¿Cuál es la obsesión de Duque con Santrich?

“No es común que un todopoderoso mandamás baje de su pedestal para cazar pelea con un súbdito suyo, igualándolo o igualándose a él, menos si este no tiene con qué defenderse”

Por: Ignacio coral
Junio 17, 2019
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¿Cuál es la obsesión de Duque con Santrich?

Es increíble, sorprendente e irrepetible la manera en la que el presidente se ha tomado el nombre de un ciudadano, exguerrillero inerme, además de ciego y de repeso antipático, como su enemigo central; botín de una guerra perdida que por lo mismo hay que andar mostrando por aquí y por allá, insultándolo, enrostrándole toda clase de epítetos descalificativos y condenándolo sin que la justicia lo haya hecho todavía.

El presidente Duque no pierde ocasión ni evento para referirse a Jesús Santrich como “el mafioso, narcotraficante, delincuente extraditable”. Es una idea fija, es como un karma que pesa en su cabeza, no lo deja tranquilo y por supuesto no lo deja gobernar, ni cómo puede y quiere ni menos como es debido hacerlo y le corresponde. En cualquier parte o cualquiera ocasión en la que haya alguien que lo oiga, el excelentísimo señor presidente sin parar mente a la grandeza de su cargo, tal vez porque aún no se lo cree o porque no lo han dejado percibirlo, levanta la voz y a la par exalta a su enemigo, así sea insultándolo, repitiendo una y otra vez su cantinela del “mafioso, narcotraficante, delincuente extraditable Jesús Santrich”.

Alguna explicación ha de tener el hecho. No ha sido común en la historia de los pueblos ver que un todopoderoso mandamás baje de su pedestal para cazar pelea con un súbdito suyo, igualándolo o igualándose a él, menos si este no tiene con qué defenderse o atacar. Peor si es ciego. Tal vez lo hizo el emperador Calígula en la arena del coliseo romano, con un gladiador apropiadamente armado y según el cine, que no Suetonio, salió derrotado. Pero Ivancito, “ese buen muchacho que no ha hecho nada” según el Caracalla de Trump, lo hace a diario como gran acto de gobierno. ¡Qué tal esta patria nuestra!

Sí, tiene que haber una explicación. Pues bien. Aquí se trata nada menos que de tapar el desenfoque y fracaso del gobierno uribista que designó como su portaestandarte a Duque. Hasta ahora no ha dado pie con bola y el inventario de errores y desaciertos lo han hecho personalidades que tienen por qué saberlo, tal es el caso del mencionado Trump y el Gerente del Banco de la República, por referir un solo compatriota de los muchos que hablan igual lenguaje. Ese fracaso hay que taparlo y esconderlo. Que la gente oiga, mire, vea solamente que Santrich es un “mafioso, narcotraficante, delincuente extraditable” que ni la JEP, ni la Corte Suprema, ni la justicia colombiana en general, quieren extraditar ni condenar. Y eso hay que repetirlo una y otra vez y machacarlo en las entendederas de los uribestias ante todo, en las semivacías de los añorantes de la mermelada y por qué no, en las escasas de algunos contradictores del gobierno. Al parecer el objetivo está consiguiéndose cuando vergonzantes cartelitos de los parlamentarios verdes dicen: “Paz sí, Santrich no.”

“Esta es la consigna” dicen Uribe y su camarilla desternillándose de risa y mandan a un sacamicas oportunista, de esos que bailan al son de la plata, a que empiece a recoger firmas para un referéndum que acabará con la JEP, sacará a los actuales magistrados de las Cortes y el Consejo de Estado, desconocerá y hará por fin trizas el acuerdo de paz y le asegurará de una vez por todas la impunidad a Uribe. Este, de mano prestidigitadora, cabeza mañosa y cínica, con un corazón desbordante de odio, oportunamente abrirá su carta final que es la de acabar con la no reelección y volver al solio presidencial. Amanecerá y veremos…

Entre tanto, Duque quiere hacer algo para ser recordado en la historia patria, así sea la boba de hoy. Va a continuar repitiendo aquello de “Santrich mafioso, narcotraficante, delincuente extraditable,” hasta lograr que la Real Academia de la Lengua, acoja el verbo santrichizar, tal cual acogió el cantinflear. Claro que mientras este significa “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”, aquel significará, “hablar de forma disparatada e incongruente y para engañar a todos”.

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