De votar y botar

"Es una oportunidad para que en las próximas elecciones ya no simplemente botemos, sino que en verdad convirtamos el votar en una oportunidad para la transformación"

Por: DAVID NAVARRO MEJIA
julio 30, 2021
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De votar y botar
Foto: Twitter @Registraduria

Puede decirse que la democracia electoral en Colombia entró con novedades notables a partir de la irrupción de Luis Carlos Galán, quien con su divisa del Nuevo Liberalismo gestó en los años ochenta una campaña electoral que supuso una propuesta nueva en la política con el recordado afiche de su rostro en pose de tribuno popular a semejanza de la conocida de Jorge Eliécer Gaitán. Luego de su conocido sacrificio, ese talante de campaña electoral moderna se pudo ver también en la campaña accidentada de César Gaviria en 1989-1990.

Desde entonces hacer campaña electoral en Colombia ha sufrido un cambio notable, si bien presentar el mensaje electoral y la apuesta por hacer posible el triunfo de los potenciales elegidos, se ha visto fuertemente influenciado por las ventajas que tengan en la exposición a los medios, en la fronda burocrática que hayan instalado en el Estado, en los dividendos que han obtenido de la contratación estatal, en no pocos casos, del capital económico y cultural que han heredado de su familia y también, hay que decirlo, en los últimos años, de la capacidad de gestión para usar la violencia, de manera abierta o interpuesta, como un medio de constreñir al elector y obligarlo a optar por sus candidaturas.

La otra cara de la moneda la han constituido los candidatos llamados alternativos que, a la vieja usanza, siguen instalados en la vieja idea de que la democracia electoral es un espacio para el debate político que debe generar conciencia política o conciencia ciudadana y se centran en presentar un mensaje en donde ellos son algo así como los profetas del futuro, los que tiene la verdad y los remedios a tantos males de la sociedad, pese a lo cual, siempre resultan en derrotas ineludibles que luego encajan como parte de eso que creen que es crear las condiciones para el cambio social verdadero que vendrá.

Pues bien, esta digresión viene a cuento ahora que parece nos encontramos en el umbral de la campaña electoral de 2022. La derecha ya comienza a perfilar una opción fuerte (Vargas Lleras), mientras el llamado centro (Fajardo, Gaviria, Peñalosa, etc.), y la izquierda, hacen lo propio (Petro). Pero en todo el espectro político algunos factores de poder —es perceptible—, acarician la idea de construir un outsider que de la sorpresa y les garantice una mejor opción electoral, dado que los candidatos en contienda arrastran una especie de mácula que todavía no convence al grueso de los electores potenciales.

Sin embargo, dada la conocida condición conservadurista de la sociedad colombiana, no parece viable que esta vez se arroje a los brazos de un outsider, sino que se decante por los rivales que ya están en disputa.

Pero más allá de las preferencias que hoy se tienen por los candidatos en contienda, lo que parece evidente es que la sociedad colombiana está caminando hacía un escenario de renovación política real. Y esa novedad la representa el hecho de que, por primera vez en la historia, parece que en verdad esta se moverá hacía una opción de izquierda, pese a que Gustavo Petro la ultraderecha lo quiera graduar de poco menos que el diablo y él tampoco se ayude a veces. ¿Tendrá otro rival fuerte, en su espectro de la izquierda? Parece improbable. Así las cosas, sus posibilidades presidenciales son reales y de allí el temor de esa derecha ultramontana que ha dejado ver lo peor de su rostro en la presente coyuntura.

Hay que registrar, por otra parte, que contrario a otros momentos del pasado, en el de hoy, la sociedad colombiana —con sus reserves evidentes—, parece madura para optar por una candidatura de izquierda, pues con razón una buena parte de ella intuye que la hecatombe y el infierno que pronostican algunos, no tiene un asidero real, dado que ella misma percibe suficientes elementos de contrapeso para evitar una supuesta deriva autoritaria del potencial presidente de izquierda.

Es bueno, no obstante lo que he citado atrás, que en el espectro de las opciones alternativas se haga acopio del relato de las campañas electorales modernas y no lo echen en saco roto. No pueden ignorar que alrededor de la posguerra se introdujo en la cultura de las campañas electorales un elemento nuevo: ya no se proponían solo ideas y programas en el debate, sino que al candidato se le vende para consumo de los electores, a semejanza de la promoción que se hace de los productos y servicios en el mercado.

Esa innovación supuso un vuelco en las campañas electorales desde entonces. El asunto también se tradujo en una ventaja para los líderes políticos que aplicaron las novedosas estrategias electorales que se comenzaron a plantear en diversos países del llamado mundo desarrollado. Las nuevas estrategias se vieron consolidadas, no cabe duda tampoco, por la visión novedosa que en su momento incorporaron a los medios las ideas que sostuvieron Paul Lazarsfeldo y Harold Lasswell, quienes se ocuparon del comportamiento de las audiencias por efecto de los contenidos y mensajes que se ponen a su consideración.

Posteriores estudios sobre las audiencias de los medios han refinado cómo hacer más efectivo el mensaje sobre los receptores y, en el caso de las campañas electorales, su ámbito se ha visto favorecido por los nuevos hallazgos. Hoy día no cesan los estudios para establecer cómo es que gesta el comportamiento electoral y el de los ciudadanos con la aplicación de técnicas estadísticas de mercadeo, de medios y, últimamente, del mundo de la informática. La minería de datos, por ejemplo, cumplió un papel destacado en los triunfos de Barack Obama.

Traigo a cuento esta brevísima relación porque si bien los partidos que defienden el modelo de libre mercado fueron los que primero adhirieron a dichas tesis y estrategias, también los partidos de izquierda pro libre mercado hicieron lo mismo. Pero igual no han sido indiferentes, afortunadamente, muchos partidos y movimientos alternativos que a su modo han intentado hacer uso de las nuevas técnicas y estrategias electorales con las limitaciones que eso supone, hay que decirlo, porque ponerlas en desarrollo exige el pago de costosos estrategas y la disposición de recursos cuantiosos para crear una logística que se convierta en una ventaja frente a los rivales.

Hay que advertir pues que una probable campaña electoral ganadora debe contar con el conocimiento riguroso de lo que ella significa hoy. En cualquier caso, si bien la opción presidencial en Colombia hoy parece girar a la izquierda, la campaña electoral apenas comienza y la victoria solo es posible si el día que se cuenten los votos suman la mayoría. Es una oportunidad, descontadas estrategias electorales y todo lo que ellas incorporan, para que en las próximas elecciones, tanto de Congreso de la República como de presidente, ya no simplemente botemos (es lo que más se hace cuando se vota más en contra, que a favor de un candidato), sino que en verdad convirtamos el votar en una oportunidad para la transformación de la política y de la sociedad colombiana. ¡Que así sea!

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