En esta columna he compartido mi absoluta convicción sobre los inmensos beneficios personales, colectivos y sociales que trae el deporte, no solo el de alta competencia, sino en todas sus formas y niveles. Ahora, gracias a Juan Felipe Rey, quien me ha enseñado de derecho deportivo, y frente a una realidad científica y empresarial, debemos volver a poner a prueba esa fe.
El punto de partida
Quienes amamos el deporte crecimos inspirados en ciertos dogmas: el no uso de sustancias ni ayudas químicas o científicas que alteren nuestro cuerpo, y la idea de que los competidores olímpicos son aficionados y no profesionales.
Lo que creíamos inamovible
Hoy, como ocurrió cuando se conoció el genoma humano, parece que esos dos paradigmas no son necesariamente ciertos y, claramente, no están blindados frente al cuestionamiento.
Uso de sustancias y tecnología
En efecto, los Enhanced Games o Juegos Mejorados serán un evento deportivo en el cual los organizadores no solo permitirán, sino que incentivarán, el uso de sustancias y tecnologías no autorizadas por la Agencia Mundial Antidopaje. Además, no solo se acepta que los participantes sean deportistas profesionales, sino que, más allá de las medallas, cada ganador recibirá una suma importante de dinero.
La racional de los “superhumanos”:
La ruptura con la fe tradicional en el deporte se fundamenta, por una parte, en la declaración explícita de los organizadores. Consideran que, de este modo, fomentan avances científicos, farmacéuticos y tecnológicos que permitirían a los deportistas, y a los seres humanos en general, superar sus limitaciones biológicas y alcanzar estados de “superhumanidad”.
Así, proponen un evento que no rechace esos avances, sino que los incorpore abiertamente a la práctica deportiva.
Para quienes admiramos el progreso científico, el dilema será difícil. Para quienes creen que el ser humano está llamado a co-crear el mundo, el debate será aún más profundo.
El vil metal
Por otra parte, la propuesta también se justifica en que no hay razón para estigmatizar el ánimo de lucro en los deportistas. En este esquema, habrá competencias de natación y atletismo, pero con una prioridad clara en el resultado. Los ganadores obtendrán USD 500.000 y bonificaciones adicionales de entre USD 250.000 y USD 1.000.000 si logran romper récords mundiales.
Podrá participar cualquier deportista élite que decida hacerlo, aun sabiendo que podría ser sancionado por la Agencia Mundial Antidopaje. Para equilibrar esto con la seguridad, solo se permitirán sustancias aprobadas por la FDA de Estados Unidos, y cada atleta será sometido a una evaluación médica privada en la que deberá declarar qué usa y con qué efectos.
Así planteado, para quienes creemos que el sistema económico crea los incentivos correctos para que cada uno alcance lo mejor de sí mismo, el reto espiritual e intelectual será grande.
Salgo ahora a correr hasta arriba el peaje de Patios. Nos vemos en el camino de resolver estos dilemas.
Del mimo autor:¿Revolución?
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