar de alcaldías recientes. Pero ¿Es realmente la solución construir el Metro en Bogotá? Mi respuesta es que no.

Ese capricho tiene que olvidarse porque para bien o para mal ya adoptamos el Transmilenio y debemos desarrollarlo al máximo de su capacidad, cuidarlo como nuestro propio sistema de transporte y perfeccionar sus fallas (que no son pocas), revitalizarlo, extenderlo y terminar el total de Troncales que nos prometieron cuando se comenzó a construir. Porque, me pregunto, ¿En dónde están las Troncales de la Av. Cali, la Av. Boyacá, la ALO (¿¡Dónde está la ALO!?) y la Calle 68? Las cuales ya deberían estar en funcionamiento o construcción. Es aquí en donde se debe invertir el dinero que de otra manera iría a una sola Troncal, la del capricho bogotano.

Luego de reconstruir los planes de Transmilenio, y asumirlo como el sistema funcional para la ciudad, tomándolo con responsabilidad y seriedad, se debe pensar hacia afuera, en la integración de Bogotá con la Provincia Centro de Cundinamarca, en dónde están muchas de las ‘ciudades dormitorio’  del Distrito, como por ejemplo: Chía, Cajicá, Zipaquirá, Cota, Funza, Mosquera, Soacha, etc.

Las miles de personas que llegan a diario a Bogotá desde estos pueblos son parte fundamental del sistema productivo, de la vida económica y social de la ciudad, pero ellos no tienen un sistema funcional de transporte que los movilice desde sus casas, a las afueras, hasta sus trabajos, en la ciudad. El sistema actual colapsa con la cantidad de gente que ingresa en él, ya fuera en Transmilenio o con carros particulares. Así que ¿Qué hacer?

Después de invertir en Transmilenio y llevarlo a su máxima capacidad operativa debemos pensar en un Tren o un Metro de cercanías que empalme a los pueblos de la Provincia Centro con Bogotá, e incluso entre los pueblos mismos, creando el área metropolitana y generando un verdadero sistema de transporte integral que facilite la interconexión de la Sabana, ayudando a fomentar el turismo, la economía y el intercambio social y cultural.

Eso es pensar a futuro, saber que se debe limitar el crecimiento horizontal de la ciudad, fomentando el vertical, pero asumiendo que la ciudad va a seguir creciendo y que sus pueblos circundantes van a a seguir acogiendo individuos que trabajan y estudian en la Capital, de manera que debemos fomentar una verdadera integración entre los vecinos, porque a futuro, todos nos enfrentaremos al mismo problema: el caos de movilidad, dentro y fuera de la ciudad; esto si no se toman las medidas necesarias desde ya, cuando aún es posible prever el problema.

Esta es mi invitación a los Bogotanos y las autoridades encargadas, para que dejemos el ego y el capricho bogotano a un lado y pensemos a futuro la ciudad en un contexto de integración regional y creemos, juntos, el área metropolitana, con un sistema de movilidad fuerte y consolidado. El Metro no debe construirse para la ciudad, debe construirse para la región. A cambio, el Transmilenio deberá ser la joya de la corona de la movilidad dentro de la ciudad, con un ejercicio y uso racional por parte de funcionarios y usuarios.

 

Fabián Leonardo Muñoz Guerrero
Estudiante de Ciencia Política
Universidad Nacional de Colombia
@leomunnoz

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