Colombia y su pasividad política

La privatización de la educación superior, la municipalización de la educación básica y la liquidación del movimiento sindical son algunas razones

Por: Henry Gonzalez Ortiz
enero 10, 2018
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Colombia y su pasividad política
Foto Cortesía talentochocoano.com vía Murcy Fotografía

No hace mucho llegaron las noticias desde el sur del continente: miles de argentinos se aglomeraban a las puertas del Congreso Nacional para tratar de impedir la aprobación de una ley que cambiaría radicalmente la situación de los pensionados de ese país. Multitud, protesta, la fuerza pública. ¡Todo fue un caos! Los argentinos protestan en defensa de sus derechos.

¿Por qué no vemos eso en Colombia? ¿Cuál es la razón de fondo de tanta pasividad política de nuestros ciudadanos ante atropellos de toda índole por parte del establecimiento? Estas y otras incógnitas tienen que ser resueltas para entender la falta de deseos de las mayorías de protestar en favor de sus intereses.

Algunos amigos cercanos venezolanos me advierten de la posible caída de Colombia en el castrochavismo y yo les aseguro que acá eso no pasará. ¿Y cuál es la razón de mi inveterado optimismo? Simple y llanamente que estoy convencido de que nuestra clase dirigente es muy inteligente y proactiva, les digo.

Lo que vemos hoy en el campo de las protestas legítimas de los colombianos viene siendo preparado por nuestra dirigencia desde los 70. Durante los 60 y 70 la base del movimiento de protesta en el país eran los estudiantes universitarios de las universidades públicas, mayorías en aquellos tiempos. ¿Cómo neutralizaron esas protestas? Facilito: privatizando la educación superior en el país y paralizando el desarrollo de la educación superior pública. Fue la época en que proliferaron en el país las llamadas universidades de garaje que hoy son los grandes centros educativos privados. Según ASCUN, cuenta con 83 asociados de los cuales 49 son universidades privadas y 34 públicas; misión de la educación superior en Colombia: preparar a los estudiantes para la vida laboral, acabando con las asignaturas “relleno” (llámese humanidades). Este proceso lo llamó acertadamente el filósofo español Savater como la preparación y lanzamiento al mundo de empleados y no de ciudadanos. Sí, no estamos preparando ciudadanos para la convivencia en sociedad. Estamos preparando empleados que simplemente salgan a buscar trabajo y no se interesen por más nada. Si a la privatización de la educación superior se le suma la municipalización de la educación primaria y secundaria se consolida la neutralización de las protestas del movimiento estudiantil nacional, transformando, de paso, a FECODE en un monstruo de papel.

El segundo eslabón de la base de las protestas en el país era el movimiento sindical. El movimiento sindical contaba con fuerza suficiente como para paralizar el país. El histórico paro nacional del 14 de septiembre de 1977, convocado por las cuatro centrales obreras de entonces la UTC, la CTC, CSTC y la CGT, fue un duro campanazo que retumbó en los tímpanos del establecimiento y cuya respuesta primaria fue una brutal represión mediante el “estatuto de seguridad” del cuatrienio Turbay Ayala.

Había que neutralizar de alguna forma al sindicalismo radical. Esa tarea le fue encomendada y muy bien realizada por  el expresidente César Gaviria Trujillo. El neoliberalismo, a través de la apertura económica, aterrizó en el país con todo su equipaje. Escollo a salvar: eliminar los sindicatos. ¿Y cómo se hizo? Privatizando todas las empresas que el estado poseía y por sustracción de materia y otorgando dádivas a la dirigencia sindical corrupta (altas pensiones, etc.) desparecieron las empresas y los sindicatos de TELECOM, ADPOSTAL, INRAVISION, PUERTOS DE COLOMBIA, debilitamiento de la USO y un largo etc. La fresa grande que coronó el postre de la sepultura del movimiento sindical fue la tercerización laboral o las tristemente conocidas bolsas de empleo: explotación salvaje de la mano de obra nacional.

La privatización de la educación superior, la municipalización de la educación básica y la liquidación del movimiento sindical son las bases sólidas sobre la cual descansa la pasividad política de los nacidos en estas tierras de Macondo. El establecimiento no se ha quedado allí. A través de la prensa escrita, radio y TV ha seguido manipulando las mentes de los ya adultos y sobre todo de los jóvenes para que dirijan sus energías y desencantos hacia cosas más banales como la moda, las fiestas, los juernes, los viernes culturales, el fútbol colombiano, la Selección Colombia o la lucha constante entre el Real Madrid y el Barcelona. Ni hablar de las narconovelas y las novelas biográficas de personajes que poco o nada aportan a la vida diaria y desarrollo de los colombianos.

Deberíamos mirar con más frecuencia hacia el sur y aprender de los australes sobre cómo tenemos que defender nuestros derechos fundamentales.

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