Solo 40 de cada 100 bachilleres acceden a la educación superior en Colombia y apenas 20 logran graduarse. Un sistema desigual que frena el futuro de muchos

 - El calvario de las familias colombianas para lograr que sus hijos puedan ir a la universidad
Texto escrito por: Jhon Shaley Posada Ospina

De cada 100 estudiantes que logran graduarse de la educación media, tan solo 40 logran acceder a la educación superior (técnica, tecnológica o universitaria), de acuerdo con los indicadores de tránsito inmediato del Ministerio de Educación Nacional (MEN). Esto representa el 60 % de los graduados que se quedan por fuera de la educación superior. Sea por problemas económicos, los cuales no permiten que los aspirantes puedan tan siquiera pensar en acceder, o por un puntaje bajo en las pruebas estatales Saber 11 (ICFES), que miden a todos los estudiantes del país en virtud de los conocimientos adquiridos desde todas las etapas vividas en la educación básica y media.

Hablando específicamente de la educación pública, que para muchos representa ser un monstruo imposible de derrotar: postularse, ingresar y sostenerse es una de las grandes preocupaciones que sufren padres, estudiantes y universitarios.

Las estadísticas de permanencia del sistema SPADIES del Ministerio de Educación, cruzadas con análisis de brechas del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana, muestran un crudo embudo: 40 de cada 100 estudiantes logran ingresar a los programas académicos ofertados; 31, mantenerse dentro del sistema tras el primer año; y apenas 20 logran graduarse y obtener el diploma universitario. Estas cifras nos brindan una realidad cruda que vivimos en torno al país y su sistema educativo.

Acceder al programa soñado representa una serie de retos a los cuales se enfrentan familias y, en el peor de los casos, jóvenes sin apoyo alguno. Poca oferta, costos de inscripción, matrícula, vivienda, alimentación, transporte y dotación de materiales para obtener un buen desempeño académico, entre otras cosas que ignoramos y se pueden sumar a la lista de los menos favorecidos del país.

Por estas razones, hoy seguimos preguntándonos: ¿la educación sigue siendo un privilegio de unos cuantos? Esos cuantos que lograron acceder a la educación básica privada, la cual les brindó muchas más herramientas de las que pudo haber tenido un egresado de colegio público o distrital; definitivamente estamos en desigualdad de condiciones.

Pues no es lo mismo un estudiante que a lo largo de su formación académica logró aprender dos idiomas, contar con instalaciones óptimas y educación personalizada, a uno que tuvo un salón de 40 personas, instalaciones precarias, adquisición de conocimientos de dudosa calidad, pocos hábitos de lectura y, a eso sumándole, una pésima preparación para canalizar los problemas que acongojan a la mayoría del estudiantado.

Esto, en términos prácticos, representa una diferente clase de estudiantado medido con la misma vara que le abrirá la puerta a la educación superior.

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Por Nota Ciudadana

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