De la “tragedia” de Bolivia a la situación de Colombia

"Si nuestros sectores democráticos se unen en el 2022 podría lograrse un panorama similar al que se presagia para el país vecino con la posible llegada de Arce al poder"

Por: Tiberio Gutiérrez Echeverri
agosto 13, 2020
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De la “tragedia” de Bolivia a la situación de Colombia
Foto: UNCTAD - CC BY-SA 2.0

El titular es tan sugestivo que salta de inmediato la pregunta: ¿será que vuelve otro golpe de Estado en Bolivia? Pero no se trata de eso. La tragedia, según Andrés Oppenheimer, sería que ganara el candidato de Evo Morales, Luis Arce, del Movimiento al Socialismo (Mas), en las elecciones del 18 de octubre.

Los siguientes son los argumentos que presenta el columnista en su artículo En Bolivia puede ocurrir una tragedia política. La oposición al Mas está dividida en seis candidatos y entre los principales culpables está la presidenta interina Jeanine Añez (¿la nueva Guaidó?), que está abusando de los gajes del poder para tratar de ganar las elecciones.

Las mayoría de las encuestas cree que habrá segunda vuelta, en la cual ganaría el candidato anti-Mas, pero el cálculo puede estar equivocado porque no tienen en cuenta el 20% de los indecisos, ni las consecuencias de la pandemia que podría inclinar estos votos hacia el candidato de Evo morales, Luis Arce.

Además, los partidarios del Mas están mucho más motivados en participar en las elecciones que los partidarios de la oposición. “Cuando tienes un electorado muy polarizado en que uno de los polos está totalmente unificado y el otro está dividido en varias partes, gana el que está más unificado”. El descubrimiento el agua tibia… sin embargo, tiene toda la razón. Ya es muy tarde para hacer elecciones primarias, pero todavía puede resolverse el problema contratando una empresa encuestadora que establezca el candidato con más opción.

“Si no se unen serán responsables de una posible victoria del Mas, que llevará a Bolivia un gobierno autoritario populista, una mayor represión política y una pobreza aún mayor. Sería una verdadera tragedia política y lo más triste es que podría ser perfectamente evitable”, dice el comentarista de marras.

Dejemos la “tragedia” y la “tristeza” en Bolivia y pasemos a Colombia: si se unen los sectores democráticos puede perder Uribe y lo más importante es que no tiene otra alternativa distinta a la división de la izquierda, que puede ser evitable si la los sectores democráticos se unen en un frente amplio con un programa y un candidato unitario. Esta coyuntura es el momento propicio para la conquista de un gobierno pluralista hacia la transición democrática.

Por eso se la van a meter toda contra Petro, con el lenguaje y con las acciones que ya se empiezan a ver en el panorama político: admisión de una nueva demanda de pérdida de investidura contra Gustavo Petro, anunciada por el Consejo de Estado el mismo día en que la Corte Suprema de Justicia ordenó el aseguramiento de Álvaro Uribe; con una administración enredada en el manejo de la pandemia; con el comandante en jefe en su casa por cárcel, no solamente por el aislamiento preventivo obligatorio debido al coronavirus, sino por presuntamente “ser el determinador de sobornos a testigos y fraude procesal”, según la Corte Suprema de Justicia. “Un auto de detención no se le niega a nadie”, como dicen coloquialmente por ahí.

De tal manera que a los sectores democráticos les queda este semestre para ajustar las cargas de la correlación de fuerzas en esta nueva situación política con un programa y una consulta popular para elegir un solo candidato presidencial en las elecciones del 2022. Esta oportunidad no se puede desaprovechar en bagatelas insustanciales y personalismos intrascendentes, porque difícilmente se puede repetir esta ocasión con las mismas condiciones.

