El desgarrador perdón de Pastor Alape en Granada, el pueblo contra el que se ensañó Karina

En la pequeña iglesía estaban huérfanos, viudas, amigos, vecinos de quienes murieron en las sangrientas tomas de alias Karina. Hugo Tamayo cuenta

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septiembre 25, 2017
El desgarrador perdón de Pastor Alape en Granada, el pueblo contra el que se ensañó Karina
Fotos: Izq. traslacoladelarata.com /

Para las diez de la mañana esperábamos en el atrio de la iglesia parroquial del municipio de Granada a los representantes de las Farc, y entre ellos, al señor Pastor Alape, pues en el interior de este recinto se iba a llevar a cabo la ceremonia donde esta organización le pediría perdón al pueblo granadino.

Las personas empezaron a llegar unas dos horas antes del momento tan anhelado por muchos, pero a la vez, criticado por otros; como una señora que con su bebé en brazos que repartía una hoja con la foto y un texto alusivo a su padre desaparecido por esta organización. Allí, en este volante por último rezaba: “¿No queremos que estén de turistas dando repertorios, hoy solo pedimos la verdad, dónde están nuestros seres queridos?”  Otra, una mujer de unos veintisiete años, se paró dos o tres minutos al frente del atrio a observar y la abordé para preguntarle: ¿va a venir al acto? Y ella, con expresión de dolor y frunciendo el ceño me exclamó: “¡yo qué voy a ver a esos hijue…, usted cree que a mí se me olvida cuando yo tenía por ahí diez u once años, que iba a llevarle el almuerzo a mi papá y ellos me preguntaban: muestre qué lleva ahí. Me revolcaban la coca con la comidita y después mi papá tenía que comerse eso así todo cochino por esas gonorreas! Yo no voy a venir a ningún evento” y siguió su camino. Luego, cuando llegó doña Amparo Suarez que le mataron a dos de sus hijos y le desaparecieron otros dos, también le pregunté: ¿cómo se siente? Y ella, inmediatamente se puso la mano en el corazón, suspiro profundo y exhaló para responder: “no sé qué me va a pasar cuando los vea cara a cara”. Y agachó su cabeza. Así, el atrio se fue colmando de comunidad en general, pero sobre todo, de reporteros.

Por estar pendiente de estas reacciones de la gente, no me di cuenta a qué horas ni por dónde entró el señor Alape con su comitiva al interior de la iglesia. Pero ya adentro y de una forma tan fácil que pensé imposible, me le acerqué, le entregué un libro –Desde el salón del nunca más- Me dió las gracias; aparte de yo haberle tenido tanto odio a estas personas, espontáneamente, solo se me ocurrió decirle: permítame le doy un abrazo. Luego me retiré.

Cuando terminó la ceremonia religiosa, uno a uno fueron pasando a pronunciar las palabras preparadas de perdón y reconciliación: el señor alcalde municipal, las víctimas y por último, el representante de la cúpula de las Farc que entre otras cosas dijo: “…Traemos nuestro corazón abierto. (…) También entendemos al que no está dispuesto a perdonar...” “Les entregamos nuestras manos abiertas esperando que algún día nos perdonen con el perdón que nace del corazón (…) Y terminó diciendo: “Nuestro infinito agradecimiento por habernos recibido aquí a pesar del dolor causado”. La mayoría, con los rostros diferentes al que teníamos aquél tiempo como el 06 y 07 de diciembre del año 2000 que ellos tumbaron nuestro pueblo, abrimos las manos para aplaudir sus palabras de compromiso y arrepentimiento.

“Por favor, díganos cuándo, no nos mamen más gallo”, le decía cuando se le pudo acercar la que repartía el volante en el atrio junto con otra hermana suya. Lloraban sin parar, le ponía una de sus manos –porque con la otra sostenía a su bebé- sobre el brazo del señor “Alape” y le repetía: Por favor, por favor… sin que las lágrimas se detuvieran. Así, como una de ellas que estaba que se desmallaba y por eso la acompañaron para que se fuera a reposar, yo no puede aguantar más lo que sentía por dentro al ver esas súplicas y también me retiré.

Luego vi que llamó a alias “Prometeo”, uno de sus acompañantes, para que tomara nota de las personas que se le acercaban pidiéndole información de su familiar desaparecido.

Finalizado el evento y que los escoltas subieron a sus vehículos luego de haber abordado su jefe y se fueron, hablé con Hernán Gómez, hermano del ex alcalde, Jorge Alberto, asesinado por ese grupo. Sus palabras fueron serenas: “había más reporteros que público en general. Es que el tema tiene muy polarizado a la gente. En este país todavía estamos creyendo que no hay sino uribistas y santistas y es el error más grande que cometemos los ciudadanos de a pie, porque tenemos que seguir aprendiendo a perdonar. Eso es una falacia, no tiene sentido, porque en su discurso a Alape le vi mucha humildad. Muy real… Él estaba nervioso. Yo estaba al bordo de él. Le temblaba la mano al leer. Pero en todo lo que apunte a reconciliar hay que estar ahí”, terminó diciendo esta víctima.

“El perdón es la venganza de los hombre buenos” (Juan Pablo II).

*Nacido en Granada, ha sido campesino pero además es escritor y autor del libro "El salón del nunca más"

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