¿Dónde quedó el debate ideológico?

"Lo primero que hay que conocer es la doctrina del rival político, cosa que difícilmente sucede en Colombia, fundamentalmente con el marxismo-leninismo"

Por: Ariel Peña González
agosto 03, 2018
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¿Dónde quedó el debate ideológico?
Foto: Pixabay

La prolongada violencia guerrillera y sus consecuencias, que se viven en la actualidad después del acuerdo con las Farc, indiscutiblemente son culpa del marxismo, al cual no se le dio el debate ideológico requerido por parte de los demócratas.

En las décadas del conflicto político-militar en Colombia prácticamente volvieron intocable a la doctrina totalitaria del marxismo-leninismo, que se ha enseñado en las universidades, especialmente en los establecimientos públicos, como un canon para “la predestinación y redención” de toda la humanidad, en donde el Estado como látigo bendito es el medio para llegar al paraíso, lo que convierte al comunismo totalitario en una secta que justifica el crimen como el sacrificio propiciatorio para alcanzar la felicidad eterna. Semejante espejismo, propio de las alucinaciones marxistas, es el responsable de la tragedia que ha vivido el país en más de 5 décadas.

Al no existir el debate intelectual es absurdo vender la especie sobre que “no se puede pensar diferente”, ya que por lógica se ataca el pensamiento ajeno cuando se conoce, pero si por descuido se ignoran las intenciones de los enemigos de la democracia y la libertad que abrazan los dogmas del marxismo-leninismo es un exabrupto afirmar la frase anteriormente mencionada.

Al marxismo-leninismo, responsable del conflicto armado de más de 52 años que se ha vivido, nunca se le realizó una confrontación doctrinaria por parte de las élites políticas que nos han gobernado. Eso sin olvidar que los grupos guerrilleros fueron creados para tomarse el poder mediante la violencia terrorista. Entonces cuando se dice que “no se puede pensar diferente”, eso no tiene lógica, pues poco o nada se ha debatido sobre la esencia y el componente ideológico del comunismo totalitario, causante de las grandes desgracias y sufrimientos que ha vivido Colombia y parte de la humanidad.

Se contiende el pensamiento diferente cuando se conoce, pero en el caso del país en que se ha ignorado por completo lo que representa el marxismo-leninismo, que es antagónico al humanismo, es absurdo decir que se ataca a un adversario del cual se desconocen sus intenciones absolutistas y la protervia que encarnan sus fines, porque no hay experticia ideológica, subrayando que los múltiples crímenes que se han cometido en esta larga historia de violencia, son producto del conflicto armado cuya única responsabilidad es exclusiva de los dogmas y mitos marxistas.

La degradación del conflicto llevó a situaciones calamitosas, en donde la lumpenización del enfrentamiento, adobado por el narcotráfico, no permitió dilucidar de manera clara la catástrofe vivida. Sin embargo, exjefes guerrilleros han justificado su accionar terrorista con un discurso miserabilista, en donde también falazmente argumentan que han sido perseguidos por “pensar diferente”, cuando eso es una patraña para justificar la exaltación que han hecho de la violencia, pero eluden el debate ideológico cuando en contadas ocasiones se les presenta, ya que pertenecen al comunismo totalitario.

No solamente en Colombia la dirigencia política tradicional ha sido incapaz de darle la lucha ideológica al marxismo, sino que las viejas oligarquías latinoamericanas, que han manejado los Estados, se les ha notado un complejo de inferioridad frente a las enseñanzas del comunismo totalitario, cayendo en una reverencia supersticiosa frente a semejante engendro, de pronto asustadas por la jerga comunista del materialismo histórico y la inevitabilidad. Porque con ese par de fetiches, igual que sucede con las sectas religiosas, los comunistas ofrecen a las personas atolondradas un supuesto mejor futuro por miedo a lo que vendrá, utilizando mitos como el de la lucha de clases.

El debate ideológica en contra del marxismo-leninismo lo han convertido en una anatema, ya que en la academia, la política, los medios de comunicación y en las organizaciones sociales no se presenta. Y aunque algunos tienen de excusa que en Colombia “ no se puede pensar diferente” por la intolerancia, se olvidan de las implicaciones horrorosas que ha generado el conflicto armado interno. De ahí que bajo ninguna circunstancia, al no existir una respuesta filosófica e ideológica en contra del totalitarismo por parte de quienes han manejado el Estado, no es válido hacer afirmaciones sobre algo inexistente.

Así como han tratado de convertir en intocable al marxismo, no se cuestiona al bolivarianismo, indigenismo y los diferentes atuendos que ha usado el comunismo totalitario. Y a veces en algunos importantes centros de educación superior las directivas se paralizan cuando se trata de tocar temas como el foro de Sao Paulo, pues lo primero que hay que conocer es la doctrina del rival político, cosa que difícilmente sucede en Colombia, fundamentalmente con el marxismo-leninismo, cuya vileza es muchas veces ignorada por los demócratas.

 

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