Con tanta desigualdad y exclusión hacia la mujer, reclamar inclusión en el lenguaje no es un tema menor

A propósito del fallo que obliga a la Alcaldía de Bogotá a usar lenguaje incluyente y a cambiar su eslogan por "Bogotá mejor para todos y para todas"

Por: EVA MARÍA RODRÍGUEZ DÍAS
diciembre 14, 2017
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Con tanta desigualdad y exclusión hacia la mujer, reclamar inclusión en el lenguaje no es un tema menor

La reciente decisión de la Corte Constitucional en la que ordena a la Alcaldía Mayor de Bogotá cambiar su lema a "Bogotá mejor para todos y todas" ha generado todo tipo de reacciones en favor y en contra. También, de manera popular, la creatividad ha suscitado comentarios, chistes, ridiculizaciones, expresiones, etc. Incluso la revista Semana reaccionó reviviendo un artículo de Héctor Abad, publicado en 2006, que se titula: ¿Colombianos y colombianas, ridículos y ridículas? No recuerdo haber leído este artículo en 2006, pero lo he leído el día de hoy. Dice Héctor Abad que es una respuesta a un artículo de Florence Thomas en el que lo cita.

Por su puesto a mí no me cita el señor Abad en su columna, ya quisiera yo, pero leerlo, la mañana de hoy, me ha incitado a una reflexión: el lenguaje crea cultura, pensamientos, imaginarios, decisiones y un sinnúmero de comportamientos en una colectividad humana. Y es que el lenguaje se refiere a la manera como nos expresamos los seres, la manera como expresamos nuestros pensamientos, sentimientos, ideas y creencias. Es la manera como nos referimos hacia un tema, una persona, un asunto...

(1) El lenguaje no es la gramática, pues la gramática se compone de una serie de reglas creadas para indicar cómo usar las palabras y organizarlas en una oración, la gramática se encarga de la sintaxis y de la morfología. Sin lugar a dudas, la gramática es distinta en cada idioma: por ejemplo, en inglés, "the" se usa con woman o man, y con the child (siendo child niño o niña), igual para the children (los niños o las niñas) porque así como el inglés no distingue entre masculino y femenino, salvo cuando existen las palabras distintas como en los casos: wife/husband, man/woman, wife/wives, entre otros; en muchos casos tampoco distingue entre plural y singular (the car/the cars; the man/the men, the wife/the vives, ...). Así que comparar la gramática castellana con la del inglés o la del alemán, o la arabe, o la china (en la que cada palabra cambia radicalmente, hay una para niña y otra muy distinta para niño, o una para esposo y otra muy distinta para esposa) no tiene caso, ni es argumento.

(2) En un planeta y un país en el que ha existido y existe tanta desigualdad y exclusión hacia la mujer, reclamar inclusión en el lenguaje: esa forma de referirnos hacia algo o alguien; esa manera de transmitir cultura y conocimiento, esa manera como generamos y expresamos decisiones ... no es un tema menor. En un país en el que las mujeres fuimos reconocidas como ciudadanas hace 73 años (en 1954 porque antes la ciudadanía era de nuestro padre o de nuestro esposo: hija de... o esposa de...), y con capacidad de voto hace 70 (1957); pensar en la manera cómo hablamos y construimos lenguaje político, social, de derechos no es un asunto que deba ser limitado o regido por la gramática, de ninguna manera. Este es un asunto de lenguaje: de la forma como construimos discursos, como hilamos palabras y frases, de sentidos y contenidos, de ideas y pensamientos.

(3) El reclamo de las mujeres, no de las feministas, se concentra radicalmente en el escenario del lenguaje político y de derechos, principalmente. No es gratuito que los cargos públicos para las mujeres solo se hayan creado hasta hace poco más de dos décadas (A propósito de la novela La Cacica, ¿por qué el presidente López no la nombró gobernadora de Cesar, sino agregada cultural en Valencia España? No es porque la quisiera mucho, es por lo que se le hubiera armado en el Caribe y en todo el país por darle igual o mayor poder a una mujer que a un hombre). No es gratuito que en Colombia casi el 80% de la propiedad rural se concentre en manos masculinas, que las mujeres accedan a menos del 6% de los créditos agrarios y a menos del 10% de los subsidios rurales: porque el campo es de hombres. Tampoco es gratuito que cada tres días ocurra un feminicidio en el país, ni que el madresolterismo sea superior al 60%, no nada de esto es gratuito.

(4) Y hemos ido cambiando: la Constitución de 1991 a diferencia de la de 1886 hace referencia a ciudadanos, personas, pueblos étnicos, niños, y así se decidió porque en 1991 fue evidente que éramos una nación pluriétnica, plutricultural, que debía garantizar inclusión e igualdad. Sí el lenguaje y la tradición oral crean cultura, pensamiento y comportamiento, y hasta ahora tenemos mucho que corregir en materia de inclusión, reconocimiento y garantía de derechos para las mujeres. Igual, la ley es incluyente y es para todas las personas, entonces ¿por cuál razón hay leyes específicas para mujeres para que accedamos a la educación, a la salud, a la participación, a la propiedad, etc? Vivimos un momento crítico en nuestra historia nacional y si crear un lenguaje incluyente que se refiera a hombres y mujeres, a ellas y ellos, a ciudadanos y ciudadanas, a niños y niñas, ... es reduntante, altisonante, agotador, retórico, o como lo quieran juzgar; es, por encima de todo muy necesario.

Si se han promulgado leyes específicas para las mujeres porque estamos siendo excluidas, ¿por qué sobra que nos mencionen cuando debemos ser mencionadas al lado de..., de manera distinta a..., en relación con...? ¿En realidad sobra? Yo digo no sobra, al contrario, hace falta, así como han hecho falta leyes específicas para garantizar derechos a las mujeres que nos han sido negados en las leyes que están hechas para todos, pero al parecer no para todas.

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