De istmos y otras fanaticadas

Los poseedores de la verdad absoluta, no existen. Sin embargo, en tiempos de verdad dúctil, algunos líderes políticos parecen que dictaran una sentencia

Por: RICARDO VILLA SÁNCHEZ
Febrero 23, 2018
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De istmos y otras fanaticadas

“Al demostrar a los fanáticos que se equivocan no hay que olvidar que se equivocan aposta”— André Maurois.

Dicen que hay gente que no tendría razón de ser si no se conversara del clima, del fútbol, de la religión y de las deudas, ¿cómo sería si no se hablara en la coyuntura política actual de castrochavismo, uribismo, delacallismo, petrismo, fajardismo, vargasllerismo, y demás istmos?

El sectar-istmo es el meta archipiélago, la isla que se repite, parodiando a Benítez Rojo. En los diversos grupos políticos, se corea una especie de culto a la personalidad del líder carismático que a veces raya en el fetich-istmo o en el fanat-istmo, que, más bien, se debería catalogar como un trastorno psiquiátrico transitorio, a veces sin secuelas, que pasarían la mayoría de los que son cooptados o empiezan su militancia política en movimientos o partidos que parecen más iglesias con profetas y pastores, tribus con caciques, reyezuelos con sus cortes o mafias con sus capos, que espacios públicos de debate, de construcción colectiva, de decisión, de enlace y en los que se pacten soluciones realizables.

En la isla del sectar-istmo algunos se sienten poseedores de la verdad y muchas veces sin analizar, dialogar o argumentar, se vuelven como el perico que dice lo que sabe pero no sabe lo que dice y ahí se sienten cómodos. Arman su libreto, forman un mito, dibujan un esquema, declaran un dogma o recrean un prejuicio, mientras anuncian que la mejor defensa es el ataque o les brillan los ojos de triunfal-istmo. Las mentes dóciles se van con la ola que los identifique y persuada, sin muchas veces tomarse un respiro. Solo se dejan llevar como zombis. Lo que nos une se concerta, se delibera, se concreta, entre todos. Por ejemplo, el bienestar social y las garantías para vivir mejor.

Uno ve a mucha gente que se distancia asume posiciones basadas en intereses particulares, o discute sin razón en esta época electoral. Empiezan a etiquetar a los individuos como la gente de tal o pascual dirigente, con nombre propio, algo así como los de Gaitán, de Galán, etc. Como las antiguas cédulas de ciudadanía de las señoras casadas que les tocaba cambiarse el nombre. En vez de mirarse a los ojos y pensar en el futuro: en lo que más nos conviene, nos une, y en lo que seremos capaces de decidir. Óiganlo bien: cada ciudadano es libre de pensar, incidir y decidir, tiene dignidad y derechos, por esto no es de nada ni de nadie, sino apoya a, coincide con o vota por. Esta es su voluntad de respaldar a otro ciudadano, es su poder de decisión y es su derecho político a elegir y a ser elegido.

Los poseedores de la verdad absoluta, no existen. Sin embargo, en tiempos de la verdad dúctil, algunos líderes políticos en vez de proponer, disuadir, convencer, parecen que dictaran una sentencia. Algo así como que el que no esté conmigo es mi enemigo y en la política como en la vida, hay matices. De manera que puede sacar la cabeza de cualquiera de las orillas del pantano, pero quien actúa así, ¿en qué se diferencia del fasc-istmo?

El sectar-istmo tacha de infame a quien tenga una posición contraria a la de su gueto o credo. Remember, las distancias se acortan cuando hay propósitos comunes; no en llorar por un sólo ojo. En una democracia los ciudadanos pueden decidir asumir una aptitud política de afinidad, afecto, convencimiento hacia una opción u otra, no por ello se vuelven enemigos en la carrera proselitista. En tiempos de paz para poder avanzar, hay que superar imaginarios o lenguajes bélicos como los de espía, infiltrado, caballo de Troya, comando, en fin, hasta el de enemigo.

El izquierd-istmo, el derech-istmo, a veces a ultranza, son como los polos opuestos que al final de cuentas pareciera que se juntaran. En medio de las diferencias hay que encontrar lo que nos une y avanzar sin ambigüedad, sin dogmat-istmo, y sin sectar-istmo. Entre otras cosas, respetar la diferencia, ser pluralista, solidario, incluyente, justo, democrático, transparente no debe quedarse sólo en el discurso político. Esto también podría trascender a la vida cotidiana. Es necesario, predicar y practicar con el ejemplo, tanto los líderes como los adeptos del movimiento que representen.

De todos modos, quien esté en algo que se parezca a una secta, y allí se sienta a gusto, convencido o piense que así está bien, lo invito a la reflexión. Puede que esté equivocado, siempre hay tiempo para redescubrirse y transformarse. Si eres buena gente o una persona decente, honesta, que reconoce la existencia del otro como ser autónomo e independiente, no por eso hay que dejar de ser amigos. La vida sigue y quienes le apuestan a las causas nobles, siempre se encuentran. Ojalá por lo menos en puentes para construir confianza, en ideas de cambiar juntos el país o en dejar de ser islas tras una pantalla, un logo, una chapa, una bandera, un señalamiento, un lugar, un dirigente, y seamos, más bien, un ciudadano pensante, beligerante, arquitecto de su propio destino que cuando se despierta, unido a otro, son capaces de mover nuestros cimientos, si se deciden por darle una oportunidad a quienes encarnen la apuesta por el buen vivir, la democracia, el desarrollo sostenible, la paz con justicia social, o si no comparten esta visión, por lo menos, respeten la posibilidad de la reconciliación o el sueño de una mejor nación.

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