¿Cuáles son las diferencias entre la izquierda, el sindicalismo y el marxismo?

"Tres conceptos diferentes que necesitan ser entendidos para aproximarnos a la realidad"

Por: Ariel Peña González
enero 16, 2016
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¿Cuáles son las diferencias entre la izquierda, el sindicalismo y el marxismo?

El atraso conceptual e ideológico de algunos pueblos latinoamericanos lleva a echar en el mismo saco al sindicalismo, la izquierda y el marxismo. Claro que para el caso colombiano la situación es todavía más confusa, pues en los llamados grandes medios de comunicación hay 'líderes de opinión' cuyo desconocimiento en la materia es craso, con lo cual la falta de discernimiento no permite que estos temas se aproximen a la realidad.

En primer lugar, al concepto marxista no le podemos dar una ubicación específica en el espectro político, ya que es un híbrido que se viste de muchas maneras o se camufla y mimetiza en organizaciones democráticas y asume un papel progresista, o de izquierda cuando está en la oposición. Sin embargo, al tomarse el poder cambia la postura y se vuelve ultraderechista creando monarquías a perpetuidad como sucede con los Castro en Cuba, o los Kim en Corea del Norte. Hay que reiterar que el marxismo leninismo es una secta criminal y burocrática, cuyos miembros se creen predestinados para esclavizar a los demás seres humanos, porque sus dogmas del materialismo histórico y la inevitabilidad los llevan a un mesianismo enfermizo, como si al igual que los profetas del Antiguo Testamento tuvieran un señalamiento divino.

En cuanto al sindicalismo, no se puede olvidar que el comunismo totalitario ha sido enemigo de la lucha de los trabajadores y Lenin consideraba a los sindicatos como una simple correa de transmisión del partido. En otras palabras, eran un objeto para la toma del poder. Precisamente no hay que pasar por alto que lideres antimarxistas como Ronald Reagan y Lech Walesa, quienes fueron presidentes de USA y Polonia, respectivamente, antes de asumir la más importante dignidad de sus naciones, habían sido sindicalistas destacados, y al ser enemigos acérrimos del comunismo totalitario, se convirtieron junto al papa Juan Pablo ll en los protagonistas de la caída del muro de Berlín que condujo a la debacle de la Unión Soviética.

La izquierda se consideraba en la Revolución Francesa como una corriente que buscaba las transformaciones sociales y el cambio de gobierno, luego el marxismo o comunismo totalitario -- que siempre pretende montar camarillas eternas en la dirección del estado, de acuerdo a las enseñanzas de la revolución francesa-- no se puede ubicar específicamente en la izquierda. De ahí hay que reiterar que el marxismo, por su ceguera y superstición, es antihistorico y no tiene ni vigencia ni defensa. Lo único que le ha aportado a la tierra son grandes desgracias y sufrimientos.

Así que el llamado que hacen los dirigentes del partido comunista colombiano, con ocasión de las negociaciones de La Habana para fortalecer a una 'verdadera izquierda', es un mito, pues la izquierda que ellos quieren es la del Partido Comunista respaldado por sus personajes manipulados. Entonces en buen romance, excluyendo al marxismo de la izquierda autentica, civilizada, democrática y pluralista, tendríamos que conformar esa izquierda por la social democracia, es decir, por el partido Verde, sectores del liberalismo, organizaciones sociales y sindicales (respetando el libre examen), grupos libertarios, entre otros, en el caso específico colombiano.

Hay asuntos morales que se ventilan en la mencionada izquierda como el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales etc; cuestiones que si las miramos desde el punto de vista del liberalismo clásico, se deberían de tomar como comportamientos individuales en una actitud frente a la vida que la sociedad y el Estado deben de analizar, buscando no perjudicar a otros. La libertad de la persona acaba en donde comienza la de los demás: haciendo énfasis en la responsabilidad propia del individuo y la sociedad en su conjunto. Así que la conducta personal solo se restringe cuando afecta a otros y el respeto y la tolerancia deben de ser premisas fundamentales para no agredir ni material ni moralmente al ciudadano.

Otra situación frente al comportamiento ético y moral del individuo es el marxismo cultural --diseñado por la escuela de Frankfurt a principios de los años veinte del siglo pasado-- del cual se puede considerar como su máximo exponente al comunista italiano Antonio Gramsci, muerto en 1937. Este líder enseñaba a desordenar y lumpenizar a las masas para volverlas más dúctiles a un estado marxista,  como el caso del gobierno chavista en Venezuela, en la actualidad, donde el aumento de la delincuencia y los homicidios propiciados por el régimen son escandalosos. Todo esto para que la población viva con miedo y en permanente zozobra, pretendiendo perpetuar el sistema. Y así, como en el vecino país, todos los gobiernos comunistas han utilizado el marxismo cultural para evitar que la ciudadanía pueda llevar una vida ordenada y decente, ya que ello atentaría en contra de la alienación marxista que busca defender la nomenclatura que enajena a los pueblos que han caído bajo su férula.

La incompatibilidad entre sindicalismo y marxismo es inocultable, sin dar lugar a encuentros, porque desde la aparición del movimiento comunista totalitario, siempre este aspiró a tener el dominio de las organizaciones de los trabajadores, no a propiciar las reivindicaciones sociales y económicas de los obreros sino para utilizarlos de masa de maniobra, buscando la toma del poder político para implementar una dictadura en donde a los primeros que se atropella son a los trabajadores. Por ello fue que se repudiaron las tesis de Marx en la primera y segunda internacional en el siglo XlX. De esta manera, el destino del marxismo igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid es el basurero de la historia, pues su carácter absolutista, cruel e inhumano no le da cabida dentro de la civilidad, la ética y la lógica.

Entre la izquierda autentica y el sindicalismo sí hay afinidades, respetando eso sí el pluralismo, porque la independencia y la democracia sindical es el centro de gravedad del accionar de los trabajadores, pues no se puede permitir que sectas como el marxismo manipulen la lucha obrera. Por ello no deben existir vínculos entre las organizaciones de los trabajadores y el comunismo totalitario porque eso lleva a una situación kafkiana, o como se dice tradicionalmente, es revolver el agua con el aceite. Subrayando que el partido socialista obrero español PSOE tuvo que renegar del marxismo, en la década de los setenta del siglo XX, para que fuera considerado como una organización democrática.

 

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