Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba

Esta fue la propuesta del Papa Juan Pablo II hace 30 años

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junio 03, 2015
Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba
El 21 de enero de 1998. Juan Pablo II pisa suelo cubano y Fidel Castro lo recibe en el aeropuerto

Cuando el Papa Juan Pablo II visitó Cuba, por segunda ocasión y conoció en profundidad las penurias económicas  del pueblo cubano y que uno de los factores fundamentales para tal sufrimiento, era ocasionado por el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde hacía  cerca  de cinco décadas a la isla caribeña,  hizo el siguiente llamado: “Que Cuba se abra al mundo y el mundo a Cuba”, tal  llamado parece  cumplirse y como tal  “profecía” de Fidel Castro, cuando al regresar de un viaje de  Viet Nam en 1973, la prensa acreditada en el aeropuerto José Martí,  le preguntó, cuando consideraba él,   que  se establecerían las relaciones con Estados Unidos y Fidel respondió:  “cuando en Estados Unidos haya un presidente negro y un Papa latinoamericano”, y aunque los cubanos que me echaron estos comentarios dicen  no creer en profecías,  si precisaron  que esa cábala se hizo realidad cuando sorpresivamente, el 17 de diciembre del pasado año,  los presidentes de Estad Unidos y Cuba,  Barak Obama y Raúl Castro acordaron  iniciar los diálogos para restablecer las relaciones diplomáticas entre ambos países, y dieron a conocer el importante papel del Papa Francisco y el Vaticano en este acercamiento.

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos  fueron rotas en enero de 1961, unos días antes, de que el presidente-general  Eisenhower   entregara la presidencia a John F Kennedy. Desde entonces, Washington  siguió  utilizando todo  tipo de acciones diplomáticas, militares y políticas contra la isla,  primero  en el marco de la “guerras fría” y posteriormente se arreció más el cerco contra Cuba,  cuando  los países  comunistas de Europa del este y la propia Unión Soviética se fracturó  y  dividió en varias repúblicas independientes y  abandonaron el  sistema  comunista  y a  sus aliados, tal es el caso de Cuba, que tuvo que apelar a una economía de guerra,  a la cual se le denomino “periodo especial”.

La política de aislamiento contra Cuba por parte de los   Estados Unidos  fue debilitándose en el tiempo.  En respuesta a  las acciones aislacionista de la Casa Blanca, la pequeña isla antillana siguió con su llamada política internacionalista, respaldada internamente por un alto nivel de resistencia de su pueblo y le fue cosechando el apoyo popular de los pueblos no solo en Latinoamérica y el Caribe, también en África, Asía y Europa, e incluso Oceanía.

Los fuertes cimientos políticos y diplomáticos sembrados  en las últimas cuatro décadas, se fueron robusteciendo a favor del pequeño país antillano, que en 1979 asumió la presidencia de los países no alineados, que ese entonces reunía a cerca de 130 naciones, jugó un papel importante en la búsqueda de la paz en la guerra Irak-Irán y jugó un rol positivo y de apoyo a la solución pacifica de los conflictos en Centroamérica, entre otros. Mientras que en las Naciones Unidas, la mayoría de las naciones allí representadas votaban favorablemente la resolución presentada por Cuba, donde se solicitaba el levantamiento del bloqueo  de Estados Unidos a la isla.  Solo Israel y la propia delegación estadounidense se oponían, quedando absolutamente  aislado en tan importante foro mundial.

Fue la paciente y dedicada  colaboración en el campo de la educación, la cultura, el deporte y la medicina, con un  carácter solidario y desinteresado, la  que fue mostrando la verdadera cara de Cuba,  anulando y en muchos casos  borrando la campaña mediática, desarrollada por las cadenas televisivas, radiales y escritas de la derecha,  que aún, hoy se empeñan en presentar.

Hoy se hace realidad aquella petición de su Santidad Juan Pablo II,  Cuba se abre al mundo, a un mundo que siempre estuvo abierta, pero el mundo se comienza abrir a Cuba.

