Cada semana aparecen nuevos videos prometiendo perder peso en tiempo récord. Influenciadores mostrando transformaciones sorprendentes, dietas extremas, suplementos milagrosos y medicamentos convertidos en tendencia han alimentado una obsesión que crece silenciosamente entre miles de colombianos: bajar de peso rápido.
El problema es que el cuerpo no funciona a la velocidad de las redes sociales.
Mientras plataformas como TikTok e Instagram premian los cambios físicos inmediatos, especialistas en salud alertan sobre una realidad menos visible. La búsqueda acelerada de resultados está llevando a muchas personas a adoptar prácticas que pueden poner en riesgo su bienestar físico y emocional.
La preocupación no es menor. En Colombia, cerca del 26 % de los adultos vive con obesidad y alrededor del 64 % presenta un índice de masa corporal elevado. Las proyecciones apuntan a que para 2030 cerca de 27,9 millones de personas podrían tener exceso de peso, una cifra que confirma que el problema dejó de ser una preocupación individual para convertirse en uno de los principales desafíos de salud pública del país.
Durante años, la conversación sobre el peso estuvo dominada por la estética. Las consultas comenzaban frente al espejo, no en el consultorio. El objetivo era bajar una talla, entrar en una prenda o alcanzar un estándar físico impuesto por las redes sociales. Sin embargo, cada vez más especialistas intentan cambiar esa mirada y recordar que detrás del exceso de peso pueden existir riesgos cardiovasculares, metabólicos y hormonales que van mucho más allá de la apariencia.
El cuerpo no funciona como un algoritmo
Los médicos aseguran que cada vez llegan más pacientes influenciados por contenidos que prometen resultados rápidos sin explicar los efectos que pueden generar sobre el organismo. El deseo de adelgazar en cuestión de semanas ha impulsado el consumo de productos sin respaldo científico, dietas restrictivas y, en algunos casos, la automedicación.
Las consecuencias pueden ser considerables. Entre los riesgos más frecuentes aparecen la pérdida de masa muscular, alteraciones hormonales, desaceleración metabólica, desequilibrios nutricionales y el conocido efecto rebote, que lleva a recuperar buena parte del peso perdido en poco tiempo.
A esto se suma un fenómeno que preocupa especialmente a los especialistas: muchas personas continúan viendo el peso únicamente desde una perspectiva estética. De hecho, algunos expertos estiman que cerca del 70 % de los pacientes buscan ayuda inicialmente por razones relacionadas con su imagen corporal y no necesariamente por preocupaciones asociadas a su salud.
Paradójicamente, mientras crece la presión por adelgazar rápidamente, también está cambiando la manera en que la medicina entiende y aborda la obesidad.
Más allá de perder kilos
La dimensión del problema es global. Según cifras de organismos internacionales, más de mil millones de personas viven actualmente con obesidad en el mundo. En Colombia, además, más de la mitad de la población adulta presenta exceso de peso, una condición asociada con enfermedades como diabetes tipo 2, hipertensión, problemas cardiovasculares e hígado graso.
Ese cambio de mirada también ha impulsado la llegada de nuevas alternativas terapéuticas al país. Recientemente, la farmacéutica Novo Nordisk, de la mano de Criolab, anunció la introducción en Colombia de Wegovy, un medicamento basado en semaglutida desarrollado específicamente para el tratamiento de la obesidad.
La llegada de esta terapia ocurre en un momento en el que los especialistas buscan trasladar la conversación del terreno exclusivamente estético hacia el de la salud metabólica y cardiovascular. Más que hablar de bajar algunos kilos, el objetivo es reducir factores de riesgo que afectan la calidad y expectativa de vida de millones de personas.
Sin embargo, los expertos son enfáticos en que este tipo de tratamientos no representan una fórmula mágica ni sustituyen los hábitos saludables. Su efectividad depende de un acompañamiento médico adecuado, cambios sostenibles en la alimentación y actividad física constante.
Quizás ahí esté la principal lección de una conversación que apenas comienza a transformarse. Durante años, el peso fue visto principalmente a través del espejo. Hoy, médicos, investigadores y pacientes intentan mover la discusión hacia otro lugar: la prevención de enfermedades y la construcción de una mejor calidad de vida.
Mientras las redes sociales siguen premiando los resultados inmediatos, la evidencia científica insiste en algo mucho menos espectacular, pero mucho más efectivo. El cuerpo no entiende de tendencias, filtros o algoritmos. Entiende de procesos.
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