Del sindicalismo, el convenio 47 de la OIT y las 40 horas de trabajo semanales

"Tras el COVID-19, lo lógico es que en Colombia se materialice la ratificación de este acuerdo, como históricamente se ha propuesto". Escribe Ariel Peña

Por: Ariel Peña González
diciembre 22, 2020
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Del sindicalismo, el convenio 47 de la OIT y las 40 horas de trabajo semanales
Foto: Pixabay

 En 1935 por la depresión económica mundial que vivió la humanidad, la Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, congregada en Ginebra el 4 de junio de 1935 en su decimonovena reunión, consideró que por el desempleo en aquellas calendas de millones de trabajadores, que estaban en la miseria y sufrían múltiples privaciones perdiendo sus más elementales derechos, había que reducir las horas de trabajo a 40 semanales (CO47); de tal suerte que al ser la presente situación mundial una réplica de lo que fue la gran depresión de los años 30, en esta ocasión por culpa del COVID-19 o peste china, lo lógico es que en Colombia se materialice la ratificación del Convenio 47 de la OIT, como históricamente lo ha propuesto el sindicalismo democrático, eso sí siguiendo las directrices de la OIT en el sentido de que no implique ninguna disminución salarial para los trabajadores.

 El Centro Democrático, que dirige el expresidente Álvaro Uribe, presentó este año un proyecto en el Congreso acerca de la reducción de las horas de trabajo de 48 a 40 semanales, que ya fue aprobado en la plenaria del Senado y en el 2021 hará trámite en la Cámara de Representantes, lo que está en concordancia con el Convenio 47 de la OIT y de ninguna manera es una iniciativa populista; además por la pandemia las condiciones políticas, sociales y económicas de las naciones tendrán que cambiar indefectiblemente, y desde luego que también se incluyen los factores laborales, así pues, que las fórmulas que conocemos en el trabajo presentarán nuevas ecuaciones, de ahí que la innovación ante los retos es de importancia capital, porque lo que ha sido no tiene por qué seguir siendo.

Los países tienen que enfrentar los desafíos que acarrea la catástrofe sanitaria, por lo cual no es regateándole a los trabajadores el tiempo laboral, como se va a superar la emergencia, sino que es mediante el fortalecimiento del aparato productivo en Colombia la manera más adecuada para salir de la crisis, recalcando que la industria no puede seguir siendo desplazada en sus productos manufacturados por China, cuando muchas de esas mercancías se pueden producir en el país; de la misma manera se debe alcanzar la soberanía alimentaria fortaleciendo el campo mediante políticas agrícolas que contribuyan a tonificar el aparato productivo.

 De tal manera que las organizaciones de los trabajadores están llamadas a discernir el signo de los tiempos, para contribuir a superar la hecatombe que nos “regaló” el Partido Comunista de China y buscar la reducción de la jornada laboral demostrando su autonomía sindical y rechazando toda clase de doctrinas totalitarias, dado que los militantes del marxismo en todos sus pelambres, les debería dar vergüenza hablar acerca de que la ideología de los trabajadores es el comunismo, resaltando que los más importantes líderes libertarios del siglo XIX le asestaron una humillante derrota conceptual e ideológica a Karl Marx, quien pretendía mediante el Estado crear una esclavitud política en contra de los obreros, de ahí que el marxismo fue definido por los anarquistas como una patraña burocrática de engaño al proletariado, que se fundamenta en el absolutismo y la crueldad.

Marx con su dogmática estatista, burocrática y embrutecedora, buscaba que el Estado fuera una especie de yugo bienhechor o látigo sagrado para dominar a los trabajadores, por eso la narrativa de que el marxismo es la doctrina que deben de seguir los obreros es un embuste, ya que la historia así lo ha demostrado, porque además con las enseñanzas de Marx se han montado dictaduras oprobiosas como las de Pol Pot, Stalin, Lenin, Mao Zedong, Kim Il-Sung, Ho Chig Minh y Fidel Castro que le han regalado a la humanidad millones de asesinatos que comenzaron con el golpe bolchevique en Rusia hace 103 años, amén de la creación de monarquías como las de Cuba y Corea del Norte.

Al marxismo en toda su historia no le ha interesado el bienestar de los trabajadores, como sería el de la jornada laboral de 40 horas semanales en el país, porque lo que pretende es la toma de poder, incrementando la miseria de las masas como condición necesaria para que un Estado comunista represivo y burocrático perdure eternamente; por eso el sacrificio de los mártires de Chicago, ocurrido en 1886 quienes eran libertarios y en cuya memoria se conmemora el primero de mayo es la antítesis del marxismo que aplasta la libertad individual, para montar nomenclaturas infames, cuyas élites parasitan con el Estado oprimiendo a los pueblos y convirtiéndose en las burocracias más corruptas que hay sobre la tierra, pues al ser dictaduras no tiene ningún control ciudadano.

 La justeza de las luchas sociales, que deben de ser lideradas por los sindicatos, especialmente, se tiene que basar en la solidaridad rechazando la infiltración de grupos terroristas narcomarxistas, dado que estas bandas buscan utilizar la protesta para desarrollar sus torvos objetivos, pues como seguidores del adefesio comunista pretenden tener a obreros y campesinos como herramientas para satisfacer sus apetitos, recordando que el comunismo totalitario ha sido el peor enemigo de las naciones, desde que existe.

El sindicalismo democrático en Colombia ha buscado que los diferentes gobiernos ratifiquen los convenios de la OIT, con el fin de elevar la calidad de vida de los trabajadores, de modo que la actual coyuntura es una ocasión propicia para que se aplique el convenio 47 que favorece el desarrollo de las fuerzas productivas y así responder a los efectos catastróficos del COVID-19, en razón de que solamente la sumatoria de sinergias es fundamental para poder salir de las aflicciones que vive la humanidad y Colombia en particular, debido a la pandemia.

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