Hoy la correlación de fuerza en la región latinoamericana y caribeña no favorece la política aislacionista de Estados Unidos hacia La Habana, tampoco en otras regiones,  esa realidad es la que lleva a que influyentes líderes políticos estadounidenses, aboguen por una modificación en las relaciones, la ex secretaria de Estado  Hillary Clinton,  ha manifestado que había recomendado al presidente Barack Obama “reconsiderar el embargo hacia la isla, que no estaba consiguiendo sus objetivos de cambio del régimen y había que buscar otros métodos y en cambio frenaba la amplia agenda estadounidense en toda Latinoamérica.”

Fue el propio  presidente Barack Obama quien al dar a conocer la noticia de las conversaciones, que durante una año, llevaban en secreto su gobierno con el cubano, teniendo a Canadá como sede, reconocía el fracaso del bloqueo económico  a Cuba y que era Estados Unidos el que estaba resultando  aislado.  La Cumbre de las América demostró el apoyo unánime de todas las naciones y gobiernos hacia Cuba y respaldaban la nueva política del gobierno de Washington de establecer relaciones diplomáticas  con la isla.

A partir de este momento, se ha incrementado el flujo de dirigentes y líderes políticos viajando a La Habana,  la visita más notoria fue la del presidente francés  François  Hollande,  quien arribó a  Cuba el domingo 10 de mayo y se despidió de la isla el martes 12.  El recibimiento de un Presidente galo por primera vez en Cuba, es sin dudas un espaldarazo al gobierno del presidente Raúl Castro, quien consideró de exitosa dicha visita, mientras que Hollande  se pronunció en contra del bloqueo económico, aseguró que su país está listo para acompañar a Cuba en la actualización de su modelo económico, mostró su optimismo en las negociaciones  para un acuerdo político y de cooperación  entre la Unión Europea y Cuba y apoyó el proceso hacia el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana.

Al despedir al mandatario francés, el presidente Castro comentó  a la prensa,  que en los próximos días se volverán a reunir las delegaciones de Cuba y Estados Unidos, con el propósito de avanzar en el proceso de restablecer las relaciones diplomáticas y la reapertura de ambas embajadas, incluida la acreditación de embajadores, y añadió, que una vez restablecidas dichas relaciones se podrá avanzar hacia su normalización pero para ello se requiere, dijo,  la eliminación del bloqueo y la devolución de la base naval de Guantánamo.

Ciertamente las expectativas creadas a partir del  17 de diciembre del pasado año,  han provocado diversas reacciones en una y otra orilla del océano atlántico, un sector republicano minoritario encabezado por el senador de origen cubano Marco Rubio, quien  lanzó su aspiración presidencial para el 2016,  declaró que sí es elegido  inquilino de la Casa Blanca, no solamente volverá a retrotraer las relaciones con Cuba a su estado anterior, sino que propugnara leyes aún más duras que las que impuso el gobierno de George Busch. Pero estas manifestaciones extremas del joven senador por la Florida,  es ripostada no solo, por una gran mayoría demócratas, también por legisladores de su propio partido y muchos de sus colegas en el Congreso hoy han formado un importante lobby a favor del restablecimiento de las relaciones entre ambos países.

No solo, en el campo político se aboga por la solución del conflicto, también en el campo económico y empresarial hay un importante sector estadounidense interesado en su solución. Ellos saben que la isla, es un importante enclave, donde no solo invertir resultará muy importante en sectores minero energético, agrícola, industrial, turístico y otras ramas de la economía, también lo que significa para sus intereses en el Caribe y en otras zonas de latinoamericanas.  También porque conocen que mientras más  demoren, menos posibilidades tienen frente a otras grandes transnacionales europeas, chinas y japonesas.

En Cuba,  la población ha recibido la noticia de manera positiva y con la esperanza de que con el establecimiento de relaciones diplomáticas y con ella,  el levantamiento del bloqueo económico y otras disposiciones legales, que Estados Unidos impone a la isla y que han afectado severamente  a  la gran mayoría de sus habitantes.

