Caso Santrich: el extremismo fundamentalista del centro

"Actuaron como vulgares linchadores, posesos del espíritu de la manada y de lo políticamente correcto; dominados por sus ganas de agradar al poder y a la opinión"

Por: Emilio Lagos Cortés
diciembre 04, 2020
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Caso Santrich: el extremismo fundamentalista del centro

Hace pocos días en el Senado de la República se realizó un debate contra el exfiscal Néstor Humberto Martínez por su actuación en la operación de sabotaje contra el proceso de paz, mediante un montaje judicial realizado entre la DEA y la Fiscalía, buscando a extradición de Jesús Santrich e Iván Márquez.

Los senadores citantes dejaron en evidencia que no existió nunca una prueba que demostrase el vínculo de Santrich ni de Márquez en actividades de narcotráfico después de la firma del acuerdo de paz. Lo que se aduce como pruebas no pasa de burdas declaraciones en donde agentes de la DEA le dicen a los “testigos” lo que deben afirmar.

Pero el debate no solo dejó en evidencia al exfiscal Martínez y su comportamiento delictuoso. También expuso al extremo centro, particularmente al partido Alianza Verde, y su pusilanimidad. Los colombianos recordamos claramente cómo en junio 2019, una vez que Santrich fue puesto en libertad y acudió al edificio del Congreso para asumir su condición de representante a la cámara por el partido Farc, la bancada verde, entre ellos Juanita Gobbertus, Inti Asprilla, Mauricio Toro, Katherine Miranda y Fabián Díaz, se colocaron de pie con unos cartelitos que rechazaban la presencia de Santrich. De esa manera brindaron importante ayuda al Centro Democrático en su cruzada para destruir el proceso de paz. Sin duda, que el uribismo y Néstor Humberto se sintieron complacidos por tan inesperado apoyo.

Posteriormente, Miranda y Asprilla aceptaron su error; comprendieron que se dejaron enredar por el engaño de Martínez, y se disculparon; aunque una de las características de un político debe ser el abandonar la candidez cuando se tratan temas de estado. La inocencia es excusa para niñas y niños de quince años. Sin embargo, la Gobbertus, lejos de reconocer que fue idiota útil del ataque de Martínez a la paz, hoy reincide y ataca con saña, desvía el tema y centra el debate en que Santrich y Márquez incumplieron sus compromisos al acuerdo de paz. Para ella nada importa que desde el estado y la DEA los pretendían extraditar por narcotráfico, con base en un montaje.

Si de algo se precia el centro político colombiano es de ser pacientes, de no afanarse por tomar posición, de no parecer apresurados. Incluso se caracteriza por querer reemplazar al establecimiento sin confrontarlo. Del centro, en general, no salen denuncias contra la gran corrupción, solo declaraciones abstractas, como la tan publicitada consulta anticorrupción. Pero su gestión en la alcaldía de Bogotá, lejos de atajar proyectos cuestionados por sospechas de corrupción, como el metro elevado, es solo continuidad de la administración anterior. Fajardo, ese otro representante insigne del centro político, nunca ha realizado una denuncia contra el uribismo; no hay confrontación entre ellos, al contrario, Tomás dice que en casa de Uribe a Fajardo se le estima.

Eso es el centro, una posición política que quiere estar bien con el poder y los grandes medios que controlan la opinión pública. El centro quiere estar bien con el poder, no con todos los sectores políticos; no tiene problema para etiquetar y señalar a quienes están a su izquierda, en su afán de agradar al establecimiento. El centro asume el discurso del poder, y corea con Uribe su rechazo al “castrochavismo” y al “extremismo de Petro”, que nos puede convertir en una “segunda Venezuela”, o que es una “amenaza a la propiedad privada” y a la “libertad del individuo”.  Y el centro remata con un veto a la izquierda, lo que impide un acuerdo político que enfrente al uribismo en el 2022.

Sin embargo, en el caso de Santrich, con el montaje de Martínez y la DEA, el moderado extremo centro, convirtió el recinto del Congreso en un pueblo del salvaje oeste, en donde se lincha a aquel a quien alguien con autoridad (el comisario corrupto, o el fiscal corrupto) señale de la comisión de algún delito, aunque no exhiba pruebas del delito. En el centro, en su afán por mostrar que están con la legalidad y la institucionalidad, corrieron a linchar a Santrich, condenándolo de manera anticipada. El moderado extremo centro corrió a violentar lo más elemental del estado de derecho; se olvidaron de la presunción de inocencia, del debido proceso, y del papel de los jueces, los llamados a emitir juicios en los estados de derecho. Se pelearon por salir en la foto con su cartelito, que Colombia los viera censurando la criminalidad. ¿Alguna vez usaron sus cartelitos contra Uribe? Está señalado por delitos, desde sus tiempos en la Aerocivil hasta masacres, y está vinculado a procesos penales. ¿Qué los detiene, lambonería o miedo?

En este caso el extremo centro mostró el carácter peligroso del espíritu de las turbas, más de las turbas que se creen superiores moralmente, que actúan sin reflexionar. Basta decir “Santrich es un delincuente”, y de ahí sigue la hoguera. Actuaron como vulgares linchadores, posesos del espíritu de la manada, y de lo políticamente correcto; dominados por sus ganas de agradar al poder y a la opinión pública, ganas de agradar a las ideas dominantes, y, por tanto, al poder.

Ello nos advierte sobre la siempre presente animalidad humana, el espíritu de manada, el correr hacia donde todos corren, que fácilmente puede destruir lo logrado en el proceso de civilización. Aspecto entendible en el ciudadano del común, pero absolutamente censurable en quienes se presentan como los llamados a construir una Colombia lejos de los fanatismos de los extremos políticos.

Pero el extremo centro no deja de sorprendernos. Ahora que la Contraloría se apresta a formular cargos por responsabilidad fiscal en contra del exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo por sus actuaciones en el proyecto de Hidroituango, la bancada verde, la de los cartelitos contra Santrich, sale a reclamar el respeto a la presunción de inocencia y al debido proceso, ¡¡¡se acordaron del Estado de derecho!!! Como diciendo: para Fajardo aplicación de derechos liberales, y para Santrich, víctima de un montaje orquestado por el fiscal general, condena inmediata y la hoguera.

Adenda. Con la misma ineptitud que el gobierno de Duque ha manejado la pandemia, de igual manera será conducida la gestión de la vacunación. Hasta el momento no hay planes concretos para vacunar a los colombianos, y seremos de los últimos países en hacerlo.

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