El calvario de Lula

El tribunal de apelación confirmó la sentencia a finales de enero y aumentó la pena a 12 años y un mes en segunda instancia. Su legado está en peligro

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abril 05, 2018
El calvario de Lula
Foto: archivo perfil.com/AFP

¿Cómo se puede hablar de efectividad judicial si no hay un momento en que se pueda ejecutar la pena?, así indicó el juez Alexandre de Moraes, al indicar su voto en contra del recurso extraordinario de “habeas corpus preventivo” que el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva había presentado para evitar ir a prisión por una condena de corrupción

El Supremo Tribunal federal de Brasil (SFT) luego de una jornada de casi 11 horas (trasmitidas por televisión) rechazó anoche con un voto muy ajustado 6-5 contra el recurso. El voto decisivo fue otorgado por la presidenta del Tribulan, la magistrada Carmen Lucia Antunes Rocha, quién por su cargo votó de última, e inclinó la balanza a favor de la prisión del ex jefe de Estado.

Con el fallo, el SFT abrió la puerta para que la Justicia pueda decretar en los próximos días un encarcelamiento de Lula por una sentencia de más de 12 años de cárcel a la que fue condenado en enero. Para que haya una orden de arresto es necesario que la revisión de la condena del ex presidente esté cerrada en segunda instancia judicial. Eso podría ocurrir en cuestión de días, ya que la corte a cargo solo tiene que responder unas objeciones formales de la defensa tras haber rechazado ya las apelaciones previas.

El “habeas corpus preventivo” presentado por los abogados de Lula ante el STF buscaba evitar una orden de arresto antes del final del proceso en todas las instancias judiciales posibles. Tras el final del caso en segunda instancia, el ex presidente puede recurrir a una tercera instancia, al Superior Tribunal de Justicia, la máxima corte brasileña para asuntos no constituciones, y en un cuarto o último recurso puede intentar llevar el caso ante el SFT, la última instancia final de la Justicia brasileña, la misma que ayer le negara el habeas corpus.

Lula, de 72 años, ex presidente de izquierda a través del Partido de los Trabajadores – PT, entre 2003-2010, fue condenado el año pasado a nueve años y medio de cárcel en primera instancia por cargos de corrupción vinculados con el caso Lava Jato. Según esto, el expresidente aceptó sobornos por 3.7 millones de reales ($ 1.1. millones de dólares) de la constructora OAS para beneficiarse de sus negocios con Petrobras. Los pagos se debían hacer a través de la reforma de un apartamento de playa que Lula planeaba adquirir en Guarujá, en la costa de Sao Paulo.

El tribunal de apelación confirmó la sentencia a finales de enero y aumentó la pena a 12 años y un mes en segunda instancia. Al mismo tiempo, la corte regional de Porto Alegre abrió la puerta a que Lula pueda ser encarcelado una vez que el caso sea cerrado en segunda instancia. Además de este proceso, el ex mandatario afronta otros seis juicios también ligados al Lava Jato.

Lula, durante toda su batalla legal, ha continuado haciendo campaña política como candidato del PT para las elecciones presidenciales del próximo octubre, y a criticado a sus detractores, prometiendo no rendirse. En caso que la Justicia decida enviarlo a prisión en los próximos días, las apelaciones a otras instancias se llevarán desde la cárcel. No se sabe que pasos daría en su campaña política, en la cual encabeza las preferencias de voto.

Brasil ha estado sumido desde hace años en una grave crisis institucional por los escándalos del caso de corrupción política Lava Jato (Lavado de autos). Los partidarios de Lula, al menos un tercio del electorado, consideran el fallo como una especie de venganza de la elite contra el obrero metalúrgico sin estudios que, saliendo del último escalón social, en un país clasista, logró gobernar con éxito durante ocho años. En cambio, muchos han interpretado el fallo como la señal de que las investigaciones judiciales contra la corrupción no se van a detener y que los tribunales han sentado un ejemplo ante la sociedad demostrando que “nadie está por encima de la ley”.

En el día de ayer, Brasilia estuvo bajo un amplio dispositivo de seguridad, con unos 4 mil policías para evitar disturbios. Los contrarios a Lula, envueltos en el verde y amarillo de la bandera brasileña, se apresuraron a danzar y tocar tambores cuando la derrota del expresidente empezó a tomar cuerpo. Casi al mismo tiempo, entre los partidarios del líder del Partido de los Trabajadores (PT), embutidos en camisetas rojas y portando efigies de su ídolo, corrían las primeras lágrimas, y el PT emitia su primera declaración “Es un día trágico para la democracia”.

 

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