Las opiniones de la población isleña están divididas, los más jóvenes están confiados en que la apertura de relaciones, traerá un fuerte beneficio económico al país y a las familias, los de edades más adultas opinan que hay que ir pasito, pues del “imperio no se puede esperar nada bueno”,  pero reconocen que será un gran alivio para el país y su pueblo.  En sentido general, la población cubana apoya mayoritariamente la decisión de ambos mandatarios.

En Estados Unidos, el 61 % de la población encuestada por el prestigioso diario New York  Time, apoyan al presidente Obama por la decisión de solucionar el añejo conflicto con Cuba y están de acuerdo en el establecimiento de relaciones con la isla antillana.

En la Florida, especialmente en la ciudad de Miami donde vive el grueso de la migración isleña, el debate es más complicado, pero en diferentes encuestas realizadas, existe la opinión mayoritaria de que era tiempo de que Estados Unidos modificara su política hacia su país de origen,  mientras que la campaña mediática en esa ciudad sigue su política de intoxicar a sus oyentes, lectores o televidentes con un morbo, que según algunos de los habitantes en esa ciudad es de un fanatismo delirante  acusando a Barack Obama de traicionar al pueblo cubano y de cómplice del régimen de Castro.

Lo más  delicado en la solución de este conflicto está en lo que cada parte piensa uno del otro.  Por parte de Estados Unidos ha sido clara la posición de ellos al reconocer que su política ha fracasado y que para lograr sus propósitos deben cambiar sus métodos.

El presidente Obama declaró públicamente: “no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente” argumento oficial para justificar su nueva política. Se trata de cambiar las tácticas para conseguir el mismo objetivo, que es provocar el cambio en el sistema político cubano, a favor de sus intereses, esta vez, utilizando el llamado poder blando, o sea desde adentro y con el uso de todos sus incentivos económicos, culturales, políticos y sociales.

La parte cubana ha sido bien enfática en sus posiciones, el establecimiento de las normales relaciones de Estados Unidos con Cuba serán sobre la base del absoluto respeto a la soberanía e independencia del país, esto quiere decir el respeto  al sistema político, económico y social que libre y democráticamente deciden los cubanos y solo serán normales dichas relaciones, cuando se levante incondicionalmente el bloqueo económico y sea devuelta la base naval de Guantánamo.

Bendedicto XVI y Fidel Castro

Bendedicto XVI y Fidel Castro

El próximo 21 de mayo se volverán a reunir en Washington las delegaciones de Cuba y Estados Unidos, para dar continuidad a los diálogos con el propósito de evaluar el estado de las conversaciones en lo que será su tercera ronda de diálogo para allanar el camino al    establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. La delegación cubana será presidida por la directora general de Estados Unidos en la cancillería cubana,  Josefina Vidal      Ferreiro, mientras que por Estados Unidos estará representada por la Secretaria asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson.

No es descartable que en esta tercera ronda se llegue a  un acuerdo entre las partes, teniendo en cuenta que después del 29 de mayo concluye el término de 45 días para que el Congreso convalide la certificación solicitada por el presidente Obama, de eliminar a Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo, decisión favorable que se da de hecho, porque existe consenso bipartidista, pero imprescindible, para dar luz verde al establecimiento de las relaciones diplomáticas.

Cuba había sido injustamente incluida en dicha lista durante el gobierno del republicano Ronald Reagan en 1982,  decisión que se tomaba para castigar a Cuba e impedir que pudiera solicitar apoyo financiero para su desarrollo económico interno  a la banca internacional.

De todos modos, el tema de las relaciones Estados Unidos-Cuba,  es importante para nuestra región y para Colombia en particular,  por ser La Habana, sede  de las conversaciones de paz entre el Gobierno y las FARC, y por ello merece un seguimiento en las2orillas, y será objeto de otros trabajos informativos sobre este interesante tema.

"No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado diferente”, es el argumento oficial del Presidente para justificar la nueva política. Se trata, pues, de cambiar las tácticas para conseguir el mismo objetivo que es provocar el cambio en el sistema político cubano en favor de sus intereses, esta vez mediante el uso del poder blando: relaciones políticas, económicas, sociales y culturales, para “conquistar el castillo desde su interior"

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