¿Cuáles fuerzas progresistas?

Ariel Peña se va lanza en ristre contra el comunismo, el cual, según él, se disfraza con otros nombres para ocultar su verdadera naturaleza

Por: Ariel Peña González
diciembre 04, 2020
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¿Cuáles fuerzas progresistas?

Cuando se observa a los sectores marxistas (abiertos o tapados) proclamarse como fuerzas progresistas tenemos que remitirnos al apóstol San Pablo en la segunda epístola a los Corintios 11: 14, que dice: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”. Lo anterior demuestra que la desconfianza de la ciudadanía frente a las facciones del comunismo totalitario es la mejor vacuna para que Colombia no caiga en las garras de un engendro que en los últimos 100 años se ha convertido en el peor enemigo de la humanidad.

Otra estrategia que usan algunos bandos del marxismo concatenados con sus idiotas útiles es la de afirmar que el comunismo ya no existe, lo que despista a muchos ilusos sobre las verdaderas intenciones de los seguidores de una secta que por su perversidad no se para en pelos para llevar a cabo sus torvos fines, debido a lo cual se debe discernir las verdaderas intenciones de esa falacia, resaltando que Charles Baudelaire, poeta francés del siglo XIX, decía: “El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía”.

Y en Latinoamérica la trampa comunista del marxismo-leninismo en las últimas décadas ha encontrado el terreno abonado para timar a los pueblos, utilizando diferentes nombres y aprovechándose de la democracia, que para el totalitarismo es un simple medio cuyo fin es la dictadura. Con esa patraña cayó Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Nicaragua, Brasil y otros países. Aunque algunos de ellos se han liberado, el peligro todavía sigue latente, por ejemplo, para Colombia en donde se realizarán elecciones en el 2022 y candidatos de coaliciones marxistas tienen importantes apoyos de sectores desinformados.

El comunismo al ser irracional, por sus componentes mitológicos y supersticiosos, dentro de sus rituales para dominar a los pueblos ha utilizado diferentes máscaras durante su criminal y burocrática existencia, comenzando por Lenin que se puso como careta la de bolchevique dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia para posteriormente crear el Partido Comunista, después de la revolución de octubre de 1917.

Desde luego que Latinoamérica, por su atraso ideológico, también ha sido víctima de las marrullas marxistas, resaltando que el sátrapa de Fidel Castro se declaró comunista cuando ya estaba en el poder en Cuba, porque antes tenía como coartada al Movimiento 26 de Julio, cuya ideología supuestamente era nacionalista. Con el grupo mencionado fue que hizo la revolución en la isla, para ulteriormente declarar como partido único al comunista en 1965.

La camarilla comunista cubana es en realidad un sustitutivo de la religión, en donde se condenan a las masas por toda la eternidad a vivir bajo la férula de la maldición marxista. Pero la cosa no se queda ahí, porque los países de la región, según la receta del comunismo totalitario, deben seguir ese camino usando diferentes disfraces que, como ya lo hemos denunciado en otras oportunidades, son: el progresismo, socialismo del siglo XXI, el indigenismo, el bolivarianismo. Todos esos dislates son para copiar a Hugo Chávez que de manera vulgar trajo los desechos del marxismo, repudiados en Europa con la caída del muro de Berlín y la debacle de la URSS, para implementarlos en Venezuela, convirtiendo a ese país en una cloaca comunista. Hay que recordar que Chávez, antes de tomarse el poder, también ocultó su comunismo.

Al carecer de la razón los seguidores del marxismo van en contra de su conciencia y su actuación se circunscribe dentro de lo más primitivo de la política. Por ello tienen un comportamiento rústico que desecha la ética al querer convertir a las masas en una manada, lo cual demuestra que los miembros de esa secta saben que están equivocados y en ocasiones son vergonzantes, porque muchos de ellos no permiten que los llamen comunistas o aseguran que el comunismo no existe, dado que reconocerse como marxistas va en contraposición de sus intenciones abyectas, por lo cual se cambian de máscara para engañar a los pueblos que de manera ingenua se dejan envolver de sus artificios.

Los marxistas también han utilizado disfraces timando a las naciones en Asia, recordando que el genocida de Kim Il Sung en Norcorea, abuelo del actual dictador, para esconder su marxismo impulsó la idea juche, la cual significaba: “que el comunismo se construiría de acuerdo a las peculiaridades de esa nación". Entendiéndose esto como una mezcolanza entre el marxismo y la cultura tradicional coreana. De igual manera, en Vietnam se ocultó el comunismo con la fundación del Partido de los Trabajadores de Vietnam en 1951, pero con la reunificación de ese país en 1976 tomó el nombre de Partido Comunista de Vietnam, siendo eso demostrativo de la superchería marxista que se acondiciona para hacer caer a los pueblos ingenuos.

Además, la falacia comunista con la cual han engañado naciones demuestra que lo dicho por Lenin no es tan alejado de la realidad: “Nosotros somos una iglesia". De ahí precisamente se desprende que la superstición y el mito son inherentes al marxismo y por ello, aprovechando la religiosidad en Latinoamérica y su cultura, crearon la Teología de la Liberación, impulsada en los años 60 del siglo pasado como un producto comunista traído a Latinoamérica por la KGB, agencia secreta de la URSS, evidenciándose que el marxismo se mimetiza hasta en la religión para lograr satisfacer sus instintos malsanos que buscan degradar a los demás.

Las tales fuerzas progresistas en Colombia están constituidas por el Polo Democrático, la Alianza Verde y la Colombia Humana de Gustavo Petro, acompañadas por el Partido Comunista y la Unión Patriótica. Evidentemente para mí son mascarones de proa del marxismo, igual a lo ocurrido en otras naciones que han sido tomadas por el comunismo, engañando a una parte de la ciudadanía con el sofisma del “cambio”, que como se observa en Venezuela y Cuba fue para empobrecer y envilecer absolutamente a esos dos pueblos. Entonces, la palabra “cambio” la han usado los demagogos para deteriorar las condiciones políticas, sociales y económicas de las masas.

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