Opinión

Con los pelos “standing on end”

¡Trumppp! La mitad del país está con los pelos de punta. Tiene motivos. Pero, ¿a qué se dedicaban, durante las votaciones, los miles que han salido a protestar en Nueva York y Washington?

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Enero 26, 2017
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Así como hay gente a la que le gustan los toros, los bluyines rotos o la remolacha, también la hay a la que le guste Trump. (Los humanos somos así).

Por algo ganó.

Si no gracias al voto popular, sí al de la clase media blanca norteamericana que curiosamente se sintió representada por un multimillonario que la ignora y salió a respaldarlo en estados decisivos para que el voto electoral lo catapultara a la presidencia. (God save America y a los demás).

Una cucharada de Putin, otra de Maduro, un tris de Erdogan, una pizca de Jong-un, y gotas de Duterte –por hablar sólo de algunos manodura conocidos-, mezcladas con una taza de caprichos de niño rico al que apenas le faltaba la Sala Oval para completar una Toy Story  a la medida, y ahí tienen el resultado: un pato enorme inflado con hormonas; digo, con millones.

¡Trumppp!, se escuchó como un trueno de esos que anuncian tempestad y a renglón seguido el rayo cayó en plenos jardines de la Casa Blanca, con todo y su corbata larga, su copetón amarillo, su mueca de desprecio, sus múltiples negocios que no resisten análisis, su alergia a los inmigrantes y a las minorías, su predisposición a las torturas y a los ataques nucleares, su manzanillismo político, su mujer florero (inmigrante por la pica), su caballerosidad para sostener a las señoras por el trasero antes de que se caigan, su vida de reality show, su obsesión por levantar muros donde antes había puentes, su ombligo enorme que le impide ver más allá y que se traduce en el regresivo America first…

Nacionalismo, populismo y autoritarismo puros y duros. El nuevo estilo de gobierno con el que un míster que no ha dado muestras de ser muy equilibrado pretende seguir equilibrando el orden mundial. (Alguien ocioso se puede preguntar: ¿caerá, por primera vez en la historia, un mandatario norteamericano?)

Ay, la que se avecina. (Si a uno de los amigos más ecuánimes, cívicos y educados que tengo –el de mostrar- le oí decir en una reunión que lo mejor de la era Trump era que podía desatar una Tercera Guerra y que eso era justo lo que necesitaba el mundo para frenar tanto desorden, qué esperanzas. Creí haber escuchado mal, pero no; lo repitió. Todavía estoy en shock).

 

Por lo pronto un cambio inminente en la geopolítica:
China asumirá gustosa el liderazgo Pacífico que,
por orden ejecutiva, acaba de tirar por la ventana el recién llegado

 

Por lo pronto un cambio inminente en la geopolítica: China asumirá gustosa el liderazgo Pacífico que, por orden ejecutiva, acaba de tirar por la ventana el recién llegado convencido como parece estar de que Estados Unidos se maneja igual que un casino de Las Vegas. (¡Shit!). Si se pone a torear al gigante asiático –ya lo está haciendo en el terreno comercial, al menos- podría saltar arroz al zarzo y salpicar al planeta entero. Good bye libre mercado que desde ahora “americano compra americano”.

(Esperemos a que se digne dirigir sus ojos hacia Colombia y hablamos).

La mitad del país –de la aldea global que quiere borrar- está con los pelos standing on end (de punta) que llaman los gringos. Tiene motivos. Pero, ¿a qué menesteres se dedicaban, durante las jornadas de votaciones, las miles de personas que han salido a protestar a las calles de Nueva York y Washington?

Es que cuatro años, aunque se dicen pronto, pueden transcurrir muy, muy lento. La prensa lo advirtió, pero su influencia –allá y aquí- se ha disminuido a rangos históricos por cuenta de las redes sociales. (Dadme una cuenta de twitter y moveré el mundo, sería hoy día la máxima de Arquímedes). De ahí la cosa. Como ganó a pesar de ella…, la trata ahora como le da la gana. Y la gana suya suele ser de mala pinta. Sobre todo porque no sabe perder y tanto las críticas como las lisonjas le pegan fuerte al ego que lo mantiene a diez centímetros del suelo.

Las fotos que divulgaron los medios mostrando la diferencia en la cantidad de asistentes a la posesión suya y a la de Obama, en las que se evidencia que los segundos duplicaron a los primeros, fueron suficiente para que Mr. President declarara la “guerra” a los periodistas por ser “las personas más deshonestas del mundo”. Y de inmediato mandara a su recién estrenado Goebbles a que dijera que no solo era falso lo que mostraban las imágenes aéreas, sino que “esta fue la audiencia más grande en asistir a la investidura de un presidente, y punto”.

Qué vergüenza y qué miedo. La verdad no es la que se ve y se vive sino la que el jefe ordene. Y punto.

Le cayó la roya al país de las libertades.

ETCÉTERA: Buenísima y confiable la fuente que aseguró a Gaviria que Obama perdonaría a Simón Trinidad. Con razón se tragó la lengua.

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