Opinión

El capitán del barco…

Es hora de sepultar la excusa de la guerra que impide el desarrollo y de imponer una estrategia con un liderazgo dinámico e inteligente

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Octubre 04, 2018
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El capitán del barco…
Los problemas que enfrenta el comandante de la flota, son extraordinarios y absolutamente complejos. Foto: Twitter/Iván Duque

Las credenciales que el presidente Iván Duque ha presentado como el gran capitán del barco, están soportadas en tres pilares fundamentales: promover la “legalidad, el emprendimiento y la equidad”, altos valores democráticos que propenden garantizar el imperio de la ley y el ejercicio pleno de las libertades ciudadanas.

La abultada y pesada institucionalidad nacional, tendrá que ejecutar en terreno, estrategias y mecanismos inteligentes, para que las decisiones transformen las crudas realidades, en victorias tempranas, con eficiencia, prudencia y sinceridad con los colombianos.

Esa gran campaña operativa requiere de liderazgos adaptativos y estratégicos para enfrentar las más duras tormentas, combinando las dinámicas tradicionales, con la innovación de las nuevas competencias del equipo que gobierna el barco. Poner a la tripulación a lograr resultados inmediatos es el error de siempre; hay que lograr resultados, considerando la cultura de las instituciones y el contexto antropológico de nuestras regiones.

 

Construir confianza es tarea principal del capitán del barco con su tripulación.
Foto: barco Stolt Surf /Karsten Petersen

 

La importante misión que ocupa a la Casa de Nariño, ministerios, altas consejerías, agencias y entidades del ejecutivo, (la tripulación del barco), implica un gran incursión de capacidades institucionales, tal como el propio desembarco de las tropas aliadas en Normandía; sus mejores armas deben estar cargadas de obras y bienes públicos sobre teatros de operaciones olvidados por el Estado, cercados por mafias de cuatreros ricos, por sus economías ilegales.

Es hora de sepultar la excusa de la guerra, que no permite llevar desarrollo…

Hay que hacer posible la estabilización de esas regiones olvidadas, con más eficiencia y velocidad; es una competencia de altísima exigencia que apenas dispone de 46 meses, para que nuestro presidente y el dispositivo que ha desplegado, muestren resultados en medio de las restricciones y la enfermiza disfuncionalidad estratégica.

Cualquier estrategia, exige de un liderazgo dinámico e inteligente, con altas dosis de coherencia, transparencia y confianza.

Coherencia entre lo que piensan tantos capitanes de naves, con sus numerosas tripulaciones: los encargados de los programas, poseen técnicas propias para navegar, pero en el mar cualquier cosa puede pasar; se necesita adaptabilidad para conservar lo esencial y al mismo tiempo evolucionar en medio de un entorno altamente turbulento donde el líder debe construir una estrecha sincronización con su tripulación; cualquier capitán experto, no puede confundir el liderazgo con la autoridad, el poder o la influencia.

Un mecanismo o una estrategia nunca debe pasar por encima de otra, debe complementarla; esa tendencia que caracteriza a nuestras instituciones, ha retardado misiones tan complejas como acabar con los cultivos de coca, la minería ilegal, llevar agua potable, escuelas y conectividad a las zonas de frontera, o en las poblaciones ribereñas de los 8273 kilómetros, sobre los 26 ríos navegables de la Colombia rural.

La coherencia institucional, obliga a que cada día haya menos diferencia entre lo que se piensa y lo que se dice o hace, y procura que exista menos distancia entre las decisiones que tomamos y lo que hacemos para lograrlo.

La transparencia es un faro que guía al gran capitán del barco, en medio de tanta turbulencia, indignación y exigencia; cada capitán que funge como ministro, como alto consejero o director técnico de los programas, debe producir resultados con absoluta trasparencia, porque las operaciones de las naves, deben claridad a los ciudadanos que hacen control político de la gesta.

Para ganar confianza, sine qua non, se debe actuar con coherencia y trasparencia; la confianza es la que permite sostener relaciones de largo plazo y en medio de tanta rivalidad, es condición necesaria para construir diálogo y desarrollo.

Construir confianza es tarea principal del capitán del barco con su tripulación, y cuidar la confianza, un asunto de todos.

Concluyendo: la estrategia de cualquier capitán de barco se orienta dentro de un ejercicio dinámico que se retroalimenta constantemente dentro de lo pactado y lo cumplido; es la forma de escalar, para llevar a puerto los pilares fundamentales de este gobierno; sin coherencia, transparencia y confianza, no se logra legalidad, emprendimiento y equidad.

Un liderazgo inteligente, construye sobre lo construido, conserva lo esencial, evoluciona en mares turbulentos, sincroniza capacidades, sabe medir sus fuerzas, no eleva las expectativas, no tiene respuestas fáciles y asume el reto de hacer cambios.

Los problemas que enfrenta el comandante de la flota, son extraordinarios y absolutamente complejos. Por todo esto, debe existir completa armonía en todos los instrumentos y mecanismos del barco, con toda la tripulación y con la misma ciudadanía.

Los ciudadanos no somos simples invitados a mirar cargar las velas, debemos subir a cubierta y estar dispuestos a servir y navegar, como la fuerza propulsora, como parte de la solución y no del problema; solo así, entre todos, podremos sortear los abruptos cambios del mar y del viento.

 

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