Sectores democráticos liberales (De La Calle, Juan Fernando Cristo, Guillermo Rivera, Velasco), sectores del Polo Democrático (Camilo González, Robledo), sectores de la Alianza Verde (Antonio Sanguino) y sectores de la U (Roy Barreras), para mencionar algunos posibles candidatos presidenciales que podrían entrar a jugar en la baraja de la consulta popular como presidenciales, aducen que a Petro no lo dejan llegar a la presidencia: que los gremios, la banca, el establecimiento mediático, un sector de la iglesia católica, las demás iglesias cristianas, los terratenientes, la Fiscalía, la Procuraduría, el Consejo de Estado, el Consejo Nacional Electoral, los paramilitares y narcotraficantes, en fin, la gran oligarquía “colombiana”, pondrán todos los obstáculos para impedir su llegada al poder.

Que lo mejor es que se haga a un lado y le de paso a otra figura democrática que le de confianza al establecimiento económico, político y mediático, con el compromiso de la implementación de los acuerdos de La Habana, la reforma pensional y laboral, de la justicia, de la salud y la reforma política.

Pero por ahí no es el camino. Hay que ir a una consulta popular sin prevenciones y sin vetos de entrada de ninguna clase, que no sean obviamente los de la ética, de la democracia y de la justicia social, con el compromiso serio de respetar los resultados del evento electoral y apoyar públicamente a quien salga ganador del mismo, acontecimiento político que le daría una respaldo ciudadano poderoso muy difícil de desconocer en las elecciones presidenciales del 2022.

Esta propuesta ya se hizo en las elecciones del 2018 y fue rechazada por sectores que se dicen democráticos. Petro sacó ocho millones de votos contra diez millones de Duque-Uribe, no obstante la presunta compra de votos de la ñeñepolítica, por lo cual ha sido declarado por muchos un presidente ilegítimo y ya le abrieron investigación preliminar a la campaña por parte del Consejo Nacional Electoral.

Una propuesta sensata para esta etapa del posacuerdo, como sería la consulta popular para elegir el candidato presidencial una vez acordado el programa sobre lo fundamental, pues tiene sus obstáculos originados en los prejuicios antes mencionados, contra los cuales hay que desplegar una campaña de esclarecimiento haciendo ver la necesidad de empezar a practicar los postulados de la democracia real con la aceptación de la consulta popular en igualdad de condiciones para todos los aspirantes a la presidencia.

No puede ser que en esta nueva confrontación política, en este nuevo estadio de polarización y de agudización de la lucha de clases, a los sectores democráticos y progresistas no les quede otro camino que la división del movimiento popular, en vez de acudir a los métodos democráticos para dirimir sus diferencias legítimas, y poder apostar con posibilidades de triunfo a un nuevo gobierno y a un nuevo poder en las elecciones del 2022, derrotando al uribismo en las urnas para poder consolidar el derecho a la vida, la paz, la democracia y la justicia social.

No obstante los obstáculos que se presentarán en la campaña, debemos esperar los desarrollos de la nueva situación política creada con el comandante en jefe del uribismo asegurado en su casa por cárcel y con la profundización de la crisis económica y social, desplegando un trabajo intenso y amplio por la unidad democrática, empezando por Colombia Humana-UP; el Polo Democrático; sectores progresistas de la Alianza Verde, Mais, Fuerza del Común, sectores liberales y conservadores progresistas, y demás sectores políticos, sociales y gremiales que le apuestan a un cambio democrático en Colombia.

Es aquí precisamente donde radica la importancia y trascendencia del VII congreso virtual de la Unión Patriótica, a realizarse el 27-29 de agosto-2020, donde se van a delinear no solamente los temas del programa de emergencia para enfrentar la crisis del coronavirus, sino también las líneas gruesas estructurales para un programa de gobierno de transición democrática en las elecciones del 20222.

Si tenemos claro cuál es el objetivo principal en esta etapa, los aliados con los que debemos contar, los sectores que debemos neutralizar y cuál es nuestro candidato presidencial para la consulta popular, entonces estamos preparados para empezar la compaña con paso firme; es decir, preparados para llevar a la práctica la resolución política del VII Congreso de la UP, en lo que tiene que ver con la organización y realización de los encuentros regionales de los sectores políticos, sociales, étnicos y campesinos, el año entrante, en lo que se podría denominar como la gran convergencia nacional de un frente amplio democrático, hacia un nuevo gobierno por la vida, la paz y la democracia.

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