Educación en el feminismo: de los estereotipos, la conciencia y la resignificación

Una sociedad que quiera reivindicar a la mujer debe intervenir mediante la concientización de los jóvenes, porque ellos son los responsables del cambio social

Por: Valentina Moreno Moreno
diciembre 02, 2020
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Educación en el feminismo: de los estereotipos, la conciencia y la resignificación
Foto: Flickr MediaReduy - CC BY-SA 2.0

En el instante en el que mi amigo me acusó de feminista, tal como si mi desacuerdo con el machismo y mis deseos por reivindicar mis derechos como mujer fueran un conjunto de obras puras de delincuencia o vandalismo, le pedí una explicación al respecto. Él me contestó con odio “las feministas no tienen alguna noción de presentación personal y su odio por los hombres es inmenso”. En este punto, comprendí que esto no era una vivencia trivial, sino un problema grave arraigado a la sociedad sobre una concepción errónea del feminismo, que estaba generando discriminación y estereotipos del movimiento. Una sociedad que quiera reivindicar a la mujer debe intervenir mediante la educación para concientizar a los jóvenes, porque ellos serán los responsables del cambio social. Por consiguiente, considero que la educación sobre el feminismo en los jóvenes universitarios lleva a una toma de conciencia y a una resignificación de este movimiento que logrará romper con los estereotipos.

Hasta antes del siglo XX, los principios de igualdad y equidad no se daban en función del género, sino más bien de la estabilidad económica por la fuerte influencia del patriarcado y las prácticas culturales anteriores. Además, parte de la población ha generado asociaciones y concepciones entre delincuencia y necesidad de reivindicación de los derechos desde el contexto histórico de los países, como Colombia, cuyas sociedades han sido fuertemente azotadas por un pasado de violencia y conflicto. Es probable que la crianza, la socialización y la educación de mi amigo, proporcionada por su familia, esté firmemente ligada a patrones socioculturales marcados por el patriarcado y el miedo a la revolución, debido a la influencia del vandalismo; y por esta razón, el haya estado juzgándome por ser feminista. En consecuencia, generar un cambio de pensamiento inmediato en la población actual resulta complejo, debido a los estereotipos que ha creado la historia sobre el movimiento feminista.

“El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos” (Adichie, 2009, p.22). Todos los estereotipos del feminismo tienen una connotación negativa sobre la identidad del movimiento. Por ejemplo, mi amigo argumenta que el feminismo no es más que un movimiento de solo mujeres rebeldes que se han unido en asociación para odiar a los hombres, a la cultura nacional y también al jabón, al desodorante y a la máquina de depilación. Todos estos estereotipos, como se ha mencionado anteriormente, son producto de una historia generalizada de algún número limitado de mujeres feministas que, por convicción personal, hayan decidido dejar de preocuparse por el uso de estos implementos de aseo. Por ende, el estereotipo persiste en el mundo actual, puesto que vivimos en una sociedad que tiende a generalizar lo particular, a compactar la historia de acuerdo con lo que conoce e interpreta y con base a esto, crea estereotipos, cuya solución es la educación en el feminismo.

Esta alternativa educativa es un proceso que demanda una construcción social de conciencia y una resignificación del movimiento, que tiene la capacidad de formar integralmente a los individuos desde muy jóvenes. Es así que, educar conscientemente sobre un movimiento como el feminismo ofrece un panorama amplio de perspectivas diferentes que pueden resignificar la identidad del movimiento en una población que se encuentra sumida en estigmas y estereotipos. Sin embargo, considero que esta instrucción debe estar orientada a los jóvenes universitarios, por nuestra madurez y la aplicación que le podemos encontrar a la solución del problema desde sus programas académicos y vocación. Esto puede presentarse a través de semilleros de investigación y cursos electivos de feminismo y género, donde se generen espacios formativos para el intercambio de ideas entre comunidades discursivas y la indagación académica, con el fin de dar origen a una transformación social. Más aún, que resignifique el feminismo a partir de la divulgación de las publicaciones de investigación y los artículos académicos que se produzcan en estos.

Sosteniendo una conversación a cerca de los frutos de la educación feminista en la universidad con una mujer militante que pertenece a dicho movimiento, me comentaba que, a las instituciones universitarias actualmente les falta mucho para lograr resultados positivos en cuanto a la toma de conciencia en el feminismo. Por tanto, es necesario que se tengan en cuenta dos aspectos; primero, hacer capacitaciones a los docentes para implementar, desde sus cursos y temáticas, una educación diferencial feminista; y segundo, abrir espacios para intercambio de ideas entre distintas facultades, porque sus contextos y maneras de abarcar el pensamiento resultan muy distintas entre sí. Sin embargo, hay que tener en cuenta que existen diversos factores externos que interrumpen estos procesos de concientización, por ejemplo, el acceso a la educación, los contextos opuestos de la universidad pública y privada, la burocratización de la institución y estos estereotipos que se arraigan al contexto sociocultural de las personas. De ahí que la responsabilidad de tomar conciencia y resignificar un movimiento como lo es el feminismo, no es una delegación simple, sino que es más bien un proceso lento y complejo en el que confluyen muchas fuerzas y actores.

Ahora bien, a pesar de las complicaciones que pueden interferir en la toma de conciencia y resignificación del feminismo en la educación superior, los jóvenes universitarios si podremos generar resultados transformativos a largo plazo en el contexto social del movimiento. Con mi entrada a la universidad, me he dado cuenta de que esta debe ser un actor social, que a través de la capacitación a los docentes y los semilleros de investigación o cursos electivos pueda producir una relación academia-sociedad, en la cual puedan divulgarse los conocimientos de manera pacífica al contexto social. Teniendo en cuenta que esto es un proceso que se construye a través del tiempo. No obstante, es necesario que en este proceso de toma de conciencia y resignificación del feminismo actuemos todos, porque se trata de una construcción social que convoca a todos los actores y fuerzas dentro de ella. Tal y como dijo Chimamanda Adichie: “Si hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que mejorarlas entre todos, hombres y mujeres”. (2012, p.55